Descubren una nueva conexión entre los ojos y el tacto

Los científicos encuentran una conexión entre los pequeños movimientos del ojo y la capacidad para discriminar estímulos táctiles que podría indicar que ambos procesos comparten áreas del cerebro y recursos neurales y cognitivos.
Escrito por: Eva Salabert

09/07/2020

Descubren una conexión entre los ojos y el tacto

Un equipo de científicos ha descubierto que los movimientos casi imperceptibles de los ojos podrían usarse como un indicador de la habilidad de los humanos para anticiparse a información relevante procedente del entorno, con independencia de la información proporcionada por los principales sentidos. El trabajo de estos científicos revela que existe una conexión entre los movimientos oculares y el sentido del tacto.

“El hecho de que estos pequeños movimientos del ojo puedan dificultar nuestra habilidad para discriminar los estímulos táctiles, y que la supresión de dichos movimientos antes de un estímulo táctil previsto pueda potenciar la misma habilidad, puede indicar que los movimientos de los ojos y el procesamiento de los estímulos táctiles comparten áreas comunes del cerebro y recursos neurales y cognitivos”, explica Marisa Carrasco, profesora de psicología y ciencias neurales en la New York University (NYU) y autora principal del trabajo, que se ha publicado en Nature Communications.

Movimientos oculares y predicción táctil

Para llevar a cabo el estudio se pidió a los participantes que distinguieran entre dos tipos de vibraciones ('rápida' o alta frecuencia versus 'lenta' o baja frecuencia) que eran producidos por un dispositivo conectado a sus dedos. Los investigadores entonces monitorearon los movimientos involuntarios de sus ojos –conocidos como movimientos sacádicos– incluidos los más minúsculos (microsacadas).

Los movimientos sacádicos (pequeños y rápidos movimientos oculares) se producen incluso cuando intentamos fijar nuestra mirada en un punto

Estos pequeños y rápidos movimientos oculares se producen incluso cuando intentamos fijar nuestra mirada en un punto. En este caso, los participantes habían sido entrenados para focalizar su visión en un punto fijado en la pantalla de un ordenador. Una señal –un golpecito generado por el dispositivo que tenían en los dedos– anunciaría la vibración inminente. Lo que estos voluntarios no sabían es que el intervalo de tiempo entre cada señal y la vibración táctil desempeñaba un papel clave en el experimento.

La manipulación de dicho intervalo permitió que en algunas de las series los participantes fueran capaces de predecir con una mayor precisión cuándo se produciría la vibración. En concreto, cuando ellos disponían de esa información precisa, los investigadores podían ver que no solo disminuían las tasas de microsacadas justo antes del estímulo vibratorio, sino también cómo la supresión de estas microsacadas mejoraba su habilidad para distinguir entre las vibraciones rápidas y las lentas.

Stephanie Badde, investigadora posdoctoral y primera autora del artículo ha señalado que esta conexión entre los ojos y el tacto revela una sorprendente relación a través de la percepción, la cognición y el movimiento.

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