Al entrar en contacto con algún elemento que puede producir urticaria, el organismo reacciona poniendo en marcha una serie de mecanismos que acaban produciendo los principales síntomas de la urticaria: el edema (hinchazón), el prurito (picor) y el eritema (enrojecimiento). 

La lesión típica de la urticaria es un habón, bien delimitada, roja y palpable sobre la piel que palidece si la apretamos. Las lesiones pueden cambiar de tamaño con el paso de los minutos, agruparse y desaparecer sin ningún tipo de tratamiento. La característica que acompaña al habón es el picor intenso. Pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo.

Cuando la afectación es de la dermis y de las mucosas, a veces sin habones, hablaremos de angioedema, presentándose una sensación de quemazón intensa, con un aumento de la temperatura corporal. Típicamente se afectarán los labios, los párpados, las orejas y la piel de las manos. En estos casos es más frecuente que exista compromiso de la respiración.

En el caso de la urticaria crónica diversos factores pueden agravar la sintomatología como los trastornos de ansiedad, tomar ciertos medicamentos como la aspirina, o el consumo de alimentos que liberan histamina como fresas, chocolate, comidas picantes o muy especiadas…

No obstante, al ser un proceso alérgico y, por ello, complejo, a veces puede acompañarse de síntomas secundarios. Algunos de estos otros síntomas de la urticaria pueden ser:

Esto condiciona el tratamiento de la urticaria, siendo necesario un ataque más agresivo en ciertos casos. En el caso de que aparecieran taquicardia, hipotensión y asma, el cuadro es especialmente grave y requiere una atención médica urgente.

Creado: 4 de agosto de 2010

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