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Entrevistas de Bebés y niños
Alba Castellví

Alba Castellví

Educadora, socióloga y mediadora experta en niños y adolescentes, autora de 'Educar sin gritar' y 'Una cesta de cerezas'
“Los niños aprenden de lo que nosotros hacemos, no de lo que les decimos que hay que hacer. En la medida en que exigimos las cosas a gritos, ellos lo aprenderán de nosotros”

Para Alba Castellví, educadora, socióloga y mediadora de conflictos especializada en niños y adolescentes, el ejemplo que le damos a nuestros hijos es fundamental no sólo para su educación, sino para construir la manera en la que ellos mismos educarán a su propia descendencia. Y no es fácil, en una sociedad vertiginosa y estresada en la que –dice– “no tenemos tiempo para la reflexión”, y menos aún cuando la “infoxicación” en torno a la crianza y la educación domina nuestras vidas. Autora de 'Educar sin gritar' (Lectio, 2016), en el que ya ofrecía consejos para educar a los niños de manera tranquila, consecuente, y sin necesidad de elevar el tono de voz, acaba de lanzar 'Una cesta de cerezas' (timunmas, 2017), un libro de cuentos con un formato muy útil para las familias, porque además de la historia en cuestión contiene una guía para los padres con reflexiones e ideas para trabajar diversos aspectos de la crianza y educación con los hijos. Propuestas útiles que nos invitan a plantearnos cómo lo estamos haciendo, qué podríamos hacer para mejorar, y qué herramientas tenemos a nuestro alcance para ello. Herramientas para crecer; ellos y nosotros, porque, como afirma la autora, “cuando acompañamos a nuestros hijos en el camino de crecer, crecemos nosotros casi tanto como ellos”.

Una cesta de cerezas

No sé si exagero al decir que somos la generación de padres con más información a nuestro alcance de la historia, pero quizás esa “infoxicación” nos hace estar más inseguros de nuestras decisiones y acciones en la crianza. Pese a tener más información, ¿es la educación de los hijos un gran reto para los padres en la actualidad?

Creo que educar es hoy en día más difícil que nunca. Y eso, a pesar de la ingente cantidad de información disponible, o en parte a causa de ello. Hay tantas tendencias, tantas opiniones, tantas 'escuelas de pensamiento', que acabamos por poner en duda que nuestro sentido común y nuestra intuición son, la mayoría de las veces, lo que mejor nos puede guiar. Es importante recuperar la idea de que, si nos paramos a pensar sobre quiénes somos, quiénes queremos ser, y cuáles son nuestros valores profundos, podemos educar de forma sensata. Pero, atención, hay que pararse a pensar. Para pensar hay que parar; la reflexión ha de ser pausada, y las prisas de la vida actual en sociedades como la nuestra impiden muchas veces el reposo necesario para la reflexión. Es entonces cuando actuamos como no debemos, lo cual nos frustra porque no obtenemos los resultados deseados, y acabamos por sentirnos totalmente inseguros de los pasos que damos.

Hay tantas tendencias, tantas opiniones, tantas 'escuelas de pensamiento', que acabamos por poner en duda que nuestro sentido común y nuestra intuición suelen ser lo que mejor nos puede guiar en la educación de los hijos

El prestigioso pediatra Carlos González decía en una entrevista que nuestros padres “nos marcan” y que pasamos el resto de nuestras vidas “con ellos”, o “contra ellos”. ¿Esto influye en cómo abordamos la educación de nuestros hijos?

Sí, influye. Aprendemos de nuestros padres y madres sus estrategias educativas, y cuando educamos a nuestros propios hijos a menudo tendemos a reproducirlas. Dicho esto, se deriva de aquí una afirmación que va más allá, y que da que pensar: nuestra responsabilidad como padres es mayúscula, pues del mismo modo que educamos a nuestros hijos, les damos un ejemplo que ellos tenderán a reproducir con los suyos.

Por qué no debemos gritar a los hijos

Eres autora de 'Educar sin gritar', un “manual” para facilitar a los padres la crianza y la educación de los hijos, y en alguna ocasión has dicho que antes de gritar a nuestro hijo lo mejor es encerrarnos en una habitación. ¿Somos, en general, unos padres gritones?

Educar sin gritar

En general somos una cultura gritona. Y como padres lo somos aún más porque no conocemos las herramientas que nos permiten conseguir que los niños hagan “lo que deben” sin tener que levantar la voz. La buena noticia es que estas herramientas están ahí, y se pueden aprender a utilizar. De eso trata el libro 'Educar sin gritar'.

Voy a hacerte la pregunta del millón. ¿Por qué no debemos gritar a nuestros hijos?

Por dos motivos. El primero: los niños aprenden de lo que nosotros hacemos, no de lo que les decimos que hay que hacer. En la medida en que exigimos las cosas a gritos, ellos lo aprenderán de nosotros. El segundo motivo ya no se refiere a los niños, sino a nosotros los padres, y tiene que ver con nuestro bienestar. A pocos les gusta pegar gritos para que sus hijos se comporten adecuadamente. Lo más habitual es que cuando tenemos que chillar nos sintamos tensionados y enfadados. Por lo tanto, en la medida en que conseguimos gritar menos, nos vamos a sentir mejor.

Habrá quien diga aquello de “A mí me pegaron o me gritaron y tan mal no he salido”. ¿Qué les dirías?

Que, si no les hubieran gritado, él o ella sabría cómo relacionarse mejor con sus hijos sin gritar.

Del mismo modo que educamos a nuestros hijos, les damos un ejemplo que ellos tenderán a reproducir con los suyos

Alimentar la autonomía de los niños es fundamental

¿Cómo influye no darles a los niños autonomía y dejar que resuelvan sus problemas por sí mismos en el desarrollo de su personalidad?

Menos autonomía de pequeños implica menos capacidades de mayores. Implica también menos autoestima, puesto que la autoestima se funda en base a pequeños éxitos que uno logra por sí mismo.

Creo que educar es hoy en día más difícil que nunca. Y eso, a pesar de la ingente cantidad de información disponible, o en parte a causa de ello

¿Tendemos los padres a la sobreprotección?

Ilustración libro una cesta de cerezas
Ilustración de Albert Arrayás. ©

Algunos no, otros sí. En nuestras sociedades occidentales del primer mundo, tendemos a sobreproteger cada vez más. Una buena muestra de ello a nivel social y comunitario son los acolchados de los parques infantiles. Una muestra más familiar es la dedicación que muestran los padres a los problemas de sus hijos con otros chicos y chicas, algo que a menudo se acaba convirtiendo en un problema entre adultos.

¿Hasta qué punto dirías que es importante decir “no” a nuestros hijos?

Es sumamente importante. La vida comporta frustraciones y habrá que saberlas aceptar. Además, los niños que casi nunca reciben un no por respuesta tienen peores relaciones con sus iguales, y poco a poco se acrecienta en ellos una insaciabilidad que les lleva a no sentirse casi nunca satisfechos con lo que tienen.

Cuentos para guiar a los padres en la crianza

Acabas de publicar 'Una cesta de cerezas' (timunmas), un libro que contiene cuentos con un formato muy útil para las familias, ya que incluye una guía para los padres con reflexiones e ideas para trabajar el tema de cada cuento con los hijos. ¿Cómo surge la idea?

Escribí el libro de cuentos después de escribir el libro para padres 'Educar sin gritar', para que estos mismos padres dispusieran de una herramienta educativa que les permitiera reflexionar, junto a sus hijos, sobre aspectos fundamentales de la educación. Me propuse divertir a los niños con historias que fueran más o menos realistas, más o menos fantasiosas, pero con las que todos se pudieran identificar. Quise escribir sobre personajes que podrían ser cualquiera de nuestros hijos, y hacerles protagonistas de narraciones que se asemejan a las vivencias que tienen los niños de hoy en día.

Los niños que casi nunca reciben un no por respuesta tienen peores relaciones con sus iguales

Sin embargo, para mí era importante que hubiera historia, que sucediera algo importante en cada cuento; quería evitar que mis textos fueran únicamente una descripción anecdótica. Me gustan los relatos donde sucede algo, y donde aquello que sucede transforma al protagonista. En los cuentos de 'Una cesta de cerezas' los protagonistas aprenden y crecen gracias a las experiencias que viven en los cuentos. El propósito de mi trabajo fue que nuestros hijos pudieran reflexionar sobre sí mismos y sus actitudes gracias a ellos.

Me llama la atención que en todos y cada uno de los siete cuentos se hace una alusión a las cerezas. ¿Tiene algún significado?

Personalmente las cerezas me encantan, y creo que a la mayoría de las personas nos gustan. ¿Alguien no es feliz cuando le regalan una cesta de cerezas? ¿Verdad que sí? Las cerezas son algo que asocio a la felicidad y, en cierto modo, también a la infancia. Recuerdo llevarlas como pendientes cuando era pequeña, algo que también le gusta hacer a Greta, la protagonista de un cuento sobre las travesuras y sus consecuencias.

El hecho de cuestionarse cómo es su práctica educativa ya es, en sí mismo, un indicativo de que están en el buen camino

El hecho de que en los demás cuentos las cerezas aparezcan de forma muy discreta, casi inapreciable, invita al juego de encontrarlas esparcidas por aquí y por allí. El ilustrador, Albert Arrayàs, también enamorado de las cerezas y su tierno color rojo, ha sabido darles un bonito lugar en cada uno de los cuentos. ¡Los niños podrán disfrutar localizándolas, tanto en los textos, como en las ilustraciones!

Por añadidura, las cerezas son fruta de temporada: no las tenemos todo el año, así que hay que esperar para poderlas disfrutar.

Ilustración libro una cesta de cerezas
Ilustraciones de Albert Arrayás para el libro 'Una cesta de cerezas'. ©

Siete cuentos para crecer”… Los niños, pero me da la sensación de que también los adultos. ¿Dirías que la maternidad y paternidad también nos permite crecer a los adultos?

Sin ningún género de dudas. Cuando acompañamos a nuestros hijos en el camino de crecer, crecemos nosotros casi tanto como ellos. Nos planteamos cuestiones que hasta ese momento no habían sido importantes, o no lo habían sido tanto, revisamos algunas de nuestras creencias, cambiamos de opinión acerca de cuestiones que siempre nos había parecido tener claras.

Cuando acompañamos a nuestros hijos en el camino de crecer desarrollamos algunas capacidades al máximo nivel, como la paciencia, la tolerancia y la imaginación

Además, ponemos en juego habilidades que, a veces, ni siquiera sabíamos que teníamos, y desarrollamos algunas capacidades a nuestro máximo nivel, como la paciencia, la tolerancia y la imaginación. Entramos en relación con contextos y personas que hasta nuestra paternidad o maternidad nos resultaban lejanos, aprendemos sobre el ser humano y sobre nosotros mismos, construimos redes sociales alrededor de nuestros hijos, consolidamos nuestra propia familia, lideramos un proyecto propio en equipo… Educar es, sin duda alguna, crecer.

¿Qué le dirías a unos padres que andan perdidos en la educación de sus hijos y sienten que todo lo están haciendo mal?

Les diría que, desde el momento en que se plantean cómo lo están haciendo, esta actitud ya demuestra que no todo lo están haciendo mal. El hecho de cuestionarse cómo es su práctica educativa ya es, en sí mismo, un indicativo de que están en el buen camino, porque existe en ellos la sensibilidad que les llevó a plantearse si las cosas son mejorables. A continuación, les diría que se relajen y que elijan un aspecto, uno sólo, en el que quieran mejorar. Y que tomen como modelo a otros padres que ellos crean que lo están haciendo bien para poderles imitar. Y, si no consiguen una mejora significativa, que busquen ayuda. En mi consulta muchas familias reconducen algunos comportamientos que le permiten a padres e hijos vivir de forma mucho más armónica. Ah, y los libros 'Educar sin gritar' y 'Una cesta de cerezas'… ¡les podrán ayudar!

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