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Dieta y nutrición
Alergia a las proteínas de leche de vaca
La alergia a proteínas de la leche de vaca es la más frecuente entre los niños menores de dos años. La complejidad de llevar una dieta exenta de leche es grande, pero con estos consejos para padres podréis conseguirlo.
Escrito por Arantza Ruiz de las Heras, Dietista-Nutricionista, Complejo hospitalario de Navarra

Prevención y tratamiento de la alergia a las proteínas de leche de vaca

Parece que la lactancia materna mitiga el inicio de la alergia a las proteínas de leche de vaca (APLV) y, en la mayoría de los casos, los síntomas se ponen de manifiesto cuando se comienza a simultanear la lactancia materna con la lactancia artificial, ya que entonces el niño ingiere cantidades más grandes del antígeno presente en la leche del biberón.

En cuanto a la prevención de la APLV, es interesante señalar el dato del componente genético de la presencia de alergia. Así, los niños con padres alérgicos tienen más probabilidades de padecer una alergia. Si esto sucede, ya se pueden establecer medidas preventivas, como es el hecho de evitar la introducción precoz de leche de vaca en la diversificación alimentaria o la prolongación de la lactancia materna todo lo posible. En este caso, la madre lactante deberá seguir una dieta apta para alergia a proteínas de leche de vaca.

Cuidados y alternativas en la dieta del niño con APLV

En el caso de que el diagnóstico a través de una exhaustiva encuesta dietética contrastada con pruebas cutáneas y de provocación, dictamine que el niño padece alergia a proteínas de leche de vaca y no otro proceso malabsortivo, habrá que llevar a término una estricta dieta de exclusión del alimento que provoca la reacción inmunológica. Así, habrá que eliminar de la dieta la leche de vaca, y de otras especies animales por su similitud en cuanto a las proteínas conflictivas. Por supuesto, también será obligatorio eliminar cualquier producto elaborado con leche de vaca: derivados lácteos como yogures, quesos, flanes, natillas, mantequilla, salsas tipo bechamel, helados, cuajadas y similares.

Pero la dieta de exclusión no termina aquí. En la industria alimentaria, farmacéutica e, incluso, cosmética, se usan diversos componentes lácteos a modo de aditivos y podemos encontrar leche camuflada denominada caseinato, suero de leche, lactato ferroso, color caramelo, etcétera. La presencia de estos aditivos en alimentos como pan, fiambres, embutidos, golosinas, bollería, zumos, cereales hace que haya que vigilar muy de cerca todos los ingredientes y fijarse bien en las etiquetas de los productos que compramos.

En casos especialmente severos de alergia a las proteínas de leche de vaca, habrá que tener en cuenta también las trazas de ingredientes en los alimentos. En muchas etiquetas se puede leer la leyenda: “puede contener trazas de…” lo que significa que puede existir una contaminación en este producto porque en la misma empresa o recinto donde se fabrica o embala, también se trabaja con algún alimento que contiene el alérgeno en cuestión.

Como productos alternativos al consumo de leche de vaca se pueden administrar diferentes hidrolizados procedentes de la leche donde las proteínas han sido parcialmente rotas y han perdido su poder antígeno; fórmulas de origen vegetal, especialmente las de soja si no hay sintomatología digestiva y fórmulas elementales donde las proteínas se encuentran totalmente partidas en sus componentes básicos, aminoácidos.

Consejos para padres de niños con alergia a las proteínas de leche de vaca

  • Elegir, siempre que sea posible, alimentos naturales o poco procesados para evitar la presencia de compontes lácteos camuflados.
  • Leer atentamente el etiquetado de alimentos, bebidas y fármacos para identificar posibles compuestos con presencia láctea.
  • Reservar vajilla, cubiertos, cacerolas, tablas de cortar, vasos, etcétera, exclusivos para el miembro o miembros de la familia con alergia a proteínas de la leche de vaca y no mezclar utensilios que puedan contaminarlos.
  • Informar siempre que se vaya a comer fuera de casa del problema de alimentación del niño y, si no existe la seguridad en los platos, llevar una comida de emergencia.
  • Estar alerta y vigilar siempre la aparición de cualquier tipo de sintomatología indicativa de APLV.
  • Seguir estrictamente las pautas recomendadas por su pediatra, médico o especialista en alimentación.
  • Llevar una alimentación lo más variada, completa y saludable posible dentro de las restricciones que aconseje la alergia.

Actualizado: 17 de Agosto de 2017

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