La insulina se puede almacenar sin refrigeración incluso si hace calor

Almacenar la insulina a temperaturas de entre 25ºC y 37ºC, sin refrigerar, no afecta a su eficacia ni a su estabilidad, lo que evitaría a las personas con diabetes de países cálidos y sin frigorífico tener que acudir al hospital para recibir sus dosis diarias.
Escrito por: Eva Salabert

04/02/2021

La insulina resiste el calor (25-37ºC)

La diabetes se debe a una disfución del páncreas que al no producir insulina, o no hacerlo en cantidad suficiente, provoca elevados niveles de azúcar en sangre que pueden tener consecuencias muy graves, desde coma o ceguera, a la amputación de un miembro, o incluso la muerte. En la actualidad esta enfermedad metabólica se puede controlar adecuadamente, pero algunos pacientes necesitan un tratamiento con inyecciones de insulina, una sustancia que ayuda a que el azúcar que aportan los alimentos que ingerimos se introduzca en las células del organismo para que estas la aprovechen en forma de energía, y evitar así que se acumule en la sangre.

Los pacientes con diabetes tipo 1 (y también muchos con diabetes tipo 2) tienen que inyectarse varias dosis de insulina a diario, que afecta a su alimentación y a su actividad física; además, necesitan disponer de suplementos de insulina, que según los protocolos farmacéuticos debe mantener la cadena de frío desde su producción hasta que sea inyectada. Sin embargo, en algunas zonas del planeta, como ocurre en el África subsahariana, no todas las personas tienen un refrigerador, por lo que los diabéticos se ven obligados a ir al hospital para recibir sus dosis diarias.

“Los protocolos farmacéuticos actuales indican que los viales de insulina se almacenen entre 2ºC y 8ºC hasta que sean abiertos”

Para tratar de solventar este problema la organización sin ánimo de lucro Médicos sin Fronteras (MSF) en colaboración con la Universidad de Ginebra (UNIGE), en Suiza, ha probado a almacenar insulina en condiciones reales, es decir, a temperaturas que oscilan entre los 25ºC y los 37ºC, durante cuatro semanas –que es el tiempo que tarda por lo general un diabético en terminar un vial de insulina–, y han demostrado que almacenar la insulina a estas temperaturas no afecta a su eficacia y que su estabilidad es la misma que presenta cuando se almacena en frío.

Estos hallazgos, que se han publicado en PLOS ONE, permitirán que las persnas con diabetes puedan controlar su enfermedad sin tener que acudir a un hospital varias veces al día. Philippa Boulle, asesora de enfermedades notransmisibles de MSF, ha explicado que “los protocolos farmacéuticos actuales indican que los viales de insulina se almacenen entre 2ºC y 8ºC hasta que sean abiertos, y después la mayoría de la insulina humana se puede almacenar a 25ºC durante cuatro semanas”. “Esto –añade– es obviamente un inconveniente en los campos de refugiados donde las temperaturas son superiores a esta y donde las familias carecen de refrigeradores”. En estos casos, las personas con diabetes no tienen más remedio que viajar a un hospital cada día para recibir sus inyecciones de insulina, lo que les puede impedir trabajar u obligarles a recorrer largas distancias.

Almacenar la insulina en condiciones de la vida real

En el campo de refugiados Dagahaley del norte de Kenya el equipo de MSF encontró que la temperatura en el interior de los hogares fluctuaba entre los 25ºC por la noche y los 37ºC durante el día. Los investigadores reprodujeron con exactitud estas condiciones en el laboratorio donde probaron el almacenamiento de insulina.

Leonardo Scapozza, profesor de la Escuela de Ciencias Farmacéuticas de la Facultad de Ciencias de la UNIGE, ha explicado que analizaron los viales de Dagahaley mantenidos a dichas temperaturas durante cuatro semanas tras su apertura, comparándolos con los que se habían mantenido refrigerados también tras ser abiertos y durante el mismo periodo de tiempo. El equipo de la UNIGE empleó cromatografía líquida de alto rendimiento para analizar la insulina.

Las preparaciones de insulina almacenadas a temperaturas cálidas y fluctuantes registraron una pérdida de eficacia del 1%, lo mismo que la insulina almacenada en frío

Según Scapozza “el riesgo es que la insulina –una proteína– se precipite bajo la influencia del calor. Es decir, que empezaría a formar copos, y si no se mantiene en forma de solución no es posible inyectarla”. Los resultados del estudio, sin embargo, mostraron que las preparaciones de insulina almacenadas a temperaturas fluctuantes como las que se encontraron en el campo de refugiados, registraron una pérdida de eficacia de tan solo el 1%, lo mismo que sucedió con la insulina que se mantuvo almacenada en frío durante esas cuatro semanas. “La regulación sobre las preparaciones farmacéuticas –dice Scapozza– permite una pérdida de hasta el 5%, por lo que la detectada es inferior”.

Lo más importante es que los científicos de la UNIGE también comprobaron que la actividad de la insulina se mantenía intacta. Para confirmarlo, probaron la acción de las proteínas de la insulina en las células y la compararon con la de otra insulina que había sido desactivada intencionadamente, y estudiaron también los viales de insulina procedentes del campo Dagahaley, “llegando siempre a la misma conclusión: la insulina era perfectamente útil”, afirma el Professor Scapozza.

Este estudio científico ha demostrado por primera vez que los viales de insulina pueden ser usados durante cuatro semanas sin ser refrigerados, incluso si la temperatura ambiente es calurosa, un hallazgo que puede cambiar la vida cotidiana de miles de personas que residen en zonas con bajos recursos económicos, y contribuir a que sean capaces de controlar mejor su enfermedad administrándose ellos mismos su tratamiento y puedan llevar una vida normal y trabajar.

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