Marta Verona

Dietista-nutricionista, ganadora de la sexta edición de MasterChef y autora de ‘No comas como un zombi’
La publicidad y los mitos alimentarios influyen enormemente en cómo comemos. La dietista-nutricionista Marta Verona nos da algunas claves para dejar de comer como zombis y empezar a cuidar nuestra salud.
Entrevista a Marta Verona
“La salud pasa por preocuparnos de lo que hay dentro de nuestra cesta de la compra, pero también por perder el miedo a cocinar”
Escrito por: Diana Oliver

18/02/2021

Ganadora de la sexta edición de MasterChef y colaboradora de La Hora de La1, la dietista-nutricionista Marta Verona ofrece algunas claves para empezar un cambio de hábitos en nuestra alimentación en No comas como un zombi (HarperCollins Ibérica). Lo hace a través de información, pero también de más de 60 recetas muy sencillas y rápidas que nos ayudarán a organizar mejor nuestros menús semanales. Esta tarea, la de organizar los menús, es uno de los pasos fundamentales para que, según Verona, podamos instaurar unos hábitos alimenticios saludables. Y cocinar, claro. “La salud pasa por preocuparnos de lo que hay dentro de nuestra cesta de la compra, pero también por meternos en la cocina 10 minutos al día o dos horas los domingos. Se pueden hacer recetas saludables y ricas sin tener que invertir una gran cantidad de tiempo”, explica. Así que mucha organización, menos excusas y más cocina, para lograr un cambio real.


Entrevista a Marta Verona, nutricionista autora de ‘No comas como un zombi’

“No comas como un zombi. Vida sana sin dieta ni tonterías”. La portada empieza ya fuerte con el título: ¿Por qué comemos como un zombi?

Comemos como un zombi por culpa del marketing alimentario. Nosotros no somos los culpables, es culpa de los “mensajes zombi”, que son esos del tipo 0%, sin azúcares añadidos, alto en fibra… Todos esos mensajes hacen papilla nuestro cerebro y logran que levantemos las manos y nos rindamos ante la publicidad engañosa. También ocurre que muchas veces no sabemos ni lo que comemos porque no nos paramos a pensarlo: comemos rápido, metemos en la cesta de la compra lo primero que pillamos y nos ponemos siempre la excusa de la falta de tiempo.

Los profesionales de la salud debemos luchar contra los mensajes falsos divulgando en redes sociales, en medios, a través de libros, dando clases en la universidad…

Dices en el libro que “entre fogones es donde está la clave saludable: comer rico y con salud”. ¿Necesitamos más tiempo para comer mejor, o podemos comer mejor aunque no tengamos mucho tiempo si lo empleamos bien?

En gran medida la salud radica en tener ganas de estar sano. Lo explico. Yo siempre digo que para comer bien en realidad lo que necesitamos es una buena organización, y no tanto tiempo como podemos imaginar. La salud pasa por preocuparnos de lo que hay dentro de nuestra cesta de la compra, pero también por meternos en la cocina 10 minutos al día o dos horas los domingos. Se pueden hacer recetas saludables y ricas sin tener que invertir una gran cantidad de tiempo. Lo que tenemos que hacer es perder el miedo a cocinar.

Cómo reconocer los mensajes falsos sobre la alimentación

Dedicas un capítulo a los mitos de la alimentación y vas desmontando algunos: que si el pan engorda, que si la leche sin lactosa es más saludable que la normal, que si tomar fruta por la noche engorda… ¿Cómo podemos identificar un mito alimentario?

Tenemos que alejarnos de los mitos de la alimentación que nos separan de la vida saludable. De nada sirve que me digan lo que tengo que comer si yo sigo intoxicada con los mitos alimentarios: que si la fruta y el pan engordan, que la lactosa es mala, que la dieta sin gluten… Los mitos de la alimentación y las dietas milagro tienen siempre tres cosas en común: nos prometen muchas cosas en poco tiempo, tienen nombres muy potentes a nivel de marketing y suelen prohibir alimentos.

El batch cooking nos puede ayudar mucho: basta con dedicar dos horas de nuestro domingo a preparar la comida de la semana

Los mitos alimentarios son uno de los grandes problemas de la nutrición en las sociedades industrializadas. ¿Cómo luchar contra ellos en un contexto en el que la propia publicidad y los medios los mantienen?

Yo creo que nuestro pecado alimenticio es que nos lo creemos absolutamente todo. Los profesionales de la salud debemos luchar contra estos mensajes falsos divulgando en redes sociales, en medios, a través de libros, dando clases en la universidad, etcétera. Dar conocimiento a la gente para que ellos mismos sean capaces de alejarse de los mensajes zombi. ¿Cómo lo hacemos? Aprendiendo a leer el etiquetado y primando la compra de materias frescas. Si observamos la sección de ultraprocesados, las etiquetas de los productos tratan de convencernos de lo buenos que son. Sin embargo, cuando vamos a la sección de frescos, un kiwi no tiene ese etiquetado para convencernos de nada.

De nada sirve que me digan lo que tengo que comer si yo sigo intoxicada con los mitos alimentarios

Mencionaba la publicidad porque si bien muchas veces es difícil resistirse a las etiquetas o a los anuncios tradicionales, ahora entra en juego el poder de los prescriptores: ‘influencers’ que avivan estos mitos. ¿Es necesario regular este tipo de promociones? ¿Es posible actualmente?

Creo que es un asunto muy complicado porque en cierto modo puede entrar en conflicto con la libertad de expresión de las personas. Para evitar esto siempre recomiendo a todos los usuarios de redes sociales que si están buscando información sobre nutrición analicen muy bien los perfiles que ofrecen esa información.

Entrevista Marta Verona

Cambios en la dieta para llevar un estilo de vida saludable

Me ha gustado mucho una tabla en la que comparas lo que serían buenos hábitos y lo que serían malos hábitos. Cosas sencillísimas como organizarse un poco, llevar una pieza de fruta encima para media mañana, beber agua con las comidas, o no poner la tele mientras comemos, sino disfrutar de un momento en familia. Con lo fácil que es y lo mal que lo hacemos muchas veces… ¿Nos cuesta tanto cambiar nuestras costumbres?

Sí, nos cuesta. También creo que hemos perdido la paciencia: nos hemos vueltos vagos, queremos todo aquí y ahora. Ser saludable requiere un trabajo previo de adaptación que pasa por aprender a organizarnos, por adaptarnos poco a poco a los cambios. Unos hábitos de vida saludables no se instauran de hoy para mañana. El camino es largo y requiere paciencia, pero su adherencia nos va a permitir una vida sana que se mantenga en el tiempo.

Lo que debería motivarnos para cambiar nuestra alimentación es estar sanos. Nuestro bienestar

¿Cuánto tiempo dirías que lleva integrar estas pautas en nuestro día a día?

El proceso de aprendizaje depende mucho de la motivación de la persona para cambiar. Yo creo que podemos incorporar un cambio de hábitos en nuestra vida en dos meses. Si en dos meses vamos incorporando pequeños cambios, podremos integrarlos a la larga en nuestra vida.

¿Cuáles dirías que son los pasos del aprendizaje de un estilo de vida más saludable?

En primer lugar tenemos que desaprender lo aprendido, quitarnos toda la información tóxica que tenemos sobre alimentación. También tenemos que leer y buscar información válida que nos permita ser autónomos en nuestras visitas al supermercado y poder localizar fácilmente los mejores alimentos para nuestra cesta de la compra. Y, por último, tenemos que aprender a cocinar y, sobre todo, quitarnos de encima la excusa del tiempo como factor que nos impide comer de manera más saludable. El batch cooking nos puede ayudar mucho: basta con dedicar dos horas de nuestro domingo a preparar la comida de la semana. Esto en el libro también lo explico.

Las dietas milagro nos exigen tanto que si nos las saltamos, empezamos a juzgarnos y a tratarnos mal, y así nunca conseguiremos una adherencia a largo plazo

El tema de las dietas milagrosas también sigue muy arraigado socialmente. “Ni dieta de la alcachofa, ni dieta de la piña; mejor aún ¡ni dieta ni tonterías!”, dices en el libro. Solemos asociar dieta a adelgazar y, por ende, a salud y estética, pero como bien dices llevar un estilo de vida saludable no solo se restringe a qué comemos. ¿Qué motivación debería guiarnos en ese cambio?

Lo que debería motivarnos para cambiar nuestra alimentación es estar sanos. Nuestro bienestar. Hay personas que llevando una vida saludable tienden a un peso más elevado y eso no quiere decir que no estén sanas. Otras son de constitución muy delgada, y aunque pueden estar comiendo fatal, en apariencia no tienen problemas con su alimentación. La salud no siempre se ve reflejada en el peso. La salud está en nuestro interior.

El hábito saludable parte del disfrute: cuanto más sano y rico comes, mejor te sientes. Y eso engancha

Otra cuestión que apunto en el libro es que debemos hablarnos bien a nosotros mismos. Las dietas milagro nos exigen tanto que si nos las saltamos, empezamos a juzgarnos y a tratarnos mal. Así nunca conseguiremos una adherencia a largo plazo. Tenemos que tener una motivación interna.

¿Qué recomendaciones le darías a alguien que quiere empezar a cambiar sus hábitos pero que no termine de ver por dónde empezar?

Lo primero que le diría a esa persona es que revise su entorno y que se aleje del ambiente obesogénico. Muchas veces ocurre que se puede tener una motivación personal para instaurar hábitos de vida más saludables, pero el ambiente no acompaña. Hay dos opciones: alejarnos de ese ambiente obesogénico o, si ese alejamiento no es posible, convencer a los miembros que lo comparten para que se unan al cambio.

El hábito saludable parte del disfrute: cuanto más sano y rico comes, mejor te sientes. Y eso engancha. Nadie va a cuidarnos mejor que nosotros mismos, y la forma en la que podemos hacerlo en comiendo bien, moviéndonos, y dejando de lado los hábitos insanos.

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