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Leche y productos 'sin lactosa', ¿son más saludables?
Muchos creen que la leche y otros lácteos o productos 'sin lactosa' son más saludables, pero solo son necesarios en caso de tener intolerancia a este tipo de azúcar. Conoce las ventajas e inconvenientes de optar por su ingesta.
Escrito por Beatriz Robles, Consultora experta en seguridad alimentaria

Qué es la lactosa: quién puede tomar y quién debe evitarla

En los últimos años se ha popularizado el consumo de leche y productos 'sin lactosa', con estimaciones de crecimiento del 27% cada año. Lógicamente, no es porque haya un incremento del 27% en la incidencia de patologías relacionadas con la digestión de la lactosa, sino que responde a otras motivaciones: muchas personas que no tienen problemas para digerir este azúcar optan por productos 'sin' pensando que son más saludables.

Así lo refleja AECOC, que indica que un 75% de estos consumidores voluntarios eligen productos sin lactosa porque los consideran “más sanos” y “más digestivos”. Sin embargo, esto no tiene ningún fundamento. Y para entender esta afirmación vamos a tratar de aclarar qué es la lactosa y por qué su ingesta no afecta a las personas sin intolerancia, y cómo sí perjudica de forma negativa a las personas con problemas para digerirla.

Qué es la lactosa

La lactosa es un hidrato de carbono simple, es decir, lo que comúnmente conocemos como 'azúcar'. Está formado por la unión de dos azúcares más sencillos (llamados monosacáridos), la glucosa y la galactosa.

Infografia Síntomas de la intolerancia a la lactosa

La leche contiene aproximadamente 4,7 gramos de lactosa por cada 100ml. Es importante destacar que, a pesar de ser un azúcar simple, cuando se encuentra en la leche y los lácteos la OMS no lo considera un azúcar libre, sino intrínseco. Por lo tanto, no conlleva efectos perjudiciales para la salud y no entra dentro del grupo de azúcares que tenemos que limitar en nuestra dieta.

Efectos adversos del consumo de lactosa

En condiciones normales, la lactosa se digiere en el intestino delgado. Las células que recubren la pared intestinal (enterocitos) producen la enzima β-galactosidasa (también conocida como lactasa), que rompe el enlace que une la glucosa y la galactosa. Estas moléculas son más pequeñas que la lactosa y pueden ser absorbidas y pasar a la sangre, que las transporta hasta los tejidos para servir como fuente de energía.

Sin embargo, las células intestinales de las personas que presentan intolerancia a la lactosa no son capaces de secretar esta enzima, aparece hipolactasia (déficit de lactasa). De esta forma, la lactosa no se digiere y llega íntegra al intestino grueso. La presencia de lactosa en esta zona del aparato digestivo tiene un efecto doble:

Tipos de intolerancia a la lactosa

En muy pocos casos, la intolerancia a la lactosa aparece desde el nacimiento, en cuyo caso se conoce como déficit primario congénito de lactasa y es la forma más grave, ya que el recién nacido no tolera la leche.

Infografía Intolerancia a la lactosa

Sin embargo, la intolerancia a la lactosa que se presenta tras el destete es una condición fisiológica absolutamente normal: se produce una reducción progresiva de la producción de esta enzima hasta llegar a mantener solo el 10% de la inicial. De hecho, se calcula que entre el 66% y el 75% de la población mundial tiene déficit de lactasa (con grandes variaciones según la etnia). En España, esta condición afecta a un 34% de la población.

Por último, hay un tipo de déficit secundario que aparece cuando hay una patología en el intestino delgado, por ejemplo, una gastroenteritis. Una vez superada la enfermedad, los enterocitos suelen recuperar la capacidad para producir lactasa en más o menos tiempo.

Debe quedar claro que la intolerancia a la lactosa no es una alergia alimentaria. Las alergias involucran al sistema inmune y, cuando la persona se expone al alérgeno, las reacciones adversas pueden ser muy graves y poner en riesgo su vida: es lo que sucede en el caso de la alergia a las proteínas de la leche.

Sin embargo, en las intolerancias alimentarias los efectos negativos se producen a nivel intestinal, y si bien pueden ser molestos y limitantes, no suponen un compromiso vital. Por lo tanto, la intolerancia a la lactosa no es alergia a la leche.

Pros y contras de tomar leche y productos 'sin lactosa'

Antes de lanzarse a comprar leche ‘sin lactosa’ u otros lácteos o productos 'sin lactosa' hay que saber si realmente hay una condición fisiológica que lo justifique. Muchas personas se autodiagnostican como alérgicos o intolerantes a un alimento y lo eliminan de su dieta sin razón. Un reciente estudio publicado en JAMA Network Open estimó que solo la mitad de las personas que se consideraban alérgicos, realmente sufrían esta condición.

Mujer con síntomas adversos a la lactosa de la leche

Esto, lejos de mejorar su estado de salud, puede suponer un problema doble: se eliminan grupos de alimentos de la dieta y, si realmente hay una patología digestiva, se puede dificultar el diagnóstico y retrasar el abordaje terapéutico.

Es muy positivo que los productos 'sin lactosa' inunden el mercado, porque eso supone que están accesibles para las personas con intolerancia a la lactosa (real y diagnosticada) a un precio razonable (aunque sigue siendo superior al de sus homólogos convencionales). Pero en el caso de la población general su ingesta no está justificada, no van a aportar ningún beneficio y, por contra, sí que puede suponer un problema.

Y es que, además de las evidentes restricciones dietéticas, la capacidad para producir lactasa es adaptativa. Si hay lactosa, producimos la enzima; si no hay lactosa, la lactasa va desapareciendo. Es decir, que podemos acabar siendo intolerantes a la lactosa simplemente por no exponernos a ella.

Además, el consumidor sin intolerancia que adquiera estos lácteos 'sin' estará pagando aproximadamente un 33% más por un producto que realmente no necesita.

Actualizado: 3 de Abril de 2019

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