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El diagnóstico de demencia es principalmente clínico: es fundamental que el médico elabore una completa historia clínica, e indague sobre los posibles antecedentes familiares.

La mayoría de las demencias se deben a procesos degenerativos, pero la pérdida de masa cerebral (atrofia cerebral) no es sinónimo de demencia.

Se han desarrollado muchos test para valorar el deterioro cognitivo, y actualmente el que más se usa es el minimental test, que de forma rápida permite valorar la memoria, la orientación temporo-espacial, el lenguaje, la escritura, la lectura, el cálculo, y las acciones visuoespaciales e ideomotoras. Se puntúa de 0 a 30 puntos, considerándose normal de 27 a 30 puntos, y demencia por debajo de los 24 puntos. Otro test empleado de similares características es el test de Montreal, con algo más de validez a la hora de evaluar estadios iniciales de la demencia.

La pérdida de memoria es el signo temprano más habitual, pero suele achacarse a la edad o se infravalora su importancia, por lo que desde el comienzo de los síntomas hasta que el paciente es diagnosticado a veces llegan a transcurrir hasta dos años. Los familiares suelen ser los primeros en detectar que existe un problema, por eso es recomendable que consulten con un especialista si observan algún comportamiento sospechoso en sus seres queridos.

Desde el punto de vista analítico, en el estudio de demencia está recomendado la determinación de los niveles de vitamina B12 y de hormonas tiroideas, con el fin de asegurar la detección de causas potencialmente tratables de demencia. En los casos en los que haya sospecha de haber tenido contacto con infecciones del tipo sífilis es recomendable la determinación de anticuerpos. Asimismo, cuando la persona con demencia sea menor de 65 años –forma atípica– se considerarán otras pruebas como la punción lumbar, serologías para algunas infecciones y el electroencefalograma.

Aunque en algunos casos de demencia alzhéimer se relaciona directamente la enfermedad con la expresión de apolipoproteina E en el alelo 4, su determinación no se puede realizar en todos los centros ni tampoco forma parte de una recomendación universal. Tan solo se determina en el seno de algunos ensayos científicos.

En otros casos puede ser recomendable la realización de pruebas de imagen. El TAC o la resonancia pueden tener utilidad sobre todo para descartar otras causas de demencia, por ejemplo tumores del lóbulo frontal, o infecciones o infartos cerebrales. Algunas más novedosas como el PET (tomografía por emisión de positrones) o el SPECT (tomografía por emisión de fotón único) aportan información en el caso de las demencias frontotemporales o aquellas por cuerpos de Lewy.

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