Los síntomas que refiere el paciente de urticaria, especialmente el picor, asociado a las ronchas características, con el halo rojizo alrededor, son indicativos para el diagnóstico de la urticaria. En la mayoría de los casos, si el médico visualiza estas lesiones, el diagnóstico es prácticamente seguro. Si además se aporta la información de un contacto con algún material, una picadura, algún alimento, etcétera, se podrá asegurar que se trata de una urticaria.

Cuando esto no se consigue, se pueden realizar pruebas cutáneas. Esto consistiría en administrar una dosis muy pequeña y controlada de un determinado alimento o de un medicamento, y observar en unos minutos la respuesta de la piel donde se ha depositado la gota. 

Los análisis de sangre no son muy útiles, aunque la cifra de eosinófilos puede estar elevada, y la búsqueda de anticuerpos antitiroideos puede resultar positiva en casos de urticaria crónica. En aquellas urticarias asociadas a algunas enfermedades inmunológicas, la determinación de anticuerpos, proteínas y transaminasas puede ser de utilidad. Así como también puede serlo la determinación de los factores del complemento.

La biopsia de la piel se reserva para casos que presentan muchas dudas en su diagnóstico y en aquellas con mala evolución o negativa respuesta al tratamiento.

Concretamente, ante situaciones como las siguientes:

  • Habones que permanecen más de dos días.
  • Lesiones puntiformes rojizas (púrpura) que quedan como secuelas tras la resolución de la urticaria.
  • Habones que solo aparecen en zonas articulares.
  • Escasa o nula respuesta a corticoides.
  • Anticuerpos antinucleares positivos (ANA) o velocidad de sedimentación globular muy elevada (VSG).

Creado: 4 de agosto de 2010

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