Coronavirus: tratamientos y vacunas en desarrollo para frenarlo

El tratamiento de COVID-19 –la enfermedad que provoca el nuevo coronavirus– depende de su gravedad. Analizamos los fármacos actuales y los antivirales, terapias con plasma y vacunas en estudio que buscan reducir sus complicaciones.
Tratamientos para el coronavirus

Actualizado: 8 de septiembre de 2020

Mientras los casos de coronavirus siguen expandiéndose por todo el mundo, la población se pregunta cómo puede tratarse el COVID-19, la enfermedad que provoca desde leves síntomas respiratorios a casos más graves e incluso fatales. Como evidencian los epidemiólogos, los seres humanos no tenemos inmunidad para este nuevo virus, por lo que no existe aún vacuna para prevenir el SARS-CoV-2, y los laboratorios y compañías farmacéuticas han iniciado hace semanas la carrera por alcanzar cuanto antes el hito de tener lista una vacuna o fármacos más eficaces para tratar esta infección. Analizamos en este artículo las opciones terapéuticas actuales de la que disponen los sistemas de salud para tratar a los pacientes, y todas aquellas terapias en estudio que se encuentran en estados más avanzados o con visos de poder utilizarse en los próximos meses para combatir esta epidemia.

En este sentido, los expertos estiman que la vacuna para prevenir la infección por SARS-CoV-2 tardará en desarrollarse un mínimo de un año, porque como nos ha explicado el Dr. Julio García Rodríguez, jefe del Servicio de Microbiología del Hospital La Paz (Madrid) y portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), aunque “ahora mismo hay como 10 u 11 ensayos de vacunas, las vacunas llevan su tiempo, y no se puede acelerar, y por eso todos pensamos que antes de un año y medio no vamos a disponer de una vacuna”.

Por ello, los científicos estudian alternativas terapéuticas para combatir COVID-19, la enfermedad que provoca este nuevo coronavirus y que puede cursar con síntomas leves similares a los de un catarro o gripe –en cuyo caso el tratamiento es sintomático con analgésicos como el paracetamol, destinados a aliviar las molestias del enfermo, pero que no tienen la capacidad de eliminar el virus–, o desencadenar una neumonía grave.

Hombre adulto mayor con fiebre por coronavirus

Las personas con síntomas graves como los de la neumonía, como fiebre elevada o dificultades respiratorias, requieren ingreso hospitalario para prevenir o reducir las complicaciones, y pueden necesitar soporte ventilatorio, entre otras medidas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha elaborado una guía en la que ofrece recomendaciones para el manejo de estos pacientes.

Remdesivir y antivirales para tratar a los pacientes graves con COVID-19

Es en los casos graves de COVID-19 en los que se hace más necesario el uso de medicamentos que puedan acabar con el patógeno y las complicaciones que provoca, y antivirales que se encuentran en fase de desarrollo o ya están aprobados para tratar otro tipo de enfermedades han resultado efectivos en algunos pacientes. Esta estrategia ya se empleó para tratar a personas que contrajeron el síndrome respiratorio agudo grave (SARS), que se identificó por primera vez en 2003 provocando un brote que afectó a más de 8.000 personas en todo el mundo, causando la muerte de 774.

La mayoría de los ensayos clínicos en marcha analizan la capacidad de diferentes drogas para inhibir componentes fundamentales para que se desarrolle el ciclo vital de la infección del SARS-CoV-2

Genéticamente el SARS-CoV-2 se parece mucho al SARS, y por eso determinadas combinaciones de antivirales podrían ayudar a contenerlo. De hecho, una terapia en la que se combinaron los fármacos antivirales ritonavir y lopinavir –que se administra a pacientes con VIH–, junto al interferón beta –que contribuye a que las células no sean infectadas–, se ha utilizado con éxito para tratar a un paciente de 62 años con COVID-19 ingresado en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla.

Uno de los fármacos que se había estado probando en países como China o Estados Unidos, el remdesivir –un antiviral que ya se usó para tratar el SARS, el MERS (síndrome respiratorio por coronavirus de Oriente Medio) y el ébola, y que ha curado a un paciente con COVID-19 en Estados Unidos, tal como se describe en New England Journal of Medicine–, fue aprobado por la FDA el pasado 1 de mayo para que se utilice como tratamiento de emergencia en pacientes graves hospitalizados por COVID-19.

A finales de junio la compañía farmacéutica Gilead, que ha desarrollado remdesivir, estableció su precio de venta a la sanidad pública en 390 dólares (alrededor de 348 euros) cada dosis, por lo que un tratamiento completo costaría unos 2.340 dólares por paciente (que equivalen a 2.090 euros). A continuación, el Gobierno de Estados Unidos llegó a un acuerdo con Gilead para adquirir la práctica totalidad del stock y la producción del fármaco hasta septiembre.

Nuevos estudios han demostrado sin embargo que la hidroxicloroquina (un medicamento contra la malaria), cuya eficacia contra el nuevo coronavirus se había comprobado en un estudio publicado en Cell Research, y que ha estado utilizando el propio presidente Donald Trump para prevenir la infección, no mejora la evolución del COVID-19 ni reduce sus tasas de mortalidad, y además puede causar efectos secundarios adversos, por lo que desaconsejan que se administre a estos pacientes. El 15 de junio, además, la FDA (Agencia Americana del Medicamento) revocó la autorización para uso de emergencia de la hidroxicloroquina, debido a que se ha comprobado que las formulaciones orales de la hidroxicloroquina y la cloroquina no resultan eficaces para el tratamiento del COVID-19.

tratamientos antivirales para el coronavirus

La mayoría de los ensayos clínicos en marcha analizan la capacidad de diferentes drogas para inhibir la actividad de componentes fundamentales para que se desarrolle el ciclo vital de la infección del SARS-CoV-2. Así, ritonavir y lopinavir actúan inhibiendo la proteasa, una enzima clave para que tanto el VIH como el coronavirus puedan replicarse y propagarse por el organismo humano; remdesivir inhibe la síntesis del código ARN del coronavirus, y cloroquina impide que el virus se introduzca en las células.

Remdesivir –un antiviral que ya se usó para tratar el SARS, el MERS y el ébola, y la cloroquina –un antimalárico– han mostrado eficacia contra COVID-19

Plitidepsina (Aplidin®), desarrollado por la compañía española PharmaMar para tratar cánceres hematológicos como el mieloma múltiple y cuyo uso está aprobado en Australia (no en Europa, ni en Estados Unidos) podría convertirse también en una opción para tratar a los pacientes con COVID-19. Según ha explicado José María Fernández Sousa-Faro, presidente de la compañía, la diana terapéutica de este fármaco es la proteína eEF1A2 –presente en nuestras células–, que el virus necesita para replicarse.

Favipiravir es otro antiviral que se ha probado con éxito en China en un estudio en el que participaron 80 personas, a 35 de las cuales se les administró. Los resultados mostraron que estos pacientes dieron negativo en las pruebas de detección del coronavirus en menos tiempo que aquellos que no recibieron el fármaco, según ha confirmado Zhan Xinmin, director del Centro Nacional de Desarrollo Biotecnológico de China, a la agencia de noticias Xinhua.

Además de los mencionados antivirales, se van incorporando otros fármacos al arsenal terapéutico que emplean los médicos para combatir el patógeno en los pacientes ingresados con síntomas graves. Es el caso del tocilizumab, un medicamento que se emplea para tratar la artritis reumatoide, y que el Ministerio de Sanidad ya ha incluido entre los recomendados.

Respecto al tratamiento antibiótico, en principio solo está indicado en pacientes pediátricos si existe sospecha de sobreinfección bacteriana, y en adultos podrían utilizarse si la clínica, la analítica o los resultados microbiológicos, así lo aconsejan. Un medicamento que se ha usado en China, pero que de momento no se ha incluido en España en las recomendaciones generales de tratamiento es el oseltamivir, que solo se empleará en casos de coinfección con gripe.

Corticosteroides para pacientes con COVID-19 graves y críticos

El 2 de septiembre la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó una guía para profesionales médicos sobre el uso de corticosteroides en pacientes con COVID-19, en la que recomendaba el empleo de estos fármacos para el tratamiento de los enfermos graves o en estado crítico, mientras que aconsejaba no utilizarlos en los pacientes con formas menos graves de la infección, por no haber demostrado beneficios en estos casos y considerar que incluso podrían resultar perjudiciales. Este tratamiento, advierte la OMS, siempre ha de estar bajo supervisión facultativa.

El trabajo para elaborar esta guía, realizada en colaboración con la organización sin ánimo de lucro Magic Evidence Ecosystem Foundation (MAGIC), comenzó el pasado 22 de junio cuando se publicaron los resultados preliminares del ensayo RECOVERY sobre los efectos de los corticosteroides, que fueron complementados por nuevas investigaciones sobre estos medicamentos, por lo que la guía proporciona información que se ha obtenido con la combinación de datos de ocho ensayos randomizados sobre el uso de corticosteroides sistémicos en el tratamiento del COVID-19.

Un derivado del plasma sanguíneo anti SARS-CoV-2

Otra de las terapias que abren una vía de esperanza para la recuperación de las personas que se han infectado con el nuevo coronavirus y presentan síntomas graves que pueden llegar a causarles la muerte, es un nuevo medicamento derivado del plasma sanguíneo que está desarrollando la multinacional farmacéutica japonesa Takeda.

Se trata de una globulina hiperinmune (H-IG) policlonal anti-SARS-Cov-2 –que han denominado TAK-888– indicada para tratar a los pacientes de alto riesgo con COVID-19, según ha informado la empresa en una nota de prensa, en la que ha explicado que este tipo de terapias han demostrado su efectividad para tratar infecciones respiratorias virales agudas graves.

Plasma enriquecido para tratar el coronavirus

Sin embargo, también han advertido que todavía es necesario comprobar tanto su seguridad, como su eficacia en el caso del nuevo coronavirus, y que para ello necesitarían acceder al plasma de individuos que hayan padecido COVID-19 y se hayan recuperado, porque en su organismo tienen anticuerpos contra el virus que podrían reducir la gravedad de la enfermedad en los infectados, e incluso prevenirla.

La farmacéutica japonesa Takeda está desarrollando un nuevo medicamento derivado del plasma sanguíneo –TAK-888– indicado para tratar a los pacientes de alto riesgo con COVID-19

El mecanismo de actuación de la H-IG consiste en concentrar los anticuerpos específicos contra el patógeno que se encuentran en el plasma de los donantes recuperados, o de aquellos que en un futuro se hayan vacunado, para transferírselos a un enfermo y que ayuden a su sistema inmune a luchar contra la infección.

El 24 de marzo, la FDA (Agencia Americana del Medicamento) autorizó la utilización de plasma procedente de la sangre de personas que se hubieran recuperado de la infección por coronavirus para tratar con él a pacientes con COVID-19 en estado crítico y cuya vida corriese peligro, previa solicitud de autorización, y el gobernador de la ciudad de Nueva York, Andrew Cuomo, también anunció que los hospitales de la metrópoli comenzarían a usar este tratamiento con los pacientes que lo necesiten. 
Los investigadores también esperan que esta terapia se pueda extender a las personas que presentan un elevado riesgo de contraer la enfermedad, como enfermeras y médicos, y los hospitales universitarios de todo el país planean comenzar ensayos clínicos controlados por placebo para comprobar la eficacia del tratamiento.
El 23 de agosto la Administración de Medicamentos y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) autorizó el uso de emergencia del plasma procedente de individuos que hubieran superado la infección por coronavirus para tratar a enfermos con COVID-19, tras comprobar su potencial eficacia en algunos pacientes.

Buscando una futura vacuna para prevenir el coronavirus

Respecto al desarrollo de una vacuna para prevenir el coronavirus, similar a la actual contra la gripe, la comunidad científica lleva meses investigando para conseguirlo. China compartió la secuencia genética del virus el pasado 12 de enero, y aunque un reciente estudio revela que es muy probable que el SARS-CoV-2 haya mutado en dos subtipos que han identificado como L-cov y S-cov, disponer de una profilaxis ayudaría a reducir significativamente su propagación.

Pero elaborar una vacuna preventiva pasa por una serie de fases que duran meses. Según explicó Isabel Sola en el programa de RTVE 'Coronavirus. Combatir el miedo', el reto de los científicos es descubrir los elementos que hacen este virus tan peligroso, y "a partir de ese conocimiento diseñar vacunas que permitan proteger contra una infección similar a esta, o descubrir terapias antivirales que puedan ayudar a combatirlo".

La viróloga explicó que el virus se está reconstruyendo con técnicas de biología molecular y, una vez hecho esto, deben identificar los elementos que lo hacen peligroso y mortal con el objetivo de atenuarlo para convertirlo en un candidato a vacuna que aunque esté atenuado sea capaz de inducir protección.

La vacuna elaborada con este virus debilitado tendría que probarse después en animales y, tras comprobar su seguridad y eficacia, sería necesario realizar ensayos clínicos con personas. Aun en el caso de que todas las etapas transcurran con normalidad, se necesita al menos un año para disponer de la vacuna.

En esta línea, a mediados de marzo han empezado a anunciarse los primeros brotes verdes, con los primeros ensayos de la vacuna frente al coronavirus en seres humanos, en un grupo de voluntarios sanos de Seattle. Mientras que la Academia Militar de Ciencias de China ha anunciado también que ha iniciado los ensayos clínicos en humanos de una vacuna contra el SARS-CoV-2 desarrollada "con éxito" y que podría estar preparada para "una producción a gran escala, segura y efectiva", aunque en ambos casos, recordamos, habrá que esperar un mínimo de 12 a 18 meses para su uso masivo.

En España, también se trabaja en varias líneas de investigación, y a inicios de abril el Ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, ha anunciado que esperan que un candidato a una vacuna completa y eficaz, de nivel mundial, esté lista en España "antes de finales de abril". El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) tiene en marcha tres proyectos para encontrar una vacuna anti-COVID-19. El más reciente aprovecha un procedimiento ya utilizado para crear una vacuna contra la leishmaniosis canina que se encuentra en fase IV de investigación, y que se basa en introducir un gen de un antígeno del SARS-CoV-2 en las células para inducir inmunidad en el receptor.

Al mismo tiempo, la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburgh ha anunciado también, en la primera investigación revisada por pares al respecto, un candidato a vacuna anti-COVID-19 –administrada mediante un parche–, probada con éxito en ratones, y que ha sido capaz de producir anticuerpos específicos para el coronavirus SARS-CoV-2 en una cantidad que se considera suficiente para neutralizar al patógeno.

Una investigación publicada en Science el 22 de mayo también arroja esperanzas sobre el desarrollo de vacunas eficaces, ya que en ella se han probado en macacos rhesus seis vacunas de ADN formuladas con diferentes variantes de la proteína viral clave, que han inducido respuestas de anticuerpos neutralizantes del SARS-CoV-2, protegiendo a los animales contra la infección.

Vacunas en investigación más avanzada

La vacuna ARNm-1273, desarrollada por la farmacéutica estadounidense Moderna, también obtuvo los primeros resultados positivos, según anunció la compañía a mediados de mayo, tras probarla en un ensayo en el que han participado 45 personas sanas, en ocho de las cuales desencadenó una respuesta inmune similar a la encontrada en pacientes con COVID-19 que se estaban recuperando de la infección. En julio comenzaron los ensayos en fase 3, en los que el fármaco será probado en más de 30.000 voluntarios.

La vacuna rusa Sputnik V, registrada en agosto por el Gobierno de Rusia y que se ha empezado a administrar a los profesionales sanitarios de este país, no se ha sometido a los controles establecidos para este tipo de medicamentos y la Organización Mundial de la Salud ha manifestado dudas sobre su seguridad y eficacia.

Otra de las vacunas en la que las investigaciones están más avanzadas es la desarrollada por AstraZeneca y la Universidad de Oxford, que ya se está probando en más de 10.000 voluntarios como parte de la fase 3 de ensayos clínicos, y se espera que en otoño esté lista para un posible uso de emergencia. De hecho, el pasado 14 de agosto la Comisión Europea llegó a un primer acuerdo con AstraZeneca por el que cuando esta vacuna haya demostrado su eficacia y seguridad adquirirá 300 millones de dosis, con la posibilidad de una adquisición adicional de otros 100 millones de dosis, que se distribuirán entre los Estados miembros que, como España, se hayan adherido a este acuerdo.

La farmacéutica alemana CureVac también está desarrollando su propia vacuna, que ya se encuentra en fase de ensayos clínicos y podría llegar al mercado a mediados de 2021. En este caso la Comisión Europea está negociando la posible adquisición de 225 millones de dosis en nombre de los Estados miembros de la Unión Europea en cuanto se hayan comprobado su seguridad y eficacia.

Creado: 10 de marzo de 2020

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