Las crisis de pánico pueden aparecer por primera vez sin previo aviso y de forma repentina, pero lo habitual es con frecuencia se inicien como consecuencia de determinadas situaciones. En cualquier caso, no podemos hablar de un solo factor de riesgo para el padecimiento de las crisis de pánico. El principal de ellos tiene que ver con una sobrecarga de los niveles de ansiedad que sufre el paciente lo que se asocia con el incremento de un neurotransmisor denominado adrenalina.

En multitud de estudios se ha postulado que existiría una alteración probablemente genética en estructuras cerebrales como la amígdala y el hipocampo que ante estímulos internos o externos desencadenarían la crisis o ataque de pánico. 

La crisis de angustia o ansiedad, por tanto, se basa en la interacción de varias de las siguientes causas:

  • Un elevado rasgo de ansiedad: las personas que tienden a interpretar un mayor número de situaciones como peligrosas o amenazantes tienen una mayor probabilidad de sufrir estos episodios.
  • Un error a la hora de interpretar las señales que le llegan de su propio cuerpo: hay personas que son muy sensibles e interpretan de manera muy alarmista determinadas señales biológicas como el ritmo cardiaco o la frecuencia respiratoria. Cuando sienten un cambio en alguno de ellos lo interpretan como amenazante desarrollando el círculo del pánico a partir de una activación del Sistema Nervioso Autónomo Simpático.
  • Factores genéticos: existe una incidencia ocho veces mayor que la población general en aquellos pacientes cuyos familiares de primer grado presentan este problema.
  • Acontecimientos vitales negativos: un diagnóstico grave o inesperado de una enfermedad o la muerte de un ser querido, un despido inesperado o incluso un divorcio pueden ser situaciones que incrementen el riesgo de que se desencadene un ataque de pánico.
  • Sucesos traumáticos: sufrir un accidente de tráfico, una agresión física o sexual, enterarte de que tu pareja te engaña… son momentos puntuales e inesperados que pueden propiciar un ataque de angustia o ansiedad. 
  • El consumo de sustancias que pueden alterar nuestro sistema nervioso: altas dosis de cafeína, consumo de estimulantes, etcétera. También el síndrome de abstinencia de algunas sustancias (alcohol, tabaco…) puede dar lugar a estos episodios.
  • Maltrato previo: el hecho de haber padecido de niño maltrato físico o abuso sexual puede ser un factor de influencia para el desarrollo de ataques de pánico en la edad adulta.
  • Padecimiento de algunas enfermedades: hipertiroidismo e hipotiroidismo, arritmias y otras.

Creado: 12 de enero de 2011

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