Patricia Ramírez

Psicóloga y autora de ‘Somos fuerza. Cómo vencer la adversidad y superar todas las crisis'
La psicóloga y divulgadora Patricia Ramírez nos anima a descubrir nuestro potencial para afrontar las crisis, tanto personales como globales, como la pandemia de COVID-19, y a aprender de los errores y descubrir tus aptitudes.
Patricia Ramírez, psicóloga
“No nos damos cuenta de lo fuertes que somos hasta que no nos enfrentamos a esa adversidad o a esa necesidad de explorar nuevas formas de comportarnos, de pensar o de sentir”
Escrito por: Eva Salabert

27/04/2021

“La adversidad forma parte de la vida. Es más fácil aprender a convivir con ella que pretender evitarla” afirma Patricia Ramírez en su nuevo libro Somos fuerza, cómo vencer la adversidad y superar todas las crisis (Grijalbo, 2021). Psicóloga, escritora y divulgadora de éxito –en 2017 recibió el Premio del Colegio Oficial de Psicólogos de Andalucía Oriental a la mejor divulgadora en redes sociales, en las que cuenta con alrededor de 600.000 de seguidores–, es experta en temas como la actitud, la fuerza de voluntad, la capacidad de cambio, la confianza y la seguridad, el optimismo, el liderazgo o el trabajo en equipo, ha escrito 10 libros, entre ellos Así lideras, así compites (Conecta, 2015), Estrena optimismo (Grijalbo, 2018), y Diez maneras de cargarte tu relación de pareja (coescrito con Silvia Congost y publicado por Grijalbo en 2020), y es colaboradora habitual de radio, televisión y prensa, destacando su participación en el programa de TVE ‘Para todos la 2’, en el que habla sobre la psicología de la vida cotidiana. Patricia nos explica el potencial que tenemos los seres humanos a la hora de enfrentarnos a las dificultades y a las crisis, tanto a las personales, como a las que se derivan de problemas globales como la actual situación de pandemia por COVID-19, y nos dice qué hacer para motivarnos y confiar en nosotros mismos y cómo aprender de los errores y descubrir las aptitudes que todos llevamos dentro.


Psicóloga y autora de ‘Somos fuerza.

El subtítulo de tu libro ‘Somos fuerza’ reza ‘cómo vencer la adversidad y superar todas las crisis’. ¿Estamos capacitados los seres humanos para ello? Es decir, ¿lo traemos de serie, o es necesario entrenarlo?

Pues las dos cosas. Las personas somos biopsicosociales, tenemos una biología y una genética que nos diferencia. Hay gente que tiene una inteligencia distinta, unos talentos distintos, y genéticamente también tenemos vulnerabilidad a la ansiedad o a la extroversión. Y hay quien tiene más facilidad para afrontar las dificultades, pero gran parte depende del entorno en el que te has criado: si te han educado con una sana autoestima, si te han dado recursos, si te han enseñado a ser independiente, a salvar los obstáculos por ti mismo; o por el contrario te has criado en un entorno desfavorecido, o en el que te han sobreprotegido y te han impedido desarrollar esas herramientas.

Sea lo que sea, en cualquier momento de nuestra vida siempre podemos entrenar esa fortaleza que todos llevamos dentro, porque en gran parte son comportamientos psicológicos o formas de actuar que nos ayudan a sobreponernos a las circunstancias adversas.

Cuando tenemos una vida 'normal' y que 'funciona', y en la que no encontramos grandes obstáculos que salvar, vamos tirando con lo que tenemos, y hasta que no nos enfrentamos a esa adversidad, o a esa necesidad de explorar nuevas formas de comportarnos, de pensar o de sentir, a veces no nos damos cuenta de lo fuertes que somos. De hecho, hay mucha gente que después de atravesar una crisis durísima te dice: “en mi vida hubiese pensado que yo sería capaz de superar esto”.

¿Y cómo educar a nuestros hijos para que estén preparados, como dices, para afrontar las adversidades, en vez de tratar de ignorarlas o esquivarlas?

A los hijos hay que educarlos, primero, con muchísimo amor, porque hasta los límites que les ponemos se pueden poner desde el amor, desde el cariño y desde el respeto. Y luego hay que educarlos para que desarrollen una autoestima sana, o sea, que aprendan a creer en ellos, a tener seguridad en sí mismos, a tener confianza; y esto se genera cuando proyectamos en ellos una versión positiva. En lugar de estar todo el día criticando y corrigiendo, vamos a hacerles visibles cuáles son los valores, cuál es el esfuerzo que invierten, haciéndoles ver esos talentos y capacidades que ellos tienen.

No hay que decirles que son muy inteligentes ni muy guapos, porque eso son cualidades que las tienes, o no las tienes. Lo que hay que valorar es cómo se involucran ellos con la vida y destacar, por ejemplo, su gran capacidad de organización, lo mucho que se han esforzado, o qué bien han sabido priorizar las tareas; ese tipo de conductas que ellos pueden volver a reproducir en el caso de que lo necesiten.

Y luego también hay que apoyarles cuando se equivocan, ayudándoles a gestionar su fracaso, explicándoles que los fracasos forman parte de la vida, enseñándoles a ser creativos y a buscar soluciones… Realmente hay que dar mucho amor, no castigar, fomentar ser resolutivo y, sobre todo, no quitarles del camino las piedras que ellos se tienen que quitar solos. Nosotros no podemos dejar de proteger, porque los padres tenemos que dar protección y seguridad y esto es muy importante para que nuestros hijos se sientan seguros, pero no podemos realizar por ellos tareas que pueden resolver.

Superar la adversidad

Hay que ser conscientes de que nuestros hijos se van a encontrar una vida con unas reglas determinadas, que no coinciden con las reglas que tenemos en casa, y tenemos que educarlos para esas reglas de la vida, no para lo que ocurre en el ámbito del hogar.

¿Qué crees que nos está afectando más de la pandemia de coronavirus, su gravedad a nivel sanitario y económico, o la duración de la crisis y la incertidumbre de no saber cuándo terminará?

Todo. La esperanza, que es algo importantísimo, nos ayuda a mantenernos motivados e ilusionados, pero a medida que vemos que por mucha esperanza que tenemos la situación no termina de encauzarse nos agotamos emocionalmente. Yo creo que cuando a finales de diciembre vimos vacunarse a la primera persona fue como ¡por fin!, pero después nos damos cuenta de que aun con millones de personas vacunadas en España vuelve a repuntar otra vez el virus, y seguimos sin ver el final de la pandemia.

Gran parte de la capacidad para afrontar las dificultades depende del entorno en el que te has criado: si te han educado con una sana autoestima, si te han enseñado a ser independiente…

Esa incertidumbre provoca mucha desmotivación y, más que ansiedad, lo que genera es tristeza y apatía porque otra vez se truncan tus planes, no puedes ver a tus seres queridos, no puedes planificar unas vacaciones…, ves un poco el sufrimiento de los sanitarios, de la gente que está en primera línea, nos afecta la conducta irresponsable de los que montan fiestas ilegales… Y todo eso, de alguna manera, va minando nuestro estado de ánimo.

Durante la pandemia hemos tenido que cambiar nuestras rutinas. Aunque asociamos la palabra rutina con aburrimiento, en tu libro hablas de sus beneficios. ¿Ayuda también la rutina a superar los malos momentos? ¿En qué casos deja de ser nuestra aliada?

Yo creo que la rutina deja de ser nuestra aliada cuando nos lleva a perder espontaneidad, naturalidad y flexibilidad. Cuando tú te convences de que no te la puedes saltar, y si tu pareja te dice un día “mañana en lugar de salir a correr, vámonos los dos a caminar", te mantienes en que eso no es posible porque correr forma parte de tu rutina diaria. Cuando esa rutina te impide adaptarte a otros planes que pueden ser buenos parta ti, para la familia, para tu pareja, para los niños…, es negativa. Y cuando nos lleva a una vida aburrida en la que sabemos que siempre es lo mismo, en el mismo orden.

Pero la rutina también nos da seguridad, y nos da orden. De hecho, cuando llegó la pandemia y el confinamiento y dejamos de ir a trabajar y los niños se quedaron sin horarios hasta que todo se organizó con el colegio, estábamos un poco perdidos. ¿Y ahora a qué hora nos levantamos?, ¿cómo hacemos deporte?, ¿y a qué hora tenemos que comer, o irnos a la cama? Y ese estar perdido también genera ansiedad.

En cualquier momento de nuestra vida siempre podemos entrenar esa fortaleza que todos llevamos dentro

El hecho de hacer una serie de actividades durante el día a unos horarios determinados nos ayuda a ordenar nuestra jornada y nos proporciona seguridad, y en ese sentido las rutinas son positivas. Algunas las hemos perdido durante la pandemia, por ejemplo, igual uno se iba todos los fines de semana al pueblo a ver a sus padres ya ahora no puede hacerlo, y por eso conviene buscar otras actividades para sustituirlas. Podemos seguir con las antiguas rutinas que sean posibles y establecer otras nuevas y, por supuesto, dejar lugar para la flexibilidad y la espontaneidad, que también son muy importantes.

Cómo elaborar un plan para prevenir o superar las crisis

Al contrario de lo que a veces nos han dicho, tú afirmas que “por lo general, los errores, las crisis o los fracasos no nos proporcionan un aprendizaje. Nos dejan cicatrices”. Y pones muchos ejemplos de cómo tropezamos en la misma piedra una y otra vez. ¿Crees que tampoco vamos a aprender nada de esta pandemia?

Lo que digo en el libro es que a nosotros siempre nos han dicho: “bueno, si fracasas, algo aprenderás”, como si el fracaso implicase un aprendizaje de forma natural; y eso es lo que no comparto. El que tú hayas vivido un fracaso o una crisis no te proporciona un aprendizaje por el mero hecho de haber experimentado esa situación. Lo que nos genera un aprendizaje es tener un momento de reflexión, de conciencia, de inside, de observar qué ha pasado, en qué me he equivocado, o qué ha ocurrido aunque yo no tenga nada que ver. Y pensar qué puedo hacer para prevenir que vuelva a ocurrir, qué mecanismos puedo poner en marcha, qué puedo empezar a practicar o a cambiar de mi vida. Eso sí me da un aprendizaje.

En lugar de estar todo el día criticando y corrigiendo a nuestros hijos, hay que hacerles ver los talentos y capacidades que ellos tienen

Es decir, que en torno a lo que hemos vivido decidamos tomar una serie de medidas, elaboremos un plan para actuar. Pero solo por haber fracasado tú no aprendes. Durante un tiempo dices “ya, ya sé en qué me equivoqué”, pero eso no siempre nos lleva a “¿qué tengo que hacer ahora?”.

Nuestra manera de enfrentarnos al dolor, a la pérdida, a los problemas o a la propia aceptación de lo que no es recuperable, puede ser muy distinta si aprendemos a gestionar la adversidad desde la solución en lugar de sumirnos en el estado de 'draque' (drama y queja), afirmas. ¿Qué pautas deberíamos seguir para conseguirlo?

Creo que es normal que cuando uno está inmerso en una situación difícil al principio quiera quejarse; además, al verbalizar lo que estás viviendo el entorno te ayuda a verlo desde otra perspectiva. Pero no puedes quedarte en solo comentar lo que estás sufriendo sin hacer nada. Cuando una persona está viviendo una crisis, primero, si la crisis es 'injusta' (entre comillas), como por ejemplo que la han dejado a pesar de que ha sido una pareja maravillosa, o la han estafado porque ha confiado en las personas, se niega a aceptar que eso ha ocurrido en su vida, porque como lo considera injusto piensa que a través de la queja se va a solventar, y no es así.

Los padres tenemos que dar protección y seguridad a nuestros hijos, pero no podemos realizar por ellos tareas que ellos pueden resolver

El hecho de quejarte por algo injusto, o en lo que has tenido algo más de responsabilidad, no va a hacer que el problema se solucione o que la historia vaya hacia atrás y tú puedas corregirla. Por eso, una vez que te has desahogado durante un tiempo prudente, debes plantearte qué puedes cambiar de tu vida para mejorar tu estado de ánimo.

Entrevista a Patricia Ramírez: cómo vencer la adversidad

Primero tengo que aceptar que esto ha pasado y que la vida tiene estos momentos injustos. Aceptar significa que dejo de seguir criticando y lamentándome, y a partir de ahora decido qué hago. Y lo primero es el autocuidado: qué tengo que hacer para estar bien. Igual tengo que salir a correr, quedar con amigos, ir al cine, salir a pasear, comer bien, descansar, meditar…Trata de mejorar tu estado de ánimo, y a partir de ahí vamos a ver, dependiendo del problema, cómo solucionarlo. Si es algo que tengo que gestionar con los bancos, si tengo que consultar a un abogado, si necesito pedir ayuda para cuidar a mis hijos y buscar a una niñera, o contar con mis padres, o llamar a amigos, si tengo que cambiar de trabajo o reducirme la jornada laboral… Debo elaborar ese plan.

A medida que vemos que por mucha esperanza que tenemos la situación no termina de encauzarse nos agotamos emocionalmente

Pero el primer paso es la aceptación: esto ha ocurrido. Y después de un tiempo prudencial en el que puedo quejarme para desahogarme, no puedo seguir maldiciendo la vida y la gente por lo que me han hecho, ni machacándome a mí mismo si he sido yo el que me he equivocado, porque ninguna de las dos opciones me va a dar un futuro esperanzador, ni me va a aportar soluciones.

Dices que, en tu caso, primero entras en estado de shock, y luego empiezas a ver la crisis como una oportunidad para reinventarte. ¿Crees que la pandemia va a cambiar algunas cosas como el teletrabajo, el deseo de disfrutar de la naturaleza y de las cosas sencillas y vivir más en el presente…, o se nos va a olvidar pronto lo vivido?

En este caso ocurre como con los fracasos, la gente se preguntaba “¿la crisis nos hará mejores personas?”. Pues sí, y no; hay personase que por la simple experiencia de ver lo que ha ocurrido aprenden a disfrutar más de los momentos sencillos de la vida, o a valorar más el vínculo con sus hijos y a darse cuenta de que el trabajo no era tan importante como creían, y otras que tendrán que elaborar ese plan.

La rutina deja de ser nuestra aliada cuando nos lleva a perder espontaneidad, naturalidad y flexibilidad, pero también nos da seguridad y nos da orden

Algunos dirán “yo no quiero vivir en un piso tan pequeño porque me he dado cuenta de que necesito tener un jardín y voy a buscar un lugar fuera de la ciudad”. Y otros que digan "yo que iba como pollo sin cabeza a las actividades extraescolares de los niños, que atravesaba todo Madrid para ir a trabajar y volver, me he dado cuenta de que el teletrabajo es una buena opción y voy a plantearlo en mi empresa a ver cómo puedo compaginarlo a partir de ahora, o voy a cambiarme a una empresa donde me permitan trabajar desde casa”.

Yo creo que todo lo que hemos vivido con esta crisis sanitaria en la que también hemos podido disfrutar –porque ha habido muchas cosas que hemos sufrido, pero otras que las hemos disfrutado– tiene que llevarnos a tomar conciencia de cuál es la vida que queremos y los valores que queremos y con los que deseamos vivir, qué es lo importante ahora para nosotros, y empezar a cambiar las prioridades.

Afirmas que a veces no nos falta talento, sino que nos falta confianza. ¿Qué podemos hacer para mejorar la confianza en nosotros mismos y en nuestra capacidad para afrontar los problemas?

Un ejercicio sencillo es mirar atrás en el pasado y darnos cuenta de cómo hemos superado otros momentos complicados. Es decir, reflexionar sobre qué hemos hecho en otras ocasiones para sobreponernos a las dificultades, porque esas cosas se nos olvidan. Las personas somos muy conscientes de todo aquello que tenemos que mejorar y hacemos autocrítica, pero cuando hemos logrado éxitos –pequeños o grandes– se nos olvida la manera de conseguirlos, porque en nombre de la humildad no recapacitamos sobre aquello en lo que somos brillantes. Hay que prestar atención a eso, porque todos queremos sentirnos seguros y confiados, pero no todos dedicamos tiempo a conocer nuestra parte brillante, que es amplísima, porque todos tenemos competencias y somos brillantes, de una manera u otra, y pensar en ello mejora la confianza en nosotros mismos.

Ante una crisis, un ejercicio sencillo es mirar atrás en el pasado y reflexionar sobre qué hemos hecho en otras ocasiones para sobreponernos a las dificultades

La pandemia es una crisis enorme, pero todos vamos a tener crisis en la vida. Cuando vas por la calle y ves una familia feliz y tú estás en plena crisis, es frecuente pensar “ojalá estuviera en esa familia”, pero no sabes si esa familia tres meses atrás perdió el empleo, o se acaban de casar y los hijos son uno de cada uno…; es decir, que todos vamos a tener una crisis personal, familiar, con los amigos, con el trabajo…, y es muy positivo disponer de herramientas que nos ayuden a no sufrir tanto, que es lo que he pretendido aportar con mi libro.

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