Si el MERS-CoV mutara en África podría ser una amenaza de pandemia

Variaciones genéticas en el MERS-CoV predominante en África, el coronavirus que causa el síndrome respiratorio de Oriente Medio –una infección con alta letalidad–, hacen que no se haya convertido aún en una pandemia para los humanos.
Escrito por: Eva Salabert

10/06/2021

MERS-CoV: ¿posible amenaza pandémica?

La pandemia por COVID-19 nos ha demostrado el peligro que supone que un virus mute y adquiera la capacidad de infectar y transmitirse entre los seres humanos. Ahora, un grupo de científicos ha comprobado que el coronavirus MERS-CoV, responsable del síndrome respiratorio de Oriente Medio –una infección con una alta tasa de letalidad– no se ha convertido en una amenaza pandémica todavía debido a unas pocas variaciones en el genoma de este virus que han hecho que tenga una capacidad de infección y replicación mucho menor en África, donde se encuentra el 70% de los camellos infectados –el animal que puede ser un vehículo de contagio para los humanos–. El estudio que ha indagado en las causas de este enigma se ha publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

El MERS-CoV –cuyo origen apunta a los dromedarios infectados– se detectó por primera vez en Arabia Saudí en 2012. La infección que provocaba en las personas era muy grave, causando enfermedades pulmonares graves y la muerte de alrededor del 40% de los pacientes (una letalidad muy superior a la del SARS-CoV-2), la mayoría de los cuales habían tenido un estrecho contacto con camélidos. A diferencia del SARS-CoV-2, la transmisión del MERS-CoV de persona a persona es más limitada, y de hecho entonces se detectaron muy pocos casos de transmisión comunitaria.

“El MERS-CoV sigue siendo un virus de preocupación pandémica, incluso en plena COVID”

El mayor brote de MERS-CoV se produjo, sin embargo, en Corea del Sur en 2015, después de que un empresario coreano se infectara en un viaje a los países del Golfo. Desde entonces se han notificado los casos de unas 2.000 personas infectadas, más del 90% en Arabia Saudí y los países del Golfo. El reducido número de afectados y su concentración en una zona muy concreta del planeta han hecho olvidar la amenaza que supondría una epidemia a nivel global.

Una variante del MERS sería mucho más infectiva para los humanos

Análisis anteriores habían demostrado que cerca del 80% de los dromedarios presentan anticuerpos para MERS-CoV, por lo que han pasado la enfermedad. De ellos, el 70% se encuentran en África oriental, septentrional y occidental –donde la elevada población y las condiciones sociosanitarias podrían prever lo peor–, pero la enfermedad zoonótica MERS solo se informa en la Península Arábiga, mientras que el patógeno ha infectado a muy pocas personas en África, lo que constituía un misterio para los investigadores.

Por ello, decidieron averiguar las razones, para lo que obtuvieron muestras de este coronavirus en diferentes lugares de Oriente Medio y África (desde la de Marruecos a la de Egipto, pasando por las de Nigeria o Kenia) y compararon con la variante humana que desencadenó el brote de Corea del Sur y la dominante en Arabia Saudí.

Al modificar una variante africana mediante ingeniería genética para que tuviera los mismos aminóacidos que la arábiga, se volvió mucho más infectiva para las células humanas

Probaron los diferente virus en células pulmonares humanas y en ratones modificados genéticamente y observaron que tanto la variante humana (clado A) como la arábiga (clado B) infectaban y se replicaban con facilidad, mientras que las variantes africanas (clado C) eran hasta 100 veces menos capaces de replicarse de forma eficiente. Un estudio más completo reveló que las diferencias entre las variantes se debían a los aminoácidos en la ya famosa proteína S (la espícula que permite que los coronavirus se unan a las células). Al modificar una variante africana mediante ingeniería genética para que tuviera los mismos aminóacidos, dicha variante resulto mucho más infectiva en los cultivos de células humanas.

Malik Peiris, virólogo de la Universidad de Hong Kong y uno de los autores del trabajo, ha afirmado que “la mayoría de las amenazas de enfermedades infecciosas emergentes surgen de los animales”. Cada año se producen decenas de saltos de virus de animales a personas, pero solo en algunos casos se da la transmisión comunitaria, eso significa, explica Peiris que el patógeno “tiene la capacidad de transmitirse entre humanos, pero no se ha adaptado por completo para una transmisión humana sostenida”. Pero, advierte, “sabemos que en sus primeras etapas con el SARS de 2003 se dio una situación similar antes de que el virus se adaptara para adquirir la capacidad de esta transmisión sostenida. Por eso es que el MERS-CoV sigue siendo un virus de preocupación pandémica, incluso en plena COVID”.

Los hallazgos sugieren que el MERS-CoV ahora arraigado en la Península Arábiga (clado B) ha adquirido un mayor potencial patógeno para los humanos. Actualmente, el comercio de dromedarios entre estos dos continentes se da solo desde el Cuerno de África a la Península Arábiga, que es quién compra los camélidos. Pero en opinión de los expertos el riesgo estriba en que el comercio se diera en sentido inverso, por que, como señalan en su estudio, si se introducen en África virus patógenos del clado B de la Península Arábiga, es probable que se conviertan en dominantes, como lo han hecho en Arabia Saudí y los países del Golfo, y se relacionen con impactos adversos para la salud en África y una mayor amenaza pandémica.

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