Mayores y con obesidad, perfil de los supercontagiadores del COVID-19

Investigadores norteamericanos han descubierto los factores de riesgo que hacen que una persona se convierta en un supercontagiador del COVID-19, al parecer, al estar infectados, a mayor edad y obesidad, más gotitas virulentas expulsan.
Escrito por: Natalia Castejón

12/02/2021

Mayores con obesidad y COVID-19 son los que más propagan el virus

Todos los pacientes con COVID-19 no transmiten por igual el SARS-CoV-2, se sabe que algunas personas lo hacen más que otras, son los llamados ‘supercontagiadores’, un fenómeno al que cada vez más estudios dan crédito. Ahora, una investigación de la Universidad de Tulane, la Universidad de Harvard, el MIT y el Hospital General de Massachusetts (EE.UU.) han descubierto qué factores influyen en que un contagiado sea más o menos difusor del virus.

Según explican en el estudio, que se ha publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, la obesidad, la edad y la infección por COVID-19 están relacionados con una mayor tendencia a exhalar más gotitas respiratorias, la principal vía de transmisión de la enfermedad. Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron un estudio que incluía a 194 personas sanas –de entre 19 y 66 años– y otro experimental en primates con COVID-19.

A medida que avanza la infección las partículas virales del SARS-CoV-2 se hacen más pequeñas y numerosas, lo que favorece su dispersión

En los sujetos analizados se observó que aquellos que eran más mayores, tenían un índice de masa corporal (IMC) más elevado y estaban contagiados con el virus SARS-CoV-2 exhalaban tres veces más gotas respiratorias que los otros grupos que participaron en el estudio.

El 20% de los infectados causan el 80% de los contagios

Los principales datos obtenidos de la investigación indican que el 18% de los humanos representaban el 80% de las partículas exhaladas de todo el grupo, lo que sigue la regla 20/80 que señala que el 20% de los infectados causan el 80% de las transmisiones, una proporción que corresponde también a otras epidemias de enfermedades infecciosas.

Otro de los hallazgos expone que los aerosoles generados por los primates no humanos van aumentando en función al avance de la infección por el virus SARS-CoV-2, y llega a sus niveles más altos una semana después del contagio, antes de volver a la normalidad tras dos semanas. Por otro lado, observaron que las partículas virales se hacían más pequeñas durante la infección, alcanzando un tamaño de una micra en el pico de la infección.

Estas partículas al ser más pequeñas son más fáciles de expulsar a través de la respiración, habla o durante un ataque de tos, un síntoma muy común en la enfermedad, además, al ser de tamaño muy reducido se mantienen más tiempo en suspensión en el aire, viajan más lejos y tienen la capacidad de penetrar más profundo en los pulmones cuando son inhaladas. Según explican los autores, parece probable que las infecciones virales y bacterianas que ocurren en las vías respiratorias debiliten el moco, lo que facilita el movimiento de partículas infecciosas en el sistema respiratorio.

“Si bien nuestros resultados muestran que los jóvenes y sanos tienden a generar muchas menos gotitas que los mayores y menos sanos, también muestran que cualquiera de nosotros, cuando se infecta por COVID-19, puede correr el riesgo de producir una gran cantidad de gotitas respiratorias”, indica David Edwards, autor principal de la investigación, y alertan de que esto puede ocurrir también en las personas asintomáticas.

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