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Entrevistas de Bebés y niños
Entrevista Dra. Aránzazu Ortiz Villalobos, psiquiatra infantil

Dra. Aránzazu Ortiz Villalobos

Psiquiatra de niños y adolescentes del Hospital La Paz
“Los niños no son adultos en pequeño, sino que tienen características propias”

Dra. Aránzazu Ortiz es experta en psiquiatría infantil.

Datos de la Sociedad Española de Psiquiatría revelan que el 20% de los niños y adolescentes padecen algún tipo de trastorno mental. El autismo, el trastorno por déficit de atención, con o sin hiperactividad, la ansiedad o la anorexia, se encuentran entre los más frecuentes en estas etapas de la vida. En España, sin embargo, no existe actualmente una especialidad universitaria en psiquiatría infanto-juvenil, algo que tanto los profesionales de la medicina, como las asociaciones de pacientes y las sociedades científicas llevan años reclamando. La Dra. Aranzazu Ortiz, psiquiatra de niños y adolescentes del Hospital Universitario La Paz, en Madrid, afirma que la mayoría de los profesionales españoles que atienden a niños y adolescentes se han formado específicamente para ello, pero por su cuenta, “en vez de con un sistema uniforme a nivel nacional y equiparable al del resto de los países de la Unión Europea”, y explica las características del diagnóstico y tratamiento de las patologías mentales en la infancia y adolescencia.

¿Cuáles son los trastornos psiquiátricos más frecuentes que sufren los niños y adolescentes que acuden a la unidad de psiquiatría del Hospital La Paz?

En nuestro equipo realizamos atención tanto en consulta externa como en interconsulta. Los trastornos más habituales en consulta externa son los trastornos del espectro autista, el TDAH, los trastornos de conducta alimentaria y los trastornos ansiosos y depresivos.

La atención al niño y adolescente exige contar también con su entorno; esto requiere que tanto en la evaluación del niño como en el tratamiento, participen los padres y la escuela

En Interconsulta atendemos las necesidades de los niños hospitalizados y sus familias.En estos casos los diagnósticos más frecuentes serían los trastornos de adaptación, tanto a la enfermedad como a las consecuencias de ésta, que son la hospitalización y los procedimientos diagnósticos o terapéuticos, que se manifiestan con síntomas depresivos, ansiosos o conductuales, tanto en el niño como en sus familiares.

Por otro lado, se llevan a cabo programas más específicos como parte integrante de equipos multidisciplinares con otros especialistas del hospital. En este caso la atención abarca desde la participación con el Servicio de Neonatología en la atención a los grandes prematuros, como con los Servicios de Nefrología y Hepatología para los trasplantes de donante vivo y diálisis renal, la Unidad de Dolor Pediátrico, el Programa de Cirugía Bariátrica, Oncología, Cuidados Intensivos Pediátricos y Medicina del Adolescente.

¿En qué se diferencia el tratamiento de los menores del que recibe un adulto con el mismo problema?

La atención al niño y adolescente exige contar también con su entorno; lo más próximo son los padres, pero también tendremos en cuenta a la escuela. Esto requiere que tanto en la evaluación del niño, como en el tratamiento, participen los padres y la escuela, como mínimo. Otra diferencia importante es que según el saber científico actual, en la mayoría de los casos la primera herramienta terapéutica indicada es la psicoterapia y no los psicofármacos. También los distingue el hecho de que el adulto suele acudir a iniciativa propia a tratamiento, pero el niño suele ser llevado a instancias de los padres o la escuela, y muchas veces nos dicen en la primera consulta que no saben por qué vienen.

¿Hay patologías psiquiátricas específicas que solo se den en la infancia y adolescencia o que en estas etapas de la vida tengan unas características totalmente diferentes?

Dado que el niño, a medida que crece, experimenta cambios muy importantes tanto a nivel físico como mental, necesariamente los trastornos y sus síntomas estarán mediados por la etapa y nivel de desarrollo en la que se manifiesten. Esto determina que las mismas categorías diagnósticas de los adultos se expresen con diferentes síntomas en los niños, y con síntomas más parecidos en los adolescentes. Aun así, los profesionales que nos dedicamos a la infancia y adolescencia atendemos trastornos que rara vez llegan a la consulta de los compañeros que atienden adultos, como son los trastornos del espectro autista o el TDAH.

La importancia de la prevención en salud mental

¿Qué signos o síntomas deben alertar a los padres de que su hijo podría tener un trastorno psiquiátrico?

Es difícil contestar esta pregunta porque sería muy amplio, sería como decir que deben consultar si su hijo/a no sigue un desarrollo adecuado a su edad, o hay síntomas que limitan las actividades cotidianas que realizaría cualquier niño a su edad, pero mantenido al menos tres meses. En ese caso, deberían contactar con la escuela para ver si esos signos y síntomas también se aprecian allí, y luego acudir a su pediatra. Entonces el pediatra decidirá si es necesario derivar a un especialista en el Centro de Salud Mental.

He leído que el 80% de los trastornos mentales que sufren los adultos comenzó antes de los 18 años y, según la Sociedad Española de Pediatría, el 20% de los niños y adolescentes tiene algún tipo de trastorno mental. Sin embargo, España es uno de los pocos países de la Unión Europea donde no existe la especialidad de psiquiatría infanto-juvenil. ¿Cree que es necesario que los profesionales que atiendan a estos pacientes se formen específicamente para ello?

De hecho, aunque la especialidad no esté reconocida en España, la mayoría de los profesionales españoles que ejercemos atendiendo a niños y a adolescentes nos hemos formado específicamente para ello, aunque a nuestro cargo y por nuestra cuenta, en vez de con un sistema uniforme a nivel nacional y equiparable al del resto de los países de la Unión Europea. De todos modos, creo que es necesario reconocer la especialidad en España para adecuarnos a los países de nuestro entorno, que son con quienes nos comparamos y, en cierto modo, sería una garantía para el paciente. Cuando un adulto va al médico, va a su médico de atención primaria, y si lleva a su hijo pequeño acude al pediatra. Sería similar en este caso.

Es necesario reconocer la especialidad de psiquiatría infanto-juvenil en España, para adecuarnos a los países de nuestro entorno, sería una garantía para el paciente

En general, un diagnóstico precoz mejora el pronóstico de cualquier patología porque permite iniciar antes el tratamiento; en el caso de las enfermedades psiquiátricas, ¿es posible curar alguna de ellas si se detecta durante la infancia?

Por desgracia, en los trastornos mentales graves todavía el saber científico no ha avanzado lo suficiente para curarlos, pero si se detectan tempranamente y se inician entonces las intervenciones terapéuticas mejora el pronóstico y el grado de autonomía e independencia que pueda alcanzar el individuo. En el caso de trastornos mentales leves, sí se podría hablar de cura y de intervenciones que eviten recaídas o secuelas a largo plazo.

¿Se puede hacer medicina preventiva en el ámbito de la salud mental?

Se debe hacer medicina preventiva en el ámbito de la salud mental, porque en ese caso sí podríamos hablar de evitar grandes perjuicios para la sociedad en diferentes aspectos como el social, el económico, el sanitario, etcétera. Que una sociedad invierta en medicina preventiva en este ámbito significa que estará disminuyendo el riesgo de fracaso escolar, de delincuencia, de bajas laborales, de deterioro grave en la salud de los individuos (también física no solo mental)…

Que una sociedad invierta en medicina preventiva en el ámbito de la salud mental significa que estará disminuyendo el riesgo de fracaso escolar, de delincuencia, de bajas laborales…

¿Cuáles son los principales avances que destacaría en el diagnóstico y tratamiento de los trastornos psiquiátricos en niños y adolescentes?

La especialidad de Psiquiatría del Niño y del Adolescente es relativamente reciente a nivel mundial. Esto significa que hasta hace poco había trastornos que no se creía que los padecieran los niños, y por eso no se atendían. Por lo tanto, el principal avance sería reconocer que los niños y adolescentes también pueden padecer trastornos en su salud mental que requieren ser diagnosticados y tratados específicamente. Otro gran avance es el de habernos dado cuenta que los niños no son adultos en pequeño, sino que tienen características propias. Por otro lado, añadiría el avance paulatino que se ha producido en la sensibilización y formación de los servicios públicos asociados (sociales, justicia, escolares).

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