Premio Nobel de Medicina 2023 a Kerikó y Weissman por la vacuna del COVID

La Academia sueca ha concedido a Katalin Kerikó y Drew Weissman el Premio Nobel de Medicina 2023 por sus descubrimientos sobre las modificaciones en el ARN que han hecho posible el desarrollo de las vacunas ARN mensajero contra el COVID-19.
Katalin Kerikó y Drew Weissman

Ill. Niklas Elmehed © Nobel Prize Outreach

02/10/2023

Katalín Karikó y Drew Weissman han ganado el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2023 por sus descubrimientos, que han servido para desarrollar las vacunas ARN mensajero contra el COVID-19 de Moderna y Pfizer/BioNtech, según ha informado hoy la Academia sueca. El trabajo realizado durante 40 años por la bioquímica húngara Katalin Karikó ha resultado clave para el desarrollo de estos fármacos, y Drew Weissman colaboró con ella para hacer posibles las terapias a partir del ARN mensajero. Las vacunas de Pfizer o Moderna no existirían sin su aportación.

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El jurado de la Academia sueca ha destacado: que este galardón se concede a Karikó y Wiessman “por sus descubrimientos sobre modificaciones de bases de nucleósidos que permitieron el desarrollo de vacunas de ARNm eficaces contra el COVID-19”, y añade que: “Los descubrimientos de los dos premios Nobel fueron fundamentales para desarrollar vacunas de ARNm en contra de la COVID-19 durante la pandemia que comenzó a principios de 2020. A través de sus descubrimientos innovadores, que han cambiado fundamentalmente nuestra comprensión de cómo interactúa el ARNm con nuestro sistema inmunológico, los galardonados contribuyeron a una tasa sin precedentes de desarrollo de vacunas durante una de las mayores amenazas a la salud humana en los tiempos modernos”.

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Ambos científicos recibieron el premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA en 2022 por las mismas investigaciones, y en 2021 también formaron parte de los distinguidos con los premios Princesa de Asturias. Sin embargo, las primeras investigaciones de Karikó fueron rechazadas, y lo mismo le ocurrió a Weissman. De hecho, en una entrevista con el diario El País en diciembre de 2020, Karikó afirmó que nadie la apoyó para realizar vacunas y terapias basadas en la molécula del ARN y que “recibía una carta de rechazo tras otra de instituciones y compañías farmacéuticas cuando les pedía dinero para desarrollar esta idea”.

Las vacunas ARN mensajero demostraron su potencial

“En nuestras células, la información genética codificada en el ADN se transfiere al ARN mensajero (ARNm), que se utiliza como plantilla para la producción de proteínas”, explican desde la Academia Sueca. En la década de los 90, Karikó planteó la idea de utilizar ese mensajero como terapia para curar a los enfermos. La hipótesis de la científica era que, si se introdujese en las células de los pacientes el trozo adecuado de ARN, estas producirían la proteína ausente que provoca una anemia o generarían una respuesta inmunitaria frente a una infección, o incluso para combatir el cáncer. El inmunólogo Drew Weissman, por su parte, quería desarrollar vacunas más eficaces y también creía que esta molécula podía resultar útil para conseguirlo.

“Karikó y Weissman descubrieron que haciendo pequeñas modificaciones en la composición del ARNm disminuía la reactogenicidad y la inflamación y las vacunas de ARNm empezaron a poder aplicarse a seres humanos”

Ambos científicos empezaron a colaborar “centrándose en cómo los diferentes tipos de ARN interactúan con el sistema inmunológico”. Los primeros resultados de sus investigaciones se publicaron en 2005 –20 años antes de la pandemia por COVID– y mostraron que “la respuesta inflamatoria casi fue abolida cuando se incluyeron modificaciones de bases en el ARNm”. Posteriormente, demostraron que “las modificaciones de las bases reducían las respuestas inflamatorias y aumentaban la producción de proteínas”, lo que significa que “habían eliminado obstáculos críticos en el camino hacia las aplicaciones clínicas del ARNm”.

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El interés en la tecnología de ARNm comenzó a aumentar y, en 2010, varias empresas estaban trabajando en su desarrollo. Cuando se desencadenó la pandemia de COVID-19, se desarrollaron a un ritmo récord dos vacunas de ARNm con bases modificadas que codifican la proteína de superficie del SARS-CoV-2, que fueron aprobadas en diciembre de 2020. Esta tecnología se podrá utilizar para elaborar vacunas contra otras enfermedades infecciosas y, a más largo plazo, se podría emplear para “administrar proteínas terapéuticas y tratar algunos tipos de cáncer”, concluyen los expertos de la Academia sueca.

Una tecnología que ha salvado millones de vidas

Carlos Briones, Doctor en Bioquímica y Biología Molecular, investigador del CSIC en el Centro de Astrobiología, donde dirige un grupo que investiga sobre el origen y la evolución temprana de la vida y el mundo ARN, explica en declaraciones a SMC España que la aportación de estos científicos “fue esencial para la producción de las vacunas más eficientes frente al SARS-CoV-2 durante la pandemia de covid-19 (las comercializadas por BioNTech/Pfizer y Moderna), y su uso sin duda ha salvado millones de vidas en todo el mundo. Además, esta misma metodología está siendo utilizada para el desarrollo de vacunas frente a otros patógenos, y en el tratamiento de diferentes enfermedades”.

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“Se trata de un premio más que merecido, por el que este año había apostado y que me alegra especialmente. Además, el galardón vuelve a destacar la relación que existe entre la investigación básica y sus aplicaciones biotecnológicas, y subraya la importancia que el ARN (biomolécula intermediaria entre el ADN y las proteínas en todas nuestras células) ha tenido en la biología desde que comenzó la vida en la Tierra, hace unos 3.800 millones de años”.

En opinión de José Gómez Rial, inmunólogo del Hospital Clínico Universitario de Santiago, Las primeras vacunas ARNm, con la formulación sin modificar, resultaban altamente reactogénicas, con producción de gran cantidad de efectos secundarios inflamatorios a nivel local que hacía su uso impensable en seres humanos. Fueron los trabajos de Karikó y Weissman los que descubrieron que haciendo pequeñas modificaciones en la composición del ARNm (cambio de un Uridina por un pseudo-Uridina en la formulación de los nucleósidos que conforman la molécula del ARNm) disminuía la reactogenicidad y la inflamación, desaparecían los efectos secundarios locales y las vacunas de ARNm empezaron a poder aplicarse a seres humanos”.

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“El trabajo de Weissmann y Karikó, académico, impecable, elegante, centrado en una pregunta de investigación básica, literalmente, ha salvado la vida a millones de personas. Como dice el poema de José Angel Valente No sabemos hasta dónde o hasta cuándo, puede alcanzar una palabra, en este caso, un trabajo de investigación”, concluye José Alcamí, virólogo, director de la Unidad de Inmunopatología del SIDA (Instituto de Salud Carlos III) e investigador principal del estudio sobre pautas heterólogas CombivacS.

Actualizado: 2 de octubre de 2023

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