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En la actualidad, más del 40% de los tumores renales se diagnostican de forma accidental en una ecografía o un TAC abdominal que se realiza por cualquier otro motivo. Si se detecta precozmente, la tasa de supervivencia es de casi el 95%, ya que se pueden observar desde estadios muy tempranos, cuando la masa de células malignas es aún pequeña.

Los tres síntomas del cáncer de riñón más comunes son el dolor de la zona lumbar de la espalda –probablemente localizado en la zona del riñón afectado–, la hematuria o presencia de sangre en la orina (a simple vista o en un examen de una muestra de orina), y la palpación por el médico de una masa abdominal en los flancos del abdomen. La aparición de estos tres síntomas simultáneamente es rara, siendo la hematuria el hallazgo más frecuente. 

Se acompaña, además, de un cuadro muy inespecífico de fiebre, anemia, pérdida de peso y síntomas digestivos. 

Como justo encima del riñón se encuentra la glándula suprarrenal, en algunos casos también se originan alteraciones hormonales, que son las responsables de síntomas como hipertensión, aumento del calcio en la sangre, aumento de la viscosidad sanguínea y ginecomastia (agrandamiento de las mamas en el varón).

El cáncer de riñón puede dar metástasis a ganglios linfáticos regionales, pero también a otras zonas del organismo como pulmón, hígado, huesos y cerebro. En algunos casos aislados, la afectación de estos órganos puede ser la primera manifestación clínica.

Creado: 5 de diciembre de 2011

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