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Un gen en aves cantoras puede ayudar a tratar los trastornos del habla

Un gen que influye en el aprendizaje del canto en los pájaros, y que también desempeña un importante papel en el lenguaje humano, podría ayudar a desarrollar terapias para los trastornos del habla.
Escrito por: Eva Salabert

02/04/2018

Ave cantora

Cuando los pájaros cantan baja la actividad del gen FoxP2 en una zona del cerebro involucrada en el control oral.

Estudiar los mecanismos que emplean las aves cantoras para aprender a cantar y los factores que influyen en dicho aprendizaje proporciona pistas relevantes sobre las causas de los trastornos del habla que afectan a las personas, y podría contribuir a desarrollar nuevas estrategias para abordar estos problemas, según ha revelado un estudio que se ha publicado en la revista eLife.

Los autores de la investigación, biólogos de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA), observaron que cuando los pájaros cantan se reduce la actividad de un gen maestro denominado FoxP2 en una zona clave del cerebro involucrada en el control oral, y que se conoce como Área X. La disminución de FoxP2 –que desempeña también un importante papel en el lenguaje humano– provoca cambios en la actividad de miles de genes.

Según Stephanie White, profesora de biología integrativa y fisiología en la UCLA, y autora del trabajo, FoxP2 y las alteraciones que origina pueden formar parte de las bases moleculares del desarrollo del lenguaje. Tanto en los seres humanos como en los pájaros, las células procesan este gen de manera que producen una versión larga y una versión corta de la proteína. La primera regula otros genes, mientas que se desconoce la función de la versión corta. Las personas que presentan una mutación en la versión larga sufren trastornos del habla.

En las aves cantoras, como en las personas, la adolescencia es un periodo en el que están más predispuestas a aprender habilidades comunicativas orales

El equipo de científicos empleó métodos similares a la terapia génica humana para insertar una versión de FoxP2 en ejemplares macho del diamante cebra o mandarín –un ave pequeñita, muy alegre y activa– para prevenir dicha reducción en el Área X, y consiguieron así que cuando estos pájaros cantaban sus niveles de FoxP2 no disminuyeran, sino que permanecieran elevados. Esta disociación en los niveles de FoxP2 en los cantos de las aves afectó a su capacidad de aprendizaje.

La adolescencia, una etapa clave en el desarrollo del lenguaje

En las aves cantoras, al igual que en las personas, la adolescencia supone un periodo crítico en el que están más y mejor predispuestas para aprender habilidades comunicativas orales. En este periodo los pájaros aprenden una canción que usarán posteriormente durante el cortejo, mientras que en el caso de los seres humanos se trata de la época en la que les resulta más fácil desarrollar sus habilidades lingüísticas.

Tras finalizar esta etapa es más difícil para las personas aprender nuevos idiomas, y para ciertas especies de aves aprender sus canciones; los diamantes cebra, en concreto, aprenden a cantar la canción del cortejo en un periodo de tiempo que oscila entre los 35 y los 100 días tras salir del huevo, y lo hacen a base del sistema ensayo y error, algo que, como ha explicado Stephanie White, demuestra por qué es tan necesario practicar las habilidades motrices una y otra vez para aprenderlas, y no es suficiente con que alguien te explique cómo hacerlo.

La investigadora ha añadido que existen muy pocos tratamientos para mejorar las discapacidades del habla porque los científicos tienen un escaso conocimientos de las bases moleculares de la comunicación oral, y que los hallazgos de este estudio pueden conducir al diseño de nuevos tratamientos para los trastornos del habla, incluyendo a los niños con autismo y a las personas que presentan mutaciones de FoxP2.

Esta experta y su equipo tienen intención de averiguar cómo afecta FoxP2 a miles de genes del diamante cebra, antes y después del periodo crítico de aprendizaje de estas aves, porque muchos de estos genes son esenciales para el desarrollo del lenguaje humano, y un abordaje farmacológico de estos mecanismos podría contribuir a desarrollar nuevos fármacos para tratar los déficits de comunicación que sufren algunas personas.

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