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Entrevistas de Bebés y niños
Pepa Horno

Pepa Horno

Psicóloga experta en el desarrollo afectivo de niños y adolescentes, y autora de 'Educando la alegría'
“Debemos convertir la alegría en una opción consciente, algo que cultivemos de forma sistemática en nuestras vidas para brindar a los niños, niñas y adolescentes la fortaleza emocional que les permita afrontar el dolor y el miedo cuando lleguen”

Pepa Horno, psicóloga especializada en el desarrollo afectivo de niños y adolescentes, y en la prevención y erradicación de la violencia contra la infancia, nos propone en su nuevo libro 'Educando la alegría' (Declée De Brouwer, 2017), cultivar la alegría e inculcársela a los niños, tanto en el hogar como en el ámbito escolar porque, como explica, esta emoción no siempre surge de manera espontánea, sino que se trata de una opción que podemos elegir conscientemente como adultos, y que constituye uno de los motores básicos del desarrollo infantil, que permitirá a nuestros hijos afrontar con fortaleza el dolor y el miedo cuando lleguen. La autora nos ofrece las claves de para ‘educar en la alegría', que implica necesariamente “la consciencia y el autocuidado de quien cría o educa” porque “no es posible educar bien sin estar bien”.

Educando la alegría

Tu libro se titula 'Educando la alegría' pero, ¿qué debemos entender por ‘alegría’? ¿Cómo la defines?

La alegría es una emoción que surge cuando uno vive algo que le gusta, que le hace sentir bien y vivo. Es uno de los motores básicos del desarrollo: es uno de los motores del crecimiento, de la exploración y el movimiento, del acercamiento a otras personas, de la intimidad y de la resiliencia.

La llegada de un hijo se planea –al menos en los países desarrollados– y es algo deseado desde antes de la concepción. ¿Por qué entonces es necesario escribir un libro que enseñe a cultivar la alegría en la educación infantil? ¿No vienen esos bebés ya 'con la alegría debajo del brazo'?

Tendemos a pensar que la alegría no se puede cultivar, ni educar, que es algo que surge espontáneo, que te llega, que no puedes dirigir…, pero no es así. Justamente el objetivo del libro es convertir la alegría en una opción consciente, en algo que cultivemos de forma sistemática en nuestras vidas para brindar a los niños, niñas y adolescentes la fortaleza emocional que les permita afrontar el dolor y el miedo cuando lleguen. Los bebés traen una serie de capacidades que se desarrollarán en función del ambiente donde vivan, y por eso los adultos que críen o eduquen a un niño deben cultivar y elegir la alegría para ese entorno de crianza.

Los bebés traen una serie de capacidades que se desarrollarán en función del ambiente donde vivan, y por eso los adultos que críen o eduquen a un niño deben cultivar y elegir la alegría para ese entorno de crianza

¿Cuáles son las claves de ese educar con alegría que propones en tu libro?

El más importante es la consciencia y el autocuidado de quien cría o educa; no es posible educar bien sin estar bien. Debemos convertir aquellos valores que queramos para nuestros niños y niñas en vivencias cotidianas que ellos incorporen casi sin darse cuenta. Y luego están tres elementos esenciales en la educación infantil, y que son: el movimiento físico, porque una educación sedentaria dificulta la alegría, y los niños y niñas deben moverse en los hogares y en las escuelas; la música y el baile, que deben estar presentes en la vida cotidiana de todos los menores, y la luz, porque es fundamental que los niños y niñas estén en espacios luminosos y al aire libre, y que tengan contacto con la naturaleza, que les permitirá el desarrollo de su consciencia corporal.

Es fundamental que los niños y niñas estén en espacios luminosos y al aire libre, y que tengan contacto con la naturaleza

Dices que “educar implica dar raíces, pero también alas”. ¿A partir de qué edad y cómo hay que fomentar la independencia en los niños?

La autonomía es el fin último del desarrollo. Pero ser autónomo no es ser independiente, no es no necesitar, sino al contrario. Una persona logra ser autónoma cuando se conoce lo suficiente para reconocer su vulnerabilidad, su debilidad, y, cuando la siente, tiene una red a la que pedir ayuda. Las bases de la autonomía son la consciencia interna y la red afectiva, y ambas cosas se cultivan de forma gradual desde el comienzo de la vida. En la medida que yo ayudo a un bebé a ser consciente de sus necesidades y aprender a expresarlas, le estoy haciendo autónomo. Y esas necesidades son las que le impulsarán conforme vaya creciendo a buscar y pedir grados mayores de autonomía.

Las bases de la autonomía son la consciencia interna y la red afectiva, y ambas se cultivan de forma gradual desde el comienzo de la vida

La importancia de criar en red y de la alegría en el ámbito escolar

Cuando hablas del autocuidado de quienes educan, adviertes de que “no se puede lograr que un niño esté alegre si los adultos a su alrededor están tristes, asustados, o sobrepasados por el agotamiento”. ¿Qué consejos les darías a los padres que atraviesan graves dificultades económicas o una situación de duelo, para que esto no afectara a sus hijos?

Hay dos claves fundamentales en estos casos. Primero, que los padres aprendan a pedir ayuda. Es necesario criar en red, y no sólo por la ayuda logística, sino, sobre todo, para afrontar mejor estas situaciones, para que cuando los adultos responsables de los niños y niñas se encuentren mal, cuenten con otros adultos que les apoyen a ellos y a los menores; y por eso también una de las claves para que una escuela funcione bien es que el personal docente actúe como un equipo, como un espacio de autocuidado y de apoyo.

Es necesario criar en red, y que cuando los adultos responsables de los niños y niñas se encuentren mal, cuenten con otros adultos que les apoyen a ellos y a los menores

La segunda clave es la compasión. Uno no educa en lo que hace un día, sino en lo que hace la mayor parte de los días, así que tener un día malo no es un problema, es lo normal. El problema se produce cuando esos días malos son la mayoría. Todos tenemos y pasamos por malos momentos, lo importante es ser consciente de ello para poder transmitir a nuestros hijos que lo que sucede no tiene que ver con ellos, sino con nosotros mismos, porque si no –sobre todo si son muy pequeños– llegarán a sentirse culpables de lo que pasa.

¿Qué actitudes de los maestros y qué actividades son las más apropiadas para educar en la alegría en el ámbito escolar?

En este aspecto no hay diferencia entre el hogar, el centro educativo, o el centro de protección de menores. Las mismas estrategias sirven para los tres entornos. Se trata de trabajar la consciencia corporal de los niños y niñas (movimiento físico, baile, educación física etcétera), trabajar la conexión con sus emociones (expresión emocional, teatro, asambleas, ruedas de emociones…), y fortalecer al máximo la música y el arte en el ámbito escolar, además de diseñar los espacios físicos en la escuela que sean luminosos, abiertos, e introducir actividades en la naturaleza regulares, no ocasionales, a lo largo del año. Salir al parque de al lado de la escuela, que haya árboles en el patio (no se trata de prohibirles escalar, sino de enseñarles a hacerlo con seguridad), o hacer excursiones, deben ser contemplados como elementos del proyecto educativo del centro.

Si el niño no se ha educado en la alegría…, ¿es posible recuperar el tiempo perdido en la adolescencia?

En la adolescencia, en la adultez, y en la ancianidad. Esto no es algo que acabe, siempre se pueden conquistar espacios internos de vida. Lo único que hay que tener en cuenta es que conforme avanzan los años somos menos maleables, nos cuestan más los cambios y nos dan más miedo. Pero posible lo es siempre.

Vivimos en un mundo que inculca miedo constantemente. Y el miedo lleva a la parálisis

Y en el caso de un adulto al que hayan educado sin alegría, ¿es posible que él o ella aprenda a transmitir alegría a sus hijos?

Cultivar la alegría es una opción. Y de adultos, al ser autónomos, tenemos la capacidad de elegirla. El problema es que vivimos en un mundo que inculca miedo constantemente. Se habla de lo mal que va el mundo, de lo horrible que es todo, de la gran cantidad de peligros que nos acechan… Se inculca miedo. Y el miedo lleva a la parálisis. Y cuando te acostumbras a vivir en esa parálisis, romperla cuesta, pero sigue habiendo un margen de libertad real dentro de cada uno de nosotros.

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