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Bebés y niños
Correpasillos, andadores y triciclos
Además de ser juguetes, estos aparatos son un complemento útil para el bebé durante el aprendizaje de la marcha. Pero, ¡cuidado!, no todos son recomendables, algunos pueden incluso entorpecer su desarrollo.
Escrito por Amparo Luque, Periodista experta en embarazo e infancia

Correpasillos, triciclos, andadores y tacatás, ¿cuál comprarles?

Correpasillos, andadores y triciclos

Existen muchos modelos de aparatos para los primeros pasos en el mercado, pero no todos cumplen la misma función.

Vosotros sois el mejor apoyo de vuestro hijo cuando empieza a dar sus primeros pasos (aún muy inseguros); en esos momentos, debéis acompañarle en este proceso para que aprenda a andar correctamente. Comprarle aparatos como los correpasillos y, posteriormente, triciclos, le ayudarán a evolucionar y a mejorar este aprendizaje. Y es que, aunque los consideramos juguetes, también cumplen una función complementaria: la de ayudar a nuestros bebés en su desarrollo físico y psicomotor.

Al montar sobre ellos, manejarlos y arrastrarlos, están interviniendo la fuerza, el equilibrio y la movilidad. Estos aparatos les permiten apoyar completamente la planta de sus pies y aprender a distribuir el peso de su cuerpo sobre ambas piernas mientras caminan. Además, les otorgan un extra de autonomía, para poder desplazarse y explorar lo que les rodea por su cuenta. Aunque es evidente que los padres tenéis que estar siempre pendientes de vuestro pequeño explorador inexperto.

Pero, ¡cuidado!, debéis tener claro que no todos estos aparatos son beneficiosos para vuestro bebé; es el caso de los polémicos andadores o tacatás, que están desaconsejados por los pediatras. Por eso es imprescindible estar bien informados y elegir correctamente lo más adecuado para tu pequeño.

Correpasillos sí, andadores no

Según la Asociación Española de Pediatría, los correpasillos y los triciclos sin pedales son apropiados para bebés de 12 a 18 meses, momento en el que empiezan a tenerse en pie y a dar sus primeros pasos. Mientras que, por el contrario, advierten de los peligros de los andadores, también llamados tacatás, que fueron muy populares en los años 70 y 80 pero hoy por hoy están desaconsejados.

En estos aparatos, el pequeño va metido dentro de un armazón y sujetado con un arnés, lo que no es precisamente el medio adecuado a la hora de estimularle para que aprenda a andar, ya que le obliga a estar demasiado tiempo erguido, con los pies más separados de lo normal e incluso con tendencia a estar de puntillas; y generando posturas forzadas (viéndose especialmente afectada la cadera). Así, el bebé va efectuando movimientos y posturas que no son naturales, lo que perjudica también al equilibrio, a la fortaleza de las extremidades (la fuerza recae principalmente en las pantorrillas y los tobillos, y no en los muslos) y a un posible mal desarrollo de éstas (por ejemplo, las piernas pueden arquearse). Es más, este aprendizaje erróneo llega a provocar el efecto contrario del deseado, es decir, retrasar la deambulación, como han señalado numerosos estudios.   

A esto se suma que este tipo de aparatos alcanzan bastante velocidad sin apenas esfuerzo del niño, lo que supone que no los puede controlar y conlleva varios riesgos tales como choques, vuelcos y golpes de diversa consideración. Las asociaciones de Pediatría han informado sobre numerosos casos de lesiones graves como traumatismos en la cabeza (esta suele quedar a la altura de muebles como las mesas, produciéndose muchos choques contra los bordes), fracturas o incluso, en el extremo, fallecimientos al caer por las escaleras.

Por todo ello, en países como Canadá está prohibida la venta de estos andadores y, en general, aunque no exista esta prohibición hay un consenso entre pediatras y otros colectivos médicos como los ortopedas o los fisioterapeutas pediátricos en desaconsejarlos y condenar su uso.

La alternativa son los correpasillos, que son más seguros y beneficiosos. En este caso, el pequeño sí que puede distribuir correctamente el peso sobre los pies, controlar la velocidad que alcanza y lograr posturas más adecuadas. Al impulsarse con las piernas, las ejercita, fortalece la zona lumbar y aprende a coordinar su cuerpo y a adquirir estabilidad. 

Actualizado: 25 de Abril de 2017

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Escrito por:

Amparo Luque

Periodista experta en embarazo e infancia
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'Fuente: 'Revista Public Health''