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En función de los signos y síntomas que predominen en el paciente y de la forma en que estos se manifiesten, la esquizofrenia puede ser de los siguientes tipos:

  • Paranoide: alteraciones del pensamiento y la percepción, con delirios y alucinaciones. Son frecuentes los delirios de celos o de persecución. El paciente escucha voces irreales que le ordenan. Es el tipo de esquizofrenia más frecuente.
  • Hebefrénica: alteraciones emocionales con manifestaciones afectivas extrañas e inapropiadas. También se conoce como esquizofrenia desorganizada, por caracterizarse por un pensamiento y un lenguaje muy desorganizado y repetitivo.
  • Catatónica: afecta principalmente a la actividad motora habitual del paciente con estupor (disminución de las actividades intelectuales con aire de ausencia o indiferencia) o agitación. Pueden permanecer horas con actitudes rígidas o pasar a un grado de excitación intensa.
  • Simple: afecta a la voluntad y la personalidad con retraimiento, ideas pobres y disminución de los impulsos.
  • Depresión postesquizofrénica: es una forma de depresión que sucede a raíz de un brote esquizofrénico, donde pueden permanecer síntomas de éste, pero no ser predominantes.
  • Esquizofrenia residual: suele ser equivalente a la fase estable después de haber padecido varios brotes agudos, predominando síntomas negativos como inhibición de la conducta, con deterioro de la imagen en cuanto a higiene o comportamiento social.
  • Esquizofrenia indiferenciada: es una forma indiferenciada, pues cumple los criterios de la enfermedad, pero no se distingue ningún subtipo en base a sus síntomas.

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