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Por qué la natación es buena para los niños con autismo

Los niños con TEA (Trastornos del Espectro Autista) presentan un riesgo 160 veces mayor de morir por ahogamiento que el resto de menores, por eso los expertos recomiendan apuntarles a clases de natación tempranas.
Niño con autismo nadando en la piscina

Las personas con autismo tienen una edad media de defunción de 36 años.

28 de Marzo de 2017

Uno de los mejores regalos que puede recibir un niño con autismo seguramente sea recibir clases de natación desde bien temprano. Al menos así lo pone sobre la mesa un nuevo estudio realizado por investigadores de la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia en Nueva York, que afirma que los menores con Trastornos del Espectro Autista (TEA) presentan más probabilidades de fallecer por asfixia, sofoco o ahogamiento. Concretamente, presentan un riesgo 160 mayor de morir por ahogamiento respecto a otros menores.

Según explica el investigador principal del trabajo, Guohua Li, muchos niños con autismo sienten una gran atracción por las grandes masas de agua, ya que la serenidad de esta les ayuda a calmar su ansiedad, provocada por su falta de comunicación y sus mermadas habilidades sociales. Algo que en muchas ocasiones puede acabar en una desgracia.

Muchos niños con autismo sienten una gran atracción por el agua, ya que la serenidad de esta les ayuda a calmar su ansiedad, pero conlleva un alto riesgo de ahogamiento

Para realizar este estudio, que ha sido publicado en la revista American Journal of Public Health, los investigadores analizaron un total de 32 millones de muertes que habían sido registradas por el Sistema Nacional de Estadística Vital de Estados Unidos durante los años 1999 y 2014. De todas ellas, seleccionaron 1.367 casos que pertenecían a personas diagnosticadas de TEA, en los que 1.043 eran del sexo masculino y 324 del sexo femenino. Lo que observaron fue, no solo que los pacientes con autismo tenían mayor riesgo de morir por lesiones (como ahogamientos, por ejemplo), sino que la cifra anual de fallecimientos documentados en personas con esta enfermedad había aumentado siete veces durante los últimos años.

Lo más alarmante que descubrieron durante la investigación es que los pacientes con trastornos del espectro autista suelen morir antes que el resto de la población. Concretamente, presentan una edad media de defunción de 36 años, frente a los 72 de la población sin autismo. Y hasta un 28% de las muertes están atribuidas a lesiones, como las provocadas por un ahogamiento. Cuatro de diez, ocurrieron en el hogar o en instituciones residenciales. Motivo principal por el que el investigador Li reivindica la necesidad que tiene este colectivo de ir a clases de natación desde bien temprano nada más ser diagnosticados –por lo general entre los 2 y 3 años de edad–. “Antes incluso que a cualquier otra terapia conductual o del habla, por ejemplo”, concluye rotundamente.

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