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El hipo

El hipo es un sonido inspiratorio consecuencia de la contracción brusca, involuntaria e intermitente del diafragma y músculos inspiratorios. Es un problema común, pero molesto. Conoce cómo detenerlo.
Escrito por Eva Salabert, periodista experta en salud
Mujer con hipo
El hipo, molesto y repetitivo, se genera en el diafragma.

El hipo, que en medicina se denomina singulto, consiste en un sonido inspiratorio que se produce como consecuencia de la contracción brusca, involuntaria, e intermitente del diafragma (un músculo que se encuentra en la base de los pulmones) que hace que la epiglotis se cierre, provocando el típico sonido hic.

El hipo, que suele comenzar sin razón aparente y generalmente desaparece en pocos minutos, puede afectar a personas de todas las edades; de hecho, hasta los fetos pueden tener hipo, y es muy común en los bebés hasta los seis meses de edad, lo que suele preocupar a los padres primerizos.

Si dura menos de 48 hortas se considera ataque de hipo o hipo recurrente, se denomina persistente si dura más de 48 horas pero menos de un mes, y se diagnostica como refractario o rebelde si se mantiene durante más de un mes, en cuyo caso es necesario consultar al médico para que investigue sus posibles causas.

¿Por qué tenemos hipo?

El diafragma desciende cuando inhalamos para que los pulmones se llenen de aire, y sube cuando exhalamos para facilitar la salida de aire de los pulmones. Cuando este mecanismo se altera y el diafragma sube o baja antes de lo normal, la respiración se hace diferente, provocando el hipo.

El hipo suele ser un trastorno pasajero y benigno, que apenas dura unos minutos y se resuelve espontáneamente, pero en casos excepcionales puede durar días, semanas, o meses, convirtiéndose entonces en hipo refractario o rebelde, que necesita atención médica porque puede tener su origen en alteraciones gástricas, torácicas, metabólicas o neurológicas, e incluso ser un síntoma de enfermedades como úlcera de estómago, esofagitis o pancreatitis, entre otras.

Algunas posibles causas del hipo son:

  • Comer en exceso o muy rápido.
  • Ingerir bebidas carbonatadas.
  • Consumir alcohol o tabaco.
  • Irritación del diafragma.
  • Alteraciones del estómago.
  • Estados de nerviosismo o excitación.
  • Cirugía abdominal.
  • Consumir alimentos o líquidos picantes o muy condimentados.
  • Padecer cualquier enfermedad o trastorno que irrite los nervios que controlan el diafragma.

Cómo detener el hipo

No existen medidas específicas ni demostradas científicamente para frenar el hipo, y lo que para algunas personas resulta efectivo, a otros no les ayuda en absoluto, pero algunas sugerencias que podrías probar son:

  • Tomar un vaso de agua fría.
  • Beber agua agachando el cuerpo hacia delante.
  • Aguantar la respiración y espirar después lentamente, repitiendo varias veces el proceso.
  • Tomar una cucharada de azúcar.
  • Respirar repetidamente dentro de una bolsa de papel.
  • Tomar una cucharadita de limón o un poco de vinagre.
  • Que te den un susto cuando te encuentres desprevenido (aunque esto puede no ser recomendable para algunas personas, y no se debe hacer con los niños).
  • Medicamentos (solo se deben administrar en caso de hipo persistente y bajo prescripción médica).

El hipo en los bebés

En el caso de los bebés, los expertos explican que no hay remedios para detener el hipo y hay que esperar pacientemente a que se les pase de forma espontánea. Se considera inofensivo para los pequeños, pero si el niño tiene ataques de hipo frecuentes o muy prolongados (media hora o más) es conveniente consultar con el pediatra para descartar que se trate de algún problema de tipo digestivo, respiratorio o neurológico.

Curiosamente, en el caso de los neonatos el hipo podría cumplir una función, ya que un estudio realizado por científicos del Departamento de Investigación en Neurociencia, Fisiología y Farmacología del University College de Londres (UCL) descubrió que cada vez que un recién nacido tiene hipo se desencadena una gran oleada de señales cerebrales que podrían ayudar a que el bebé aprenda a regular su respiración.

La investigación, publicada en Clinical Neurophysiology, incluyó a 13 bebés recién nacidos que tenían hipo persistente. Los niños eran tanto prematuros como nacidos a término –con una edad gestacional de entre 30 y 42 semanas– y se les realizaron electroencefalogramas para registrar su actividad cerebral, colocándoles electrodos en el cuero cabelludo.

Los investigadores comprobaron que las contracciones de los músculos del diafragma a consecuencia del hipo provocaban una intensa respuesta en el cortex del cerebro, en concreto, dos grandes ondas cerebrales seguidas por una tercera. Como la tercera onda cerebral es similar a la que genera un sonido, esto permitiría que el cerebro del neonato relacionara el sonido del hipo con la sensación de la contracción muscular del diafragma.
Según el Dr. Lorenzo Fabrizi, autor principal del trabajo, el hipo podría estar ayudando al cerebro del bebé a aprender a controlar los músculos respiratorios, ya que la respiración puede ser controlada voluntariamente con el movimiento ascendente y descendente del diafragma. Este experto añade que cuando nacemos los circuitos que procesan las sensaciones corporales no están completamente desarrollados, por lo que la creación de estas conexiones es clave en el correcto desarrollo de los recién nacidos.
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Actualizado: 18 de noviembre de 2019

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