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Clamidia
La clamidiasis es una enfermedad de transmisión sexual que a menudo no produce síntomas, aunque puede causar complicaciones graves. Aprende a identificar un contagio por Clamidia y evitar sus secuelas.
Escrito por Dra. Sari Arponen, Especialista en Medicina Interna y enfermedades infecciosas del Hospital Universitario de Torrejón

Qué es la infección por Clamidia

Actualizado: 23 de Noviembre de 2018

La clamidiasis es una enfermedad de transmisión sexual muy frecuente producida por una bacteria que se llama Chlamydia trachomatis. Se transmite de persona a persona en las relaciones sexuales tanto vaginales como orales o anales. Es muy frecuente que la persona infectada no tenga síntomas y que la infección pase desapercibida. El problema es que se contagia a otras personas aunque no produzca síntomas.

Se estima que hay más de 100 millones de personas en el mundo que sufren cada año clamidiasis. Se piensa que entre un 4-8% de las mujeres jóvenes sexualmente activas tienen clamidiasis, y hasta un 10% de los hombres sexualmente activos, sin presentar ningún tipo de síntoma. Es especialmente frecuente en personas que tienen múltiples parejas sexuales u otras enfermedades de transmisión sexual.

Aunque es muy frecuente que no cause ningún tipo de síntomas, cuando aparecen, pueden ser variados en el área genital: escozor al orinar, sensación de dolor en la parte baja del abdomen o la pelvis, inflamación del testículo en los hombres, y flujo vaginal anormal o coito doloroso en las mujeres. También puede afectar al recto, a la boca, la garganta o los ojos (en forma de conjuntivitis).

Si la infección por clamidia no se diagnostica ni se trata, puede provocar complicaciones y secuelas como la enfermedad inflamatoria en las mujeres, y a largo plazo infertilidad o embarazos ectópicos; las posibles secuelas que pueden aparecer en los hombres son la infertilidad y la prostatitis crónica.

Afortunadamente hay tratamientos antibióticos eficaces para la clamidia, que se puede diagnosticar de forma relativamente sencilla con unas cuantas preguntas sobre la salud sexual de la persona y sus síntomas, realizando posteriormente un análisis del exudado uretral o cervical. Además se pedirían análisis de sangre para comprobar que no haya presencia de otras enfermedades de transmisión sexual

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