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Yve Ramírez

Divulgadora medioambiental, activista y autora de ‘Residuo cero’ y del blog La Ecocosmopolita
La sostenibilidad es fundamental si queremos seguir habitando el planeta. Yve Ramírez, autora de 'Residuo cero', te propone recursos para hacer los cambios de actitud y de estilo de vida necesarios para cuidar el medioambiente.
Entrevista a Yve Ramírez
“El primer paso y más importante, es pensar en todos y cada uno de los objetos desechables que usas cada día, y en cuáles puedes sustituir más fácilmente”
Escrito por: Diana Oliver

03/10/2019

Reducir, reutilizar, reciclar. Son las tres erres de la sostenibilidad. Para lograr integrar estas acciones probablemente sea necesario que cambiemos muchas actitudes y acciones en nuestro día a día. Se trata de un largo viaje que empieza con pequeños pasos pero cuya meta debe estar fijada en el residuo cero. Eso es al menos lo que nos propone Yve Ramírez, comunicadora, activista y autora del blog La Ecocosmopolita, en Residuo cero’ (Ediciones Titilante), un libro con el que nos invita a dejar de lado el paradigma de “usar y tirar” a través de pequeños cambios en nuestro día a día. Cambios fáciles, graduales y alcanzables para todos –sea cual sea nuestro ritmo vital– como aprovechar al máximo los alimentos, vestir con conciencia (¿Realmente lo necesitamos? ¿De dónde viene? ¿Quién lo ha hecho?), comprar a granel utilizando nuestros propios envases o limpiar con productos menos agresivos para el medioambiente. “Lo importante es que cada vez más personas sean conscientes de esta inmensa posibilidad que tenemos en nuestras manos y del peso que tiene cada pequeño paso, sobre todo cuando lo damos de una forma orquestada, de la mano de millones de personas que caminan en la misma dirección”, dice Yve. Al trío de las erres añade una cuarta, la que lleva “reclamar”. Esta acción es para la activista la que nos permite alertar a las personas y ejercer presión sobre las empresas y los gobiernos. “Porque si queremos cambiar el mundo, tenemos que implicarnos todos”. Habrá que empezar a trazar nuestra propia hoja de ruta, si es que no la tenemos ya.


Libro Residio cero de Yve Ramírez

¿Es realmente posible llevar una vida más sostenible en un entorno tan complejo como una ciudad grande?

Digamos que es posible llevar una vida muchísimo más sostenible de la que llevamos. Y lo importante es eso, movernos de ese lugar en el que estamos instalados como sociedad, porque es totalmente insostenible. Pequeños cambios sostenidos en el tiempo y compartidos por millones de personas, son grandes cambios. Eso es lo importante.

Te pregunto lo anterior porque no sé si es más fácil por la cantidad de recursos que encontramos en las ciudades (contenedores para reciclaje, tiendas de segunda mano o a granel…) o si es más difícil debido, sobre todo, al ritmo angustioso de las ciudades y a ese espíritu consumista que parece hacerse más fuerte en ellas.

Has dado en el clavo. Hay una parte que está más a nuestra mano. Además de todo lo que has mencionado, en una ciudad de hoy (sobre todo si hablamos de una ciudad europea) muchas veces es más fácil moverse en bicicleta, acceder a servicios de coche compartido o de economía colaborativa en general, tener acceso a una mayor variedad de productos, etcétera. Entonces seguramente, lo importante es sacar provecho de todas esas oportunidades que nos ofrecen nuestras ciudades y, al mismo tiempo, tratar de poner un freno a ese vértigo que, efectivamente, nos ataca cada día. Es cuestión de evitar las salidas fáciles y buscar los pequeños tesoros de nuestros barrios, ya sea a la hora de hacer la compra, salir a comer o escoger una prenda de ropa que nos hace falta.

Otra cosa importantísima es la organización y previsión. Si intentamos adelantarnos a las circunstancias, improvisaremos menos y será más fácil evitar que ese ritmo incesante nos lleve por delante.

El coste de ser ecocosmopolita

Cuentas que vuestro cambio hacia una vida más sostenible lo impulsó más bien una necesidad de ahorro ante un futuro incierto, y mira por dónde os vino bien porque no sólo vivíais mejor que antes, sino que también sentíais que estabais haciendo algo por el planeta. ¿Qué hace falta para que más y más personas cambiemos esta tendencia al consumo rápido y superfluo?

Siempre digo que el camino hacia una vida más sostenible es muy personal y las puertas de entrada pueden ser muy variadas. En mi caso fue una suma: el contacto con las posibilidades que me brindaba Barcelona, esa necesidad de ahorrar para la nueva etapa que emprendía aquí, luego la necesidad de proteger a mi hija y darle lo mejor… Pero muchas personas dan el paso porque, por ejemplo, sus trabajos les han puesto en contacto con una realidad que quieren cambiar (conozco varios casos del entorno de la moda, por ejemplo), otros por motivos de salud, muchas veces por haber atravesado alguna enfermedad. A veces el origen es más bien político…

“Pequeños cambios sostenidos en el tiempo y compartidos por millones de personas, son grandes cambios”

No hay una sola manera de dar el primer paso, pero en todo caso, creo que el mayor catalizador que tenemos al alcance de nuestras manos es la información. Por eso afirmo que hay que cambiar de hábitos y, al mismo tiempo, ejercer la “erre” de “reclamar”, la última de la que hablo en mi libro. Yo entiendo ese “reclamar” como subir la voz, salir de nuestro ámbito privado y llegar un poco más allá. Algo que nos permite, a un mismo tiempo, alertar a las personas y ejercer presión sobre las empresas y los gobiernos. Porque si queremos cambiar el mundo, tenemos que implicarnos todos.

¿Exige un desembolso económico “extra” inicial? Me lo planteo por los cambios que son necesarios para evitar los productos desechables: bolsas de tela para las frutas y verduras, discos desmaquillantes de tela, copa menstrual…

Primero, y muy importante, no hay que salir a comprar todo corriendo mañana. Y lo digo yo, socia fundadora de Usar y Reusar, una tienda online especializada en vida residuo cero. Tenemos que ser capaces de descubrir qué es lo que realmente nos va a ayudar a reducir residuos antes de lanzarnos con una lista de compra a tomar decisiones apresuradas. Puede que incluso tengas en tu casa ya algo que cumpla la función de algunas de estas cosas, aunque no se parezca a las que ves en fotos.

Por otra parte, las cosas más básicas no suelen representar un gran desembolso. Más adelante puede que descubras que te facilitaría mucho la dinámica contar con unas bolsas de silicona o unos cubiertos de bambú, pero no son cosas indispensables ni mucho menos para comenzar el viaje ni tienen que condicionarlo.

Otro aspecto importante es que muchos reutilizables son una verdadera inversión que amortizarás con creces pronto. Y es el caso de los discos reutilizables, la copa menstrual, una botella e, incluso, un filtro de agua. Gastarás hoy más, pero en unos meses habrás recuperado lo invertido. Pero estos cambios, insisto, hay que hacerlos paso a paso, pero sin agobiarte.

“Si intentamos adelantarnos a las circunstancias, improvisaremos menos y será más fácil evitar que ese ritmo incesante de la gran ciudad nos lleve por delante”

Finalmente, otra cosa que me gustaría mencionar aquí es que como nuestro objetivo es realmente vivir de forma más sostenible y ejercer un consumo más responsable, estos cambios también tienen que venir acompañados de la “erre” de “reducir”: consumir menos y mejor, que no es más que gastar menos y hacerlo en cosas que nos duren más. Así, estos gastos de sustituir los desechables por reutilizables, normalmente se ven compensados por un consumo más racional, reflexivo y consciente, que es igual a ahorro.

En cuanto a la alimentación. ¿Hasta qué punto es importante hacer una planificación semanal de comidas y cenas de cara a ahorrar residuos y dinero?

Planificar un menú ayuda a evitar, incluso, el desperdicio alimentario. Ahora, confieso que no es indispensable porque es un buen consejo que yo casi nunca logro aplicar y que me perdonen todos, pero la verdad es que soy una persona más bien caótica. Lo que yo sí creo que es casi indispensable, es tener alternativas sanas y variadas disponibles en casa. Porque cuando es más fácil caer en la pizza lista para el horno, por decir algo, es cuando llegas tarde a casa y te encuentras con la nevera vacía.

“Los gastos de sustituir los desechables por reutilizables, normalmente se ven compensados por un consumo más racional, reflexivo y consciente, que es igual a ahorro”

Por dónde empezar a reducir residuos

Reciclar es importante, pero adviertes que no es la solución al problema de la producción de basura. Hablas de atacar el problema de raíz y no desde el final de la cadena. Lo que llamas “prevención de residuos”. ¿Cómo se convence a las empresas de esto?

Esta es la pregunta más fácil de responder. Tenemos que convencer a las empresas de comprometerse con políticas más sostenibles haciendo uso de nuestra mayor herramienta de cambio: nuestras decisiones de compra. Las empresas producen lo que los clientes compramos. Entonces, cada vez que decidimos escoger una alternativa más sostenible en lugar de otra con mayor huella ecológica, lanzamos un mensaje a las empresas responsables y las llevamos hacia cambios empresariales. No hay más que ver cómo todas las marcas de moda rápida se van apuntando a las materias primas de producción ecológica, por ejemplo.

“Tenemos que convencer a las empresas de comprometerse con políticas más sostenibles haciendo uso de nuestra mayor herramienta de cambio: nuestras decisiones de compra”

Has sido muy honesta diciendo que aunque el libro se llame ‘Residuo cero’ lo cierto es que es un término complejo que puede llevar a confusión. Hablas de caminar hacia ese objetivo deseado con paso lento, pero que ese paso sea firme. Que sintamos que es un posible y no un imposible. ¿Aún lo vemos como algo muy complicado de lograr?

Es que vivir produciendo “cero residuos” realmente es imposible, pero en cambio sí es fácil producir significativamente menos residuos. Y como te decía antes, si todos juntos reducimos la cantidad de residuos de forma significativa, ¡imagina todo lo que ahorraríamos al planeta! Entonces, lo importante es que cada vez más personas sean conscientes de esta inmensa posibilidad que tenemos en nuestras manos y del peso que tiene cada pequeño paso, sobre todo cuando lo damos de una forma orquestada, de la mano de millones de personas que caminan en la misma dirección.

Es que, y sin que sirva de excusa, lo cierto es que son muchas las trabas y los despistes que nos encontramos en el camino por mucho que tengamos conciencia… Tú misma cuentas que no siempre consigues todos los objetivos que te propones en cuanto a residuos. ¿Debemos rebajar nuestras expectativas en este sentido?

“El primer paso y más importante, es pensar en todos y cada uno de los objetos desechables que usas cada día, y en cuáles puedes sustituir más fácilmente”

Al menos debemos rebajar nuestro nivel de autocastigo a un mínimo. Las expectativas, si nos ayudan a avanzar, están geniales. Pero que ello no nos convierta en nuestros propios jueces, porque eso sí podría acabar por paralizarnos por completo. Que lo importante es que dejemos de acomodarnos en “el yo no puedo hacer nada”, sin caer en el “si no lo hago perfectamente, no vale la pena”.

El papel de la conciencia digital en el cuidado del planeta

¿Crees que las redes sociales han influido en esta mayor conciencia acerca de los residuos que generamos?

Sí, yo creo que las redes sociales han tenido la enorme importancia de hacer que el movimiento residuo cero llegue a millones de personas, igual que han jugado un papel indispensable en el movimiento juvenil contra el cambio climático que, con una velocidad de vértigo, ha sacudido al mundo entero. Sin las redes sociales, seguramente no conoceríamos el nombre de una adolescente llamada Greta Thunberg.

“El camino hacia una vida más sostenible es muy personal y las puertas de entrada pueden ser muy variadas”

Blogs como el tuyo, La Ecocosmopolita, no sólo aporta información sobre consumo responsable, sino ideas prácticas. ¿Qué papel tiene el movimiento ecobloguero en esta concienciación social?

Si las redes sociales tienen la inmediatez y el alcance máximo, los blogs nos brindan la oportunidad de profundizar, de entrar en las vidas de otras personas, de ver los conceptos convertidos en una realidad más palpable. Diría que el movimiento ecobloguero, que ha crecido mucho en unos pocos años, también ha aportado mucho a todo este proceso de toma de conciencia que estamos viendo.

¿Cuál debería ser el siguiente paso “natural” a ese movimiento digital? ¿Cómo se salta a la calle, al día a día?

Si me hablas de cómo se salta al activismo, pues hay muchísimas formas de hacerlo. Desde implicarnos en impulsar el cambio en los pequeños colectivos en los que participamos (ya sea nuestra escuela o la de nuestros hijos, nuestro espacio de trabajo o nuestra calle), hasta arremangarnos la camisa y formar parte de un movimiento ciudadano de mayor envergadura y participar en acciones de desobediencia civil e, incluso, de incidencia política. Cada quien tiene sus propias inquietudes y sus propias maneras de hacer, y lo importante es saber con qué eres capaz de conectar tú.

Para alguien que quiera comenzar a restar desde casa, pero no tenga la menor idea de por dónde empezar: ¿qué le dices? ¿Cuál es el primer paso que se debe dar?

Yo creo que el primer paso y más importante, es pensar en todos y cada uno de los objetos desechables que usas cada día, y en cuáles puedes sustituir más fácilmente: desde vasos desechables y cápsulas de café, hasta productos de higiene menstrual, pasando por servilletas, pajitas de plástico, etcétera.

Luego, la siguiente tarea es pensar en cuáles te sientes capaz de sustituir hoy realmente, y poner manos a la obra. Algunos cambios son realmente fáciles, como sacar las servilletas de tela que tal vez tienes guardadas desde hace una eternidad (o pedírselas a tus padres), o usar esa botella de agua que te llevas para las excursiones en tu día a día en lugar de ir comprando botellas de agua. Otros pueden costarte un poco más, pero el primer paso es identificar el problema y comenzar a pensar en soluciones.

“Lo importante es que dejemos de acomodarnos en el yo no puedo hacer nada, sin caer en el si no lo hago perfectamente, no vale la pena

También recomendaría revisar tu cesta de la compra. A veces es tan sencillo como evitar al menos algunos alimentos procesados y bebidas embotelladas y sustituirlos por alimentos de verdad, porque es mucho más fácil comprar frutas sin envasar que natillas, por ejemplo. Y si compramos lentejas, aunque sea en un paquete de plástico, tenemos mucho menos plástico por cada comida que si compramos, no sé, un paquete de salchichas o un plato precocinado. Además, con ejemplos como estos salta a la vista cuánto ganamos en salud y en sostenibilidad: el resultado mucho más allá del ahorro de residuos.

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