Los anticuerpos contra el COVID-19 permanecen más de tres meses

Dos nuevos estudios detectan anticuerpos específicos contra el coronavirus tanto en la sangre como en la saliva de pacientes que sobreviven a infecciones graves por COVID-19, más de 3 meses después de que manifestaran los primeros síntomas.
Escrito por: Eva Salabert

09/10/2020

COVID-19: anticuerpos duran varios meses

Una de las mucha incógnitas que quedan por despejar sobre el COVID-19 y sus consecuencias es durante cuánto tiempo se mantienen activos los anticuerpos que genera nuestro organismo para defenderse de esta infección. Ahora, dos nuevos estudios indican que los anticuerpos contra el coronavirus pueden permanecer en el sistema inmune como mínimo tres meses después de haber contraído el SARS-Cov-2.

Ambos trabajos señalan que los anticuerpos IgG son los que más tiempo perduran y se pueden detectar en la sangre y la saliva de los pacientes durante ese tiempo, por lo que la saliva también puede servir como alternativa a las muestras de sangre para realizar test de anticuerpos. Además, los resultados también sugieren que los anticuerpos IgG específicos del SARS-CoV-2 podrían constituir una potencial diana para detectar y evaluar las respuestas inmunitarias contra el coronavirus.

Confirman la persistencia de los anticuerpos en pacientes graves

En el primer estudio, que se ha publicado en Science Immunology, investigadores del Massachusetts General Hospital (MGH), en Estados Unidos, analizaron las respuestas de anticuerpos en la sangre de 343 personas que habían contraído COVID-19, la mayoría de los cuales tenían casos graves, hasta 122 días después de que se iniciaran sus síntomas, y después compararon dichas respuestas con las de 1.548 individuos que actuaron como grupo de control y habían sido analizados antes de la pandemia.

Las respuestas de los anticuerpos IgG dirigidas a las proteínas de espiga del coronavirus se mantenían más de 90 días en la mayoría de los pacientes estudiados

Los científicos se centraron en los anticuerpos específicos del dominio de unión al receptor de la proteína espiga del SARS-CoV-2 y estudiaron las sensibilidades de anticuerpos IgG, IgA e IgM para identificar personas que habían contraído la infección entre 15 y 28 semanas después del inicio de los síntomas, comprobando que IgM e IgA duraban poco, ya que sus niveles se reducían a los 49 y 71 días, respectivamente, tras el debut de los síntomas.

Por el contrario, las respuestas de los anticuerpos IgG dirigidas a las proteínas de espiga se mantenían más de 90 días en la mayoría de los pacientes estudiados. Estos niveles de IgG específicos se correlacionaron con los niveles de anticuerpos neutralizantes, que son los que proporcionan protección contra una nueva infección.

Los resultados del otro estudio, llevado a cabo por científicos de la Universidad de Toronto (Canadá) liderados por Jennifer Gommerman y también publicados en Science Immnology, son parecidos, ya que se observó que mientras los anticuerpos IgA e IgM, que se dirigen al dominio de unión al receptor de la proteína espiga del SARS-CoV-2, disminuían con rapidez, los IgG permanecían estables hasta más de 105 días después del inicio de los síntomas en 402 pacientes que habían sido diagnosticados con COVID-19.

Los anticuerpos IgG también se pueden detectar en la saliva

Gommerman, profesora de inmunología en la Universidad de Toronto, ha declarado que su trabajo muestra que los anticuerpos IgG “son relativamente duraderos, tanto en la sangre como en la saliva”, y que su estudio es el primero que ha demostrado que estos anticuerpos se pueden detectar también en la saliva, aunque, según la inmunóloga, "la saliva no es tan sensible como el suero".

Los anticuerpos IgG se pueden detectar también en la saliva, aunque "la saliva no es tan sensible como el suero"

Aunque aún falta conocer muchos aspectos sobre las respuestas de los anticuerpos a la infección por coronavirus, incluyendo su persistencia más allá del periodo de tiempo estudiado, así como el tipo de protección que confieren contra una posible reinfección, los hallazgos del trabajo podrían ayudar al desarrollo de una vacuna efectiva porque, según Gommerman, sugieren que si una vacuna se diseña correctamente podría inducir una respuesta de anticuerpos duradera contra este virus.

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