La aspirina no mejora la supervivencia de los pacientes con COVID-19

La administración de aspirina a pacientes hospitalizados con COVID-19 grave no previene la necesidad de ventilación mecánica invasiva, ni mejora sus probabilidades de supervivencia, según un amplio ensayo clínico.
Escrito por: Eva Salabert

10/06/2021

COVID: aspirina no mejora supervivencia

Los pacientes con COVID-19 tienen un mayor riesgo de que se formen coágulos en sus vasos sanguíneos, especialmente en los pulmones, y se barajaba la posibilidad de que dar aspirina a los que están graves podría prevenir este problema y mejorar su pronóstico, ya que este fármaco se usa ampliamente para reducir los coágulos sanguíneos en otras patologías. De hecho, un trabajo realizado en marzo por investigadores de la Universidad George Washington (Estados Unidos) mostró que este medicamento podía reducir las complicaciones y muertes por COVID-19.

Ahora, sin embargo, el ensayo clínico RECOVERY de la Universidad de Oxford, en el que han participado alrededor de 15.000 pacientes hospitalizados a causa de esta enfermedad entre noviembre de 2020 y marzo de 2021, ha encontrado que la administración de aspirina no aumenta las probabilidades de supervivencia de estos enfermos. Los resultados del estudio se publicarán próximamente en el repositorio medRxiv y han sido sometidos a una revisión por pares para su publicación en una revista científica.

La aspirina no redujo el riesgo de empeorar

De forma aleatoria se seleccionó a 7.351 pacientes para que tomaran 150 mg de aspirina una vez al día, mientras que otros 7.541 recibieron los cuidados tradicionales. No se hallaron evidencias de que el tratamiento con aspirina redujese la mortalidad, ni hubo diferencias significativas en la variable principal estudiada que era la mortalidad en el día 28, y que fue de un 17% en ambos grupos. En los pacientes a los que se administró aspirina se acortó ligeramente la duración del ingreso hospitalario (una media de ocho días versus 9 días), y una gran proporción de ellos recibió el alta hospitalaria dentro de los 28 días (el 75% versus el 74%).

En los pacientes a los que se administró aspirina se acortó ligeramente la duración del ingreso hospitalario (una media de ocho días versus 9 días)

Entre aquellos que no precisaron ventilación mecánica invasiva de partida, no hubo diferencias significativas en la proporción de los que empeoraron y necesitaron dicha ventilación mecánica o murieron (21% versus 22%). Por cada 1.000 pacientes tratados con aspirina, aproximadamente seis pacientes más experimentaron un evento de hemorragia grave, y alrededor de seis experimentaron menos eventos tromboembólicos.

Peter Horby, profesor de enfermedades infecciosas emergentes en el Nuffield Department of Medicine de la Universidad de Oxford, e investigador jefe en el ensayo RECOVERY ha dicho: “Los datos muestran que en los pacientes hospitalizados con COVID-19, la aspirina no se asoció con una reducción de la mortalidad en el día 28 ni del riesgo de empeorar y necesitar ventilación mecánica invasiva o morir. Aunque la aspirina está asociada con un pequeño incremento en las probabilidades de sobrevivir y recibir el alta hospitalaria, no parece que eso sea suficiente para justificar su amplio uso en los pacientes hospitalizados con COVID-19”.

“Los coágulos sanguíneos pueden ser los responsables del deterioro de la función pulmonar y la muerte en los pacientes con COVID-19 grave”

Otro de los responsables del estudio, Martin Landray, profesor de medicina y epidemiología en el Nuffield Department of Population Health de la Universidad de Oxford, ha señalado que existen fuertes indicios de que “los coágulos sanguíneos pueden ser los responsables del deterioro de la función pulmonar y la muerte en los pacientes con COVID-19 grave”, y que dado que la aspirina es un fármaco barato y ampliamente usado en otras enfermedades para reducir el riesgo de estos coágulos resulta decepcionante que no tuviera un mayor efecto en estos pacientes. Por ello, continúa, es tan importan llevar a cabo grandes ensayos aleatorizados que permitan determinar qué tratamientos funcionan y cuáles no.

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