PUBLICIDAD

Reducir la proteína GRK2 protege frente al hígado graso no alcohólico

Científicos españoles han descubierto que reducir los niveles de la proteína GRK2 –que está aumentada en humanos que padecen hígado graso no alcohólico– puede proteger de los efectos de esta enfermedad hepática.
Escrito por: Caridad Ruiz

17/10/2018

Hígado graso

Investigadores del CIBERCV en la Universidad Autónoma de Madrid, en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, han demostrado en un estudio que en los pacientes con hígado graso no alcohólico los niveles de la proteína GRK2 están aumentados y que reducirlos ayudaría por tanto a prevenir esta enfermedad. En la investigación, publicada en la revista BBA-Molecular Basis of Disease, han colaborado varios grupos pertenecientes al Centro de Investigación Biomédica en Red (Ciber), CIBEREHD, CIBERDEM y CIBERER, y el Instituto de Investigación Sanitaria La Princesa (Madrid).

Para este estudio se utilizaron ratones genéticamente modificados. Así, demostraron que una reducción genética de la proteína GRK2 protegía a estos animales del desarrollo de esteatohepatitis no alcohólica, aunque se alimentaran con una dieta rica en grasas, una de las principales causas de esta enfermedad del hígado que aparece en pacientes abstemios o con bajo consumo de alcohol. Según el estudio, la disminución de esa proteína rebaja la acumulación de grasa en el hígado y evita la inflamación de este órgano, al tiempo que mejora la respuesta celular ante este tipo de dieta, por lo que podría ser una prometedora diana terapéutica para los pacientes que la padecen.

La disminución de la proteína GRK2 rebaja la acumulación de grasa en el hígado y evita la inflamación de este órgano, protegiendo del desarrollo de esteatohepatitis

Posible tratamiento para el hígado graso

Esta investigación señala a la proteína GRK2 como base de otros estudios para encontrar medicamentos que traten la enfermedad de hígado graso, la esteatohepatitis y otras patologías relacionadas con el síndrome metabólico. La proteína GRK2 está implicada en algunas patologías que suponen un riesgo para la enfermedad de hígado graso no alcohólico, como la resistencia a la insulina y la obesidad. Trabajos anteriores ya habían relacionado un menor nivel de este elemento con una disminución de la tensión arterial.

La enfermedad de hígado graso se produce como consecuencia de la acumulación de triglicéridos en el hígado, entre otros motivos por un exceso de sedentarismo y una dieta rica en grasas saturadas. Afecta aproximadamente al 5% de la población española y es la causa más frecuente de enfermedad hepática crónica en el mundo.

Con el debido tratamiento la esteatohepatitis no alcohólica es benigna y se controla bien, pero cuando junto con el hígado graso se produce una inflamación de este órgano puede progresar hasta causar cirrosis y cáncer de hígado y otras alteraciones patológicas, como enfermedades cardiovasculares.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD