Caminar 30 minutos reduce un 54% el riesgo de muerte tras un ictus

Las personas que caminan o trabajan en el jardín al menos tres o cuatro horas a la semana, o montan en bicicleta dos o tres horas semanales, tras superar un ictus, pueden tener un 54% menos riesgo de morir por cualquier causa.
Escrito por: Eva Salabert

13/08/2021

Ictus: caminar reduce riesgo de muerte

Los beneficios del ejercicio han sido ampliamente demostrados en numerosos estudios científicos, pero no solo sirve para mantenerse en buena forma y prevenir la aparición de problemas de salud, sino que también ayuda, por ejemplo, a la recuperación de pacientes que han superado una enfermedad. Un nuevo estudio ha encontrado que las personas que hacen actividades como caminar, labores de jardinería, o montar en bicicleta, varias horas a la semana después de sufrir un ictus pueden reducir su riesgo de mortalidad por cualquier causa hasta un 54%.

La investigación, que se ha publicado en la revista médica de la Academia Americana de Neurología, encontró que los más beneficiados eran los supervivientes de ictus más jóvenes; en concreto, el riesgo de muerte se redujo un 80% en los individuos de menos de 75 años que caminaron o trabajaron en el jardín un mínimo de tres o cuatro horas a la semana, montaron en bici dos o tres horas semanales, o hicieron un ejercicio similar durante esa cantidad de tiempo.

El riesgo de muerte tras un ictus se redujo un 80% en los individuos de menos de 75 años que caminaron o trabajaron en el jardín un mínimo de tres o cuatro horas a la semana

La mayor reducción en las tasas de mortalidad entre las personas que habían superado un ictus se observó entre los menores de 75 años; en ese grupo el 11% de los que practicaron la cantidad de ejercicio mínima murió, frente al 29% de los que no lo hicieron, y también fueron un 80% menos propensos a fallecer durante el seguimiento del estudio, mientras que aquellos con más de 75 años y que también se ejercitaron el tiempo referido obtuvieron beneficios, pero fueron un 32% menos propensos a morir.

El Dr. Raed A. Joundi de la Universidad de Calgary, miembro de la Academia Americana de Neurología y uno de los autores del estudio, afirma: “Nuestros resultados sugieren que dedicar un tiempo mínimo a la actividad física puede reducir la mortalidad a largo plazo por cualquier causa en los supervivientes de ictus”, y ha añadido “debemos hacer énfasis en particular sobre los supervivientes de ictus de menos edad, que son los que obtienen los mayores beneficios de caminar tan solo 30 minutos al día”.

Actividad física como terapia tras el ictus

En el estudio se analizaron los datos de 895 personas con una media de edad de 72 años que había sufrido previamente un accidente cerebrovascular, y 97.805 personas con una media de edad de 63, que no habían presentado esta afección. La actividad física media semanal se evaluó con preguntas acerca de cuánto caminaban, corrían, trabajaban en el jardín, entrenaban con peso, montaban en bicicleta y nadaban.

Por ejemplo, se les preguntó: “En los últimos tres meses, ¿cuántas veces caminaron para hacer ejercicio y durante cuánto tiempo en cada ocasión?”. Los investigadores se sirvieron de la frecuencia y duración de cada tipo de actividad física para calcular la cantidad total de ejercicio. Los investigadores siguieron a los participantes durante una media de alrededor de cuatro años y medio. Tras tener en cuenta otros factores que podrían afectar al riesgo de muerte como la edad y el consumo de tabaco, encontraron que el 25% de las personas que habían tenido un ictus previamente murieron por cualquier causa en comparación con el 6% de las que fallecieron en el grupo que no había sufrido un evento de este tipo.

“Un mejor conocimiento del rol de la actividad física en la salud de los supervivientes de un ictus es necesario para ayudar a estos individuos a vivir más”

En el grupo de los pacientes que habían superado un ictus el 15% de los individuos que practicaron ejercicio al menos el equivalente a tres o cuatro horas de caminata por semana murieron durante el seguimiento, en comparación con el 33% de los que no realizaron esa cantidad de ejercicio como mínimo. En el grupo de los que no habían tenido nunca un ictus murió el 4% de los que se ejercitó esa cantidad de tiempo, frente al 8% de fallecimientos entre los que no lo habían hecho.

“Un mejor conocimiento del rol de la actividad física en la salud de las personas que han sobrevivido a un ictus es necesario para diseñar mejores terapias de ejercicio y campañas de salud pública, de modo que podamos ayudar a estos individuos a vivir más”, ha dicho el Dr. Raed A. Joundi, que concluye: “Nuestros resultados son emocionantes porque caminar tan solo tres o cuatro horas a la semana se asocia con una gran reducción en la mortalidad, algo que puede ser accesible para muchos ciudadanos que han sufrido un ictus. Además, encontramos personas que incluso lograron mayores beneficios caminando seis o siete horas a la semanas Estos resultados pueden tener implicaciones en las recomendaciones para los supervivientes de ictus en un futuro”.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD