Cristina Gutiérrez Lestón

Educadora emocional, directora de La Granja Ability Training Center, divulgadora y autora de 'Crecer con valentía'
Los padres transmiten sus miedos a los hijos porque estos aprenden del ejemplo, afirma la experta en educación emocional Cristina Gutiérrez Lestón, que explica cómo evitarlo y enseñar a los niños a desarrollar todo su potencial.
Entrevista a Cristina Gutiérrez Lestón
“Nunca he visto tantos niños con tantos miedos, con tanta desconfianza, con tanta inseguridad y con tan baja autoestima como ahora”
Escrito por: Adrián Cordellat

30/01/2020

Cristina Gutiérrez Lestón lleva más de tres décadas de su vida dedicadas a los niños. Experta en educación emocional, dirige el proyecto La Granja Ability Training Center, con sedes en Barcelona y Madrid, cuyo método de trabajo basado en la educación emocional ha sido avalado científicamente por el Grup de Recerca de Orientació Psicopedagógica de la Universitat de Barcelona. Por sus instalaciones pasan cada año más de 18.000 niños y jóvenes, y también más de un millar de familias, así que sus percepciones son una radiografía muy certera de las madres, padres e hijos del siglo XXI. Dice que no ha visto a tantos niños con tantos miedos como ahora. Tampoco a tantos padres y madres educando desde el miedo. La ecuación no falla porque “los niños aprenden del ejemplo”. Ahora presenta Crecer con valentía (Grijalbo), un libro para que los padres logren que sus hijos conquisten sus miedos y desarrollen todo su potencial. Porque ser valiente no implica no tener miedo. Todo lo contrario. Esa fue la acertada conclusión a la que llegó un alumno de Cristina que se creía cobarde por temer a los caballos: la valentía es tener miedo y aun así subir al caballo.


Libro: Crecer con valentía

'Crecer con valentía', se titula tu nuevo libro. La pregunta es qué entiende Cristina Gutiérrez por valentía.

La valentía es una actitud que nos sirve para afrontar un miedo. Así de simple. De hecho la valentía es una actitud que nos ha ayudado a sobrevivir como especie. Gracias a la valentía estamos donde estamos, porque superar los miedos, esos que nos esperan detrás de cada esquina, es lo que necesitamos para seguir hacia adelante y para avanzar.

Reproduzco de forma literal una frase del libro: “hay dos tipos de padres: los que quieren tener los mejores hijos del mundo y los que quieren tener los mejores hijos para el mundo. Los primeros necesitarán ansiolíticos. Los segundos, valentía”. ¿De padres valientes, hijos valientes?

Por supuesto. Básicamente porque los niños aprenden del ejemplo. Y aunque muchas veces nos gustaría que los niños aprendiesen de lo que les decimos, ellos aprenden de nuestro ejemplo. Y si a ti, por ejemplo, te da miedo que tu hijo vaya a un campamento por si no le gusta la comida o te extraña por la noche, y no le apuntas por eso, el niño al final se acaba creyendo que no puede. Si, por el contrario, aunque a ti te dé miedo, crees en tu hijo y le dejas ir, estás cortando la transmisión del miedo, porque a medida que los niños van creciendo se van de alguna manera contagiando de nuestros miedos, ya sean estos grandes o pequeños.

En ese sentido, ¿dirías que los padres y madres de hoy somos más o menos valientes que en generaciones anteriores?

Llevo 37 años trabajando en la Granja Escuela de Barcelona, por la que pasan 18.000 niños cada año y unas 1.000 familias. Te puedo asegurar que nunca he visto tantos niños con tantos miedos, con tanta desconfianza, con tanta inseguridad y con tan baja autoestima, sobre todo en la ESO. Y claro, si cada vez veo niños con más miedos, lógicamente también veo padres con más miedos. Nunca he visto a tantos padres asustados como ahora, con el miedo incrustado en la piel.

A medida que los niños van creciendo se van de alguna manera contagiando de nuestros miedos, ya sean estos grandes o pequeños

Si los papás y las mamás no utilizamos nuestra valentía para afrontar esos miedos con respecto a nuestros hijos, que son muchos y muy intensos, nos vamos acercando cada vez más peligrosamente a la cobardía, a educar en el miedo.

Claves para conquistar los miedos

En el libro afirmas que la mayoría de los jóvenes de hoy tienen su valentía en estado de 'pause'. ¿Cómo podemos activar como padres esa valentía desde la infancia?

Aceptando los retos que nos pone la vida. Cada día hay un pequeño reto: desde dejarles abrocharse solos la chaqueta a permitirles ir a una excursión o un campamento venciendo nuestros miedos. Y luego dando a los niños información, porque muchos de los miedos derivan de una falta de información.

¿En qué sentido?

Te voy a poner un ejemplo. Yo recuerdo a una niña, Lucía, de cuatro años, que estaba con nosotras en el campamento. Cuando nos acercábamos a la pista de los caballos, ella me dijo que le daban miedo los caballos porque eran peligrosos. Eso era lo que le había dicho su madre. ¿Qué te da miedo de los caballos?, le pregunté yo. Entonces la niña se paró a pensar, me miró y me dijo que la boca. Entonces no te da miedo el caballo, le sugerí yo, lo que te da miedo es su boca. La niña sonrió y lo que hice fue acercarme al caballo con la niña, en un área de seguridad, para que ella tocara al caballo sin ver su boca. Poco a poco me fui acercando y le fui dando información. Le dije que era cierto que los caballos podían ser peligrosos, pero que también son nobles, cariñosos, y tienen una piel brillante. Al tercer día la niña estaba subida al caballo. Eso es ser valiente.

Por sobreprotección, o por temor a que no sean capaces o no puedan, alejamos a nuestros hijos de la valentía y los educamos en el miedo

Es decir, que ser valiente no implica no tener miedo.

Exactamente. Tal cual me lo dijo otro alumno al que también le daban miedo los caballos. Me decía que era cobarde, porque era el único de su clase que temía a los caballos. Al tercer día también estaba subido en él. Luego vino corriendo y me dijo: “Cristina, ya lo entiendo, la valentía es tener miedo y aun así subir a caballo”.

Los primeros valientes y los primeros que tenemos que confiar en nuestros hijos somos las madres y los padres

Muchas veces, por sobreprotección, o por temor a que no sean capaces o no puedan, alejamos a nuestros hijos de la valentía y los educamos en el miedo. Los primeros valientes y los primeros que tenemos que confiar en nuestros hijos somos las madres y los padres. Ellos son capaces de hacer un montón de cosas: desde hacer la cama a prepararse un bocadillo. Somos nosotros los que les hacemos creer que no pueden.

Educación infantil

En ese sentido, ya desde el subtítulo del libro animas a una cosa: a que nuestros hijos conquisten sus miedos. ¿Qué beneficios tiene ese “conquistar los miedos” para el desarrollo de los niños?

¡Ostras! Imagínate un miedo que tengas. Imagínate la posibilidad de controlarlo tú en vez de que él te controle a ti. Es avanzar, es brillar. Cuando tú conquistas tus miedos, tú eres valiente y entonces tú puedes ser tú mismo. Ser valiente permite a los niños conocerse a ellos mismos, saber lo que quieren sin que les importe el qué dirán.

Hay que reconocer el trabajo que están haciendo muchos profesores que se están acercando a la educación emocional desde la trinchera, por iniciativa propia

Recuerdo a una niña de ocho años que vino al campamento y antes de coger el autobús de vuelta me dijo: he dejado el miedo en el bosque, no me lo quiero llevar conmigo en el autocar. Ese es el primer paso, nuestra misión como educadores: que los niños den un primer paso hacia la valentía, porque ese paso los niños no lo olvidan. A los adultos nos cuesta más. Si estamos acostumbrados a vivir desde el miedo, nos cuesta dar el paso. Un niño, en cambio, cuando hace clic lo hace para siempre.

Hablas de forma recurrente en el libro de conceptos como autoestima, límites, sobreprotección, firmeza… ¿Todos ellos están relacionados con la valentía y el miedo?

Por supuesto. Todas las emociones están relacionadas y entran en juego permanentemente. Puedes ver algo que te inspira y pensar, “voy a por ello”. Eso es valentía, pero también es fortaleza y es autoestima. Todo está relacionado. Lo que yo intento con el libro es entender el por qué de cada comportamiento que todos tenemos, también los adultos, y que nos impiden controlar nuestro miedo.

Todos tenemos emociones que podemos convertir en aliadas o en enemigos, y la educación emocional sirve para convertirlas en nuestras aliadas

Decía Gandhi que el miedo manda, pero vaya, que no mande en ti porque tú lo sabes, tú te das cuenta de que está mandando en ti y no quieres. Tenemos que atrevernos a hacer cosas para que nuestros hijos aprendan a mandar sobre sus miedos.

La importancia de la educación emocional desde la infancia

En ese sentido, respecto al miedo, escribes: “si de pequeños alguien nos hubiera enseñado qué son las emociones, para qué nos sirven y cómo podemos ser nosotros los que las dominemos y no ellas a nosotros, lógicamente todo habría sido muy diferente”. ¿Seguimos en pañales en España en lo referente a educación emocional?

Sí, seguimos en pañales. Estamos empezando. Quiero reconocer el trabajo que están haciendo muchos profesores que se están acercando a la educación emocional desde la trinchera, por iniciativa propia, porque la educación emocional siempre tiene el estigma de friki o perroflauta, pero quien dice eso es porque no se ha enterado aún de que la educación emocional es algo científico.

Cuando hay educación emocional en una casa las relaciones son mucho más positivas, hay más confianza y más sentimiento de seguridad de niños y padres

Poco a poco esto es como una mancha de aceite que se va haciendo grande, especialmente en Cataluña, donde somos pioneros. Ahora estamos tratando de que esto se extienda a más lugares de España, sobre todo a través de los profesores. Queremos que la educación emocional sea un recurso más para los docentes de este país, para que no haya más niños viendo cómo el miedo decide por ellos.

Tras muchos años de investigación has desarrollado El Método La Granja, basado en la educación emocional, con resultados demostrados científicamente. ¿Qué beneficios aporta la educación emocional a los niños y jóvenes?

Aumentan muchas competencias emocionales, desde la conciencia emocional (darte cuenta de lo que sientes), hasta la regulación emocional (qué hacemos con lo que sentimos), pasando por las habilidades sociales, la empatía, la autoestima, la capacidad de entendimiento con los demás, la autonomía, la fortaleza interior, la capacidad de tomar decisiones con independencia de lo que hagan o digan los demás… Al final emociones tenemos todos y las podemos convertir en nuestras aliadas o en nuestros enemigos. La educación emocional sirve para convertirlas en nuestras aliadas.

Los niños me dicen que los padres hacen preguntas cutres. Que salen cualquier día del cole y les preguntan siempre lo mismo

Además, cuando hay educación emocional en una casa las relaciones son mucho más positivas, hay más confianza, más sentimiento de seguridad de niños y padres, y más sensación de calma. Tienes ganas de estar en casa. Cuando hay sentimientos negativos en casa, por el contrario, intentas hacer lo que sea para llegar más tarde.

Padre con sus hijas

Hablando de educación emocional en casa, ¿qué consejos o estrategias darías a los padres y madres para empezar a aplicar la educación emocional en el ámbito familiar?

Lo primero es no querer que tu hijo sea un proyecto. Tu hijo es tu hijo y él es él. Hay una frase que dice: “no quiero un hijo 10, te quiero a ti”. Esa frase tu hijo debería oírla de tu boca al menos una vez antes de los 18 años, porque es una frase que acaricia, que empodera, que ayuda y que acerca al niño a tomar conciencia de quién es él y quién eres tú. Y lo segundo es hablar preguntando. Hay que intentar no “meter la chapa” a los niños, como ellos me dicen siempre. Preguntémosle. ¿Sabes que me dicen los niños?

Sorpréndeme.

Que los padres hacen preguntas cutres. Que salen cualquier día del cole y les preguntan siempre lo mismo: “qué han hecho ese día”. A un padre que pregunta eso en realidad no le interesa lo que su hijo ha hecho ese día, porque él lo sabe de antemano. Con esas preguntas se acaba enseguida la conversación.

¿Y cómo serían las preguntas ‘no cutres’?

‘¿Cuál ha sido tu mejor momento del día? ¿Y el peor?’ Y si tu hijo no te contesta empieza tú contándole cuál ha sido tu mejor momento del día y cuál el peor. Ya verás cómo los niños dejan de mirar el móvil y te escuchan. Empecemos por nosotros la educación emocional, y poco a poco iremos viendo cómo todo va cambiando.

Entonces el primer consejo, en todo caso, deberá ser educarnos nosotros mismos en educación emocional, ¿verdad? Porque igual vamos un poco justos…

Claro. Somos los primeros que tenemos que aplicarnos la educación emocional. ¿Verdad que si queremos enseñar a dividir a nuestros hijos primero tenemos que saber dividir nosotros? Pues con la educación emocional es lo mismo. ¿Tú quieres que tu hijo supere sus miedos? Genial, pues empieza tú. ¿Tú quieres que tu hijo sea respetuoso? Vale, pues empieza tú. ¿Tú quieres que tu hijo sea responsable? Genial, pues empieza tú. El primer paso es tomar conciencia de eso. Porque no podemos pretender que nuestro hijo sea respetuoso, y nosotros perder los nervios con otros conductores al volante.

Lo que somos no se demuestra cuando todo va bien, porque entonces todos somos muy majos, sino cuando las cosas vienen mal dadas, en momentos de estrés. Ahí se ve lo que somos y lo que no, nuestra educación emocional, y ahí es donde damos el ejemplo a nuestros hijos.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD