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Detectan nuevos factores genéticos asociados al riesgo de ictus

El mayor estudio genético sobre el accidente cerebrovascular realizado hasta ahora ha identificado nuevos factores de riesgo asociados al ictus, que en algunos casos comparte con otras enfermedades vasculares.
Escrito por: Eva Salabert

14/03/2018

Ictus

Aunque se pensaba lo contrario, el ictus isquémico y el ictus hemorrágico comparten influencias genéticas.

Una investigación en la que se ha analizado el ADN de 521.612 personas de todo el mundo y diferentes características étnicas ha descubierto 22 nuevos factores de riesgo genéticos asociados al ictus o accidente cerebrovascular (ACV), lo que multiplica por tres la cantidad de regiones genéticas que se sabe que influyen en las probabilidades de padecer esta enfermedad.

Los individuos incluidos en el trabajo, que ha sido realizado por el consorcio internacional de investigación sobre el accidente cerebrovascular Megastroke, habían participado en 29 estudios anteriores, y 67.162 de ellos habían sufrido un ictus. Los investigadores examinaron millones de variantes genéticas, ya que las variantes individuales modifican el riesgo de ictus en un grado muy pequeño, y comprobaron que 32 regiones genómicas independientes estaban asociadas a esta patología.

Han descubierto nuevas vías metabólicas involucradas en el riesgo de sufrir un ictus, lo que contribuirá a encontrar dianas terapéuticas para prevenirlo

Se desconocía que dos tercios de estas regiones estaban relacionadas con el riesgo de ACV, y también se observó que esta enfermedad compartía influencias genéticas con otros trastornos vasculares como el tromboembolismo venoso, la enfermedad arterial coronaria, la fibrilación auricular, y otros factores de riesgo vascular como la hipertensión o la hiperlipidemia.

Ictus isquémico y hemorrágico comparten influencias genéticas

Los resultados del estudio, que se han publicado en Nature Genetics, también mostraron que el ictus isquémico –el más frecuente y que ocurre a consecuencia del taponamiento de una arteria– y el ictus hemorrágico –cuya causa es la rotura de una arteria–, compartían influencias genéticas, a pesar de que se pensaba que se producían por mecanismos opuestos.

Además, como ha explicado Israel Fernández, del grupo de investigación en Enfermedades Neurovasculares de Valle de Hebrón Instituto de Investigación (VHIR), y uno de los directores del estudio, han descubierto nuevas vías metabólicas involucradas en el riesgo de sufrir un ictus, lo que contribuirá a encontrar dianas terapéuticas y a desarrollar nuevos fármacos para prevenir su aparición.

Todos estos hallazgos han demostrado la capacidad de la genética para mejorar las dianas farmacológicas de los tratamientos antitrombóticos que se emplean para revertir la oclusión de los vasos sanguíneos o para prevenir problemas vasculares, según ha declarado Jordi Jiménez Conde, del grupo de investigación en Neurovascular del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (INIM), que es otro de los líderes del trabajo, que ha añadido que ya hay medicamentos en fase experimental que se están probando con el objetivo de desarrollar tratamientos personalizados basados en la evidencia.

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