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Eva Bach y Montse Jiménez

Pedagogas expertas en Educación Emocional, y en innovación educativa, y autoras de 'Madres y padres influencers'
Eva Bach y Montse Jiménez, expertas pedagogas, ofrecen herramientas para comprender mejor a los adolescentes y poder acompañar de forma saludable a tus hijos en esta etapa compleja, intensa e imprevisible de su desarrollo.
Entrevista a Eva Bach y Montse Jiménez
“Ciertamente la adolescencia es terrible. Terriblemente maravillosa. Está llena de maravillas y posibilidades. Confíen en las maravillas de sus hijos adolescentes, crean en ellos y ellas”
Escrito por: Diana Oliver

28/11/2019

A través de algunas ideas y reflexiones, y partiendo de su propia experiencia personal y profesional, Eva Bach, pedagoga y experta en Educación Emocional, y Montse Jiménez, maestra de secundaria y especialista en innovación educativa, quieren ayudar a las familias con adolescentes en casa en el –a veces– complejo tránsito de la adolescencia a la adultez. Las han recogido en ‘Madres y padres influencers(Grijalbo), una entretenida guía –cuya esencia es la parentalidad positiva– con la que no buscan sentar cátedra, sino hacernos reflexionar acerca de cómo podemos vivir la adolescencia de nuestros hijos e hijas de una forma mucho más agradable. Tranquila. Cuentan sus autoras que muchas veces nos preocupamos antes de tiempo, o que incluso nos preocupamos demasiado, ante la llegada de la adolescencia. Las expertas tienen claro que es básico no contagiar esa preocupación y convertirla en el centro de la educación que les transmitimos. No es fácil, claro, pero tampoco imposible y nos animan a convertirnos en la mejor influencia para nuestros hijos e hijas.


Padres y madres influencers

Con ‘Madres y padres influencers’ tratáis de dar herramientas a padres y educadores para que se conviertan en la mejor influencia para sus hijos o alumnos adolescentes. ¿Cuánto han influido vuestras respectivas experiencias en la elaboración de sus páginas?

Inevitablemente, como en tantas otras circunstancias, la experiencia es un poso importante en la elaboración del libro. Nos ha influido doblemente. Hemos partido de nuestra propia experiencia como madres y también de nuestro bagaje y experiencia en el ámbito educativo, tanto en la trayectoria de aula, como en la de formaciones a profesorado y familias. De ambos ámbitos experienciales hemos extraído y seleccionado solamente aquello que reúne dos condiciones: que tenga fundamento psicopedagógico y que a la vez hayamos podido constatar que tiene funcionalidad práctica.

“Ahora nos preocupamos también del bienestar emocional, no solo del material, y esto es mucho más complejo y requiere de un crecimiento y una educación a lo largo de toda la vida”

Hemos partido además de las aportaciones de profesionales de diferentes ámbitos, como pueden ser Jaume Funes o José Antonio Marina, de largo recorrido en el sector adolescente por nombrar algunos. Y, no hay que olvidar que hemos recogido la opinión y visión de los más de 1500 adolescentes que han participado del trabajo de campo realizado.

En el prólogo la periodista y maestra Gemma Ventura dice: “Este libro nos invita a situarnos delante del espejo para preguntarnos si estamos contentos con la vida que llevamos. Si nuestro modo de actuar frente al día a día les sirve de ejemplo”. Entiendo que no todas las familias tienen capacidad para hacer cambios en sus vidas por mucho que quieran. ¿No es un poco utópico en este sentido para las familias más vulnerables?

Sin duda alguna, hay familias con circunstancias y situaciones desfavorables que pueden tener más dificultades para adoptar y mantener determinadas actitudes vitales y educativas relacionadas con el optimismo, el parenting positivo y la psicología positiva en general. Pero, como demostró́ hace años Boris Cyrulnik, uno de los grandes referentes mundiales en el tema de la resiliencia, unas circunstancias adversas no tienen por qué determinar la vida irremediablemente. Es posible crecer y transformarse desde la adversidad. Bien es cierto, además, que familias que son o consideramos menos vulnerables, también distan mucho de las actitudes emocionalmente sanas y maduras que recomendamos en nuestro libro.

“Hay familias con circunstancias y situaciones desfavorables que pueden tener más dificultades para adoptar y mantener determinadas actitudes vitales y educativas relacionadas con el optimismo”

Por otra parte, nunca deberíamos mirar a ninguna familia pensando que no van a conseguir o a alcanzar un mayor crecimiento y bienestar emocional, puesto que esto mismo puede suponer un nuevo factor de vulnerabilidad. Sabiendo que no todo es posible siempre, debemos actuar como si todo fuera posible, por el mero hecho de que actuar como si todo fuera posible tiene poder: el poder de hacer posibles muchas más cosas. Así́ debería ser nuestra mirada a las familias más vulnerables: positivadora, empoderadora, generativa, esperanzadora. Si les quitamos la esperanza, les hacemos más vulnerables todavía.

Conocer y escuchar a nuestros hijos e hijas

“Para educar a los jóvenes primero tenemos que conocerlos y comprender qué los mueve”. ¿Es más complejo para las familias acompañar a sus hijos en la adolescencia en comparación con generaciones anteriores?

Cada generación ha tenido sus contratiempos o dificultades. Los jóvenes de hoy son fruto de los tiempos de hoy, tiempos de gran complejidad y directamente afectados por la irrupción de la tecnología en nuestras vidas, lo que ha configurado y sigue configurando un cambio sustancial en la manera de interactuar con el mundo que nos rodea. Sabemos que es el periodo el que más cambios se han producido en menor tiempo, y esto evidentemente influye en todos los aspectos de nuestro día a día, también el educativo. Por esto es tan importante actualizarnos y conocer qué requieren estos nuevos tiempos. Acercarnos a nuestras hijas e hijos, escucharles, intentar empatizar para guiarles y orientarles. Depende de nosotros convertir esta complejidad en retos educativos adaptados a los nuevos tiempos.

“Los jóvenes de hoy son fruto de los tiempos de hoy, tiempos de gran complejidad y directamente afectados por la irrupción de la tecnología en nuestras vidas, lo que ha configurado un cambio sustancial en la manera de interactuar con el mundo que nos rodea”

Por otro lado, hace unas décadas, el propósito de la educación era simplemente el saber, el conocimiento y el objetivo de ese saber o conocimiento se reducía prácticamente a conseguir un buen puesto de trabajo, a obtener un estatus social y económico. Ahora sabemos que no, con el saber solo no basta, que tener una mente privilegiada o una trayectoria académica brillante sirve de poco o de nada sin inteligencia y bienestar emocional. ¿De qué sirve saber mucho si no sabemos utilizar lo que sabemos para hacer algo bueno con nuestras vidas? Es más, podemos incluso conseguir ese estatus social, profesional o económico y sentirnos internamente mal, estar insatisfechos, estresados, desmotivados, no encontrarle sentido a lo que hacemos o que no nos llene. No en vano el consumo de ansiolíticos tiene unas cifras astronómicas en España. Ahora nos preocupamos también del bienestar emocional, no solo del material, y esto es mucho más complejo y requiere de un crecimiento y una educación a lo largo de toda la vida.

¿Escuchamos en general a nuestros hijos?

Tendemos a hablar más que a escuchar. Nos resistimos a que el despertar vital y el despliegue del yo autónomo que supone la adolescencia nos ponga en jaque y nos obligue a cuestionarnos, a transformarnos y a evolucionar a nosotros, y nos protegemos de ello estableciendo relaciones bastante unidireccionales e impositivas, que salvaguarden nuestros mapas mentales y visión del mundo. ¿Cuántas veces les damos la razón y cambiamos de parecer gracias a razonamientos y perspectivas que nos aportan ellos y ellas? Necesitamos estar abiertos al cambio, a renovar nuestras vidas con la bocanada de aire fresco que son los/as adolescentes.

“Es importante saber qué buscan en las redes y qué encuentran, también que páginas frecuentan y, por supuesto, acompañarles en la gestión de los tiempos”

Y precisamos, sobre todo, una escucha activa. Pasamos mucho tiempo pendientes de lo que nosotros pensamos y de lo que nosotros decimos o diremos al respeto. Tenemos que facilitar contextos para escuchar a nuestras hijas e hijos, pero también debemos invertir tiempo en “escuchar” los sentimientos, las ideas y pensamientos que subyacen/permanecen bajo lo que nos están diciendo. Por esto hay que escuchar con una actitud de disposición, empática e incluso de validación. Escuchar sin descalificar o rechazar de entrada. Nosotras hablamos de la actitud de las tres “E” escuchar, empatizar y entender. Pero también de expresar y experimentar. Es decir, intentar asociar aquello que ellos sienten con lo que expresan para buscar puntos de intersección entre su lenguaje y el nuestro. Y experimentar: promover experiencias, reflexiones e interacciones dirigidas a reorientar emociones y sentimientos difíciles.

Supongo que el camino de la escucha, el acompañamiento, el ejemplo, comienza mucho antes de la adolescencia, pero ¿tiene solución si como familia hemos andado desorientados y llegamos a la adolescencia con ánimo de cambiarlo todo?

La mejor adolescencia comienza en la infancia. Cada vez vienen más madres y padres cuyos hijos no son adolescentes todavía a nuestras charlas sobre adolescencia y esto es muy positivo porque casi todo lo que requiere la adolescencia hay que comenzarlo en la infancia: escucha, confianza, ternura, normas y límites, empatía, comunicación afectiva, negociación… Pero lo que no se haya hecho, siempre estamos a tiempo de empezarlo. Si es algo que va a ser bueno y nos va a mejorar como personas y como familia, el/la adolescente lo va a agradecer. Tal vez no lo exprese explícitamente, pero aceptará los cambios y en alguna medida los facilitará. Mucho más si sabemos introducirlos y darles sentido.

Así que jamás hay que tirar la toalla, no es una opción que tenga cabida en ámbito educativo.

Evidentemente será más difícil establecer diálogo o pautas y orientaciones durante la adolescencia, si en edades más tempranas no hemos invertido tiempo en aspectos imprescindibles para el desarrollo de nuestras hijas e hijos y en aspectos básicos para forjar el sentimiento de confianza recíproca. Nuestros jóvenes necesitan referentes cercanos, y no debemos abandonar en el proyecto de guiar y orientar a nuestros hijos.

“Es importante que seamos conscientes de que la mayoría de adolescentes y adultos tenemos una identidad híbrida: nuestras vidas transcurren paralelamente en la realidad presencial y en la virtual.

¿Por qué creéis que los influencers de internet llegan tanto a los adolescentes? ¿Cuál es su secreto?

En primer lugar, está el hecho tecnológico de por sí. Internet es una ventana al mundo, a lo que pasa en este. Los adolescentes han crecido en un paradigma totalmente digital y es un hecho que no podemos obviar. Deslizando un dedo por una pantalla acceden a todo tipo de contenido, con sus más y sus menos, y encuentran lo que buscan desde donde quieran y cuando lo deseen. Es un servicio 7/24.

En nuestro trabajo de campo realizado con más de 1500 adolescentes, hemos obtenido respuestas referentes a lo que buscan y lo que encuentran en las redes. Sabemos que buscan entretenimiento, pasarlo bien. Sabemos también que buscan consejos de moda y tendencias. Pero también encuentran respuestas a cuestiones que les preocupan y les interesan; cuestiones sobre temas como las desigualdades sociales, la igualdad de género, orientación sexual… Además, los influencers comunican con un tono y lenguaje cercano a ellos, con naturalidad, y desprenden vitalidad y optimismo. ¿Hablamos nosotros también con nuestros hijos de los temas que les preocupan? ¿Intentamos contagiar un tono vitalista hacia la vida?

La tecnología: conocerla para convertirla en aliada

No tener conocimientos de Internet, o no tener interés por ello, ¿nos aleja de los adolescentes de hoy?

Por supuesto. Michel Serres dice que antes de enseñar algo a alguien es necesario conocerlo, saber quién entra hoy en la escuela, en el instituto, en la universidad. Es una realidad que las nuevas generaciones se mueven en un mundo diferente al nuestro y tienen patrones de funcionamiento distintos a los nuestros. Es importante conocer para poder saber, entender y para poder guiar. En internet hay de todo, hay mucho contenido interesante, pero también hay contenido negativo. No tener interés, no solo nos aleja de los adolescentes, sino que nos puede invalidar en muchos aspectos. En aspectos más técnicos es muy probable que nuestros hijos se desarrollen mucho mejor que nosotros, pero en temas de contenido debemos implicarnos. Es importante saber qué buscan en las redes y qué encuentran, también que páginas frecuentan y, por supuesto, acompañarles en la gestión de los tiempos. En las redes ellos encuentran una voz, y nosotros debemos tener y ofrecerles nuestra propia voz. Si no, pasará lo que de una manera ilustrativa resumimos en el título del capítulo 4: “Cuanto más en las nubes nosotros, más en la nube ellos”.

Es importante que seamos conscientes, además, de que, hoy en día, la mayoría de adolescentes y adultos tenemos una identidad híbrida, nuestras vidas transcurren paralelamente en la realidad presencial y en la virtual. Prescindir de alguna de las dos supondría caminar cojos por el presente y el futuro.

¿Hasta qué punto podríamos decir que la tecnología dirige la marcha social y familiar?

La tecnología dirige la marcha social y familiar en la medida que dirige otros aspectos fundamentales: la manera de trabajar, de relacionarse, de interactuar con las personas, el ocio… Está claro que no podemos dar la espalda a un fenómeno que está configurando la vida actual laboral, social, económica. Sin embargo, no debemos reducir todo a este ámbito. El sociólogo Manuel Castells habla de dos segmentos distintos de población, los que serán capaces de manejar las redes y los que serán manejados por ellas. Debemos acompañar a nuestros hijos a desarrollar habilidades y capacidades para que sean personas íntegras, que puedan desenvolverse de manera autónoma en estos contextos cambiantes; y para esto es imprescindible educar y trabajar de pequeños en aspectos como la autoestima, el autoconcepto, el pensamiento crítico. Son aspectos que van de la mano, aunque no lo parezca, en todo lo referente al mundo digital también.

Es imprescindible preguntarnos también qué modelo estamos promoviendo con nuestro ejemplo. Como dice Jordi Jubany: “no nos tiene que extrañar que los chicos y chicas estén enganchados si nos ven hiperconectados”. Otro aspecto imprescindible es educar en la gestión que hacen del tiempo.

¿Cómo recomendáis gestionar el tiempo que pasan los adolescentes con las tabletas, el móvil y el ordenador?

Hay que educar en la gestión del tiempo. Dedicamos el capítulo 20 del libro a hablar de los tiempos. Nuestros tiempos no incluyen a menudo los tiempos esenciales para la vida: tiempo de atención plena, tiempo de sueño, tiempo de inactividad, tiempo para relacionarnos con los otros… Hay que educar en esta gestión del tiempo y esto pasa por dos aspectos: uno por establecer normas y límites desde pequeños y plantearnos cuál es nuestra actitud ante estos aspectos que estamos intentando corregir en ellos. Será muy difícil que ellos entiendan y asuman cambios si nos ven a nosotros conectados la mayor parte del tiempo.

No hay que esperar a la adolescencia para inculcar hábitos que hay que empezar a desarrollar desde pequeños. Desde pequeños debemos proporcionarles tiempos de goce y disfrute alternativos, fuera de la vida online, para admirar la belleza de la vida fuera de las pantallas, para crear belleza fuera de las pantallas y para estar con quienes están y dónde están, y no con otras personas y en otros lugares a través de las pantallas.

Un modelo de sociedad complejo para la educación

“Debemos educar para comprender que cualquier acción individual tiene una repercusión global”. ¿Somos demasiado egoístas? Me da la sensación de que ninguno queremos renunciar a nuestra cuota de comodidad y eso se lo transmitimos constantemente a nuestros hijos o alumnos.

Es importante y necesario plantearnos pequeños cambios progresivos, uno después de otro y poco a poco. Cuando comenzamos a tener consolidado uno, ir a por otro. Es más efectivo y llevadero que muchos cambios a la vez y muy grandes.

Debemos educar para un ecosistema integral y global efectivamente. Nos hemos acostumbrado a un sistema de vida muy egocéntrico y las demandas de un mundo sostenible y respetuoso en todos los sentidos piden un cambio de paradigma y de concepción. Es preciso entender que las relaciones que exige el siglo XXI están basadas en una interrelación de todos/as con todos/as y con el entorno. En el libro hemos desarrollado dos conceptos que a nuestro entender son clave: uno es el de emohumanidad y otro el de metaconectividad. Por metaconectividad entendemos un concepto híbrido que hace referencia a la necesidad de ser personas conectadas con nosotros mismos, con los demás y con un mundo cambiante como el nuestro. Personas capaces de establecer conexiones que unan e integren. Y de la mano de este concepto proponemos el de emohumanidad, un ser humano consciente y emocionalmente inteligente, capaz de avanzar hacia la integración de todas sus dimensiones.

“Desde pequeños debemos proporcionarles tiempos de goce y disfrute alternativos, fuera de la vida online, para admirar la belleza de la vida fuera de las pantallas”

No obstante, sabemos que el conocimiento no cambia el comportamiento, debemos crear hábitos que cambien conductas y crean impactos. Es ente sentido nuestras acciones y ejemplos son clave.

En uno de los capítulos del libro mencionáis un vídeo del youtuber 8cho en el que explica cosas extrañas que se pueden conseguir a través de Internet. Entre los servicios que encuentra cuenta que incluso se puede alquilar una madre por horas. ¿No es un síntoma bastante preocupante de lo mal que vamos como sociedad?

Es un ejemplo llevado al extremo de un mensaje que queríamos lanzar: hoy en día buscamos y encontramos (a cualquier precio) cualquier cosa con solo teclear en nuestros dispositivos. Por esto como educadoras y educadores debemos seguir ejerciendo nuestro rol. No podemos abandonar y debemos empoderar a los jóvenes, ejercer nosotras y nosotros las mejores de las influencias para que sean ellos quienes a la larga escojan sus verdaderos influencers.

A nosotras nos pareció tragicómico, ciertamente. Pero en lugar de verlo como un ejemplo de lo mal que va el mundo, quisimos utilizarlo como recurso para que nos preguntemos hasta qué punto algunos de nuestros jóvenes que sí tienen madre, y tal vez una madre que los quiere y los cuida, necesitarían alquilar urgentemente una madre verdaderamente influencer, en el sentido que le damos en el libro, o una versión actualizada de la que tienen.

Estamos en un modelo de sociedad que prioriza el beneficio y rédito económico al beneficio o rédito personal y este ejemplo es una muestra. Pero no hay que olvidar que lo que nos aportará calidez, bienestar y satisfacción de verdad en la vida no es esta motivación o satisfacción extrínseca, sino otras motivaciones que tienen que ver con nuestro desarrollo y crecimiento personal y emocional y nuestras habilidades para desenvolvernos ante situaciones cambiantes o dificultades. Con la irrupción de la tecnología, como sociedad hemos desarrollado primero habilidades técnicas, y ahora toca desarrollar las habilidades blandas que requiere el manejo no del instrumento, sino de las nuevas circunstancias. Podemos encontrar una mamá por internet, pero no tendremos jamás lo que una verdadera mamá puede inculcar.

En el libro dais 50 ideas para ayudar a las familias. ¿Qué recomendaríais a una familia preocupada por la adolescencia en primer lugar, como punto de partida?

Que no intenten contagiar esa preocupación y no hagan de esta preocupación el centro de la educación que transmiten a sus hijas e hijos. Dice François Murriac “La derrota de un adolescente procede de que se deja convencer de su miseria”. Si creen que la adolescencia es terrible, lo será. Y si creen que es maravillosa, también lo será. Ciertamente la adolescencia es terrible. Terriblemente maravillosa. Está llena de maravillas y posibilidades, aunque por la forma como la tenemos considerada y hablamos de ella nadie lo diría. Por eso les diríamos que confíen en las maravillas de sus hijos/as adolescentes, que crean en ellos y ellas, que iluminen sus talentos y su potencial, que los hagan emerger y los hagan brillar. Y que se renueven, crezcan y evolucionen con ellos.

Nuestra tarea consiste en transmitirles vitalidad y optimismo y hacerles ver su valía y su dignidad. Debemos tener una mirada posibilitadora como punto de partida. Habrá momentos difíciles –como los hay en la vida– y por esto es importante la propia gestión de las dificultades. Poder buscar momentos para comunicarnos con ellas y ellos desde el corazón y saber ser y estar a su lado a pesar de todo, convertirnos en faro y en puerto.

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