El infarto de miocardio es una urgencia médica. Es muy importante el tiempo que transcurre desde que aparece la clínica hasta que el paciente recibe la asistencia médica necesaria. Cada minuto que pasa va a determinar el pronóstico del enfermo. Dentro del tratamiento del infarto de miocardio, la primera medida, y más importante de todas, es el traslado urgente del paciente al hospital.

La mortalidad por infarto durante el primer mes del episodio es de un 30%; la mitad de los fallecimientos ocurren en las dos primeras horas, generalmente por trastornos del ritmo cardiaco, y antes de haber recibido asistencia médica. Sin embargo, en los pacientes ingresados, las muertes (7-12%) suelen deberse a insuficiencia cardíaca (muere una parte importante del corazón y este deja de funcionar bien) y a la rotura cardiaca.

En las personas infectadas por el coronavirus SARS-CoV-2 la mortalidad por un infarto de miocardio puede multiplicarse por cinco, según un estudio realizado por el Grupo de Trabajo de Código Infarto de la Asociación de Cardiología Intervencionista de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), que se publico en EuroIntervention en noviembre de 2020.

La evolución y pronóstico de los pacientes infartados depende de la cantidad de tejido cardiaco que ha resultado lesionado. Así, si la zona afectada es pequeña, y no se altera el funcionamiento eléctrico del corazón, las posibilidades de sobrevivir son mayores. Pese a ser un problema grave, hoy en día el infarto de miocardio tiene una supervivencia de más del 60%.

Creado: 31 de mayo de 2011

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