Las vacunas ARNm inducen una protección inmune duradera de células T

Las vacunas de ARN mensajero (ARNm) contra el COVID-19 inducen una respuesta rápida, potente y duradera de las células T, consideradas la 'armadura pesada del sistema inmune' por su gran capacidad para eliminar virus.
Escrito por: Eva Salabert

19/08/2021

Vacunas ARNm

Para comprobar la respuesta inmune contra el SARS-CoV-2 se suele analizar la presencia de anticuerpos neutralizantes del coronavirus en la sangre, pero hay otros elementos que nos defienden contra patógenos externos, como las células T, que están consideradas como la 'armadura pesada' del sistema inmunológico, porque constituyen una importante fuente de protección contra los patógenos, potencialmente más duradera. Sin embargo, hasta ahora se tienen pocos datos sobre la respuesta de estas células que generan las vacunas contra el COVID-19.

Una nueva investigación realizada por investigadores de la Escuela de Medicina Perelman en la Universidad de Pennsylvania (EE.UU.) ha comprobado que las vacunas de ARN mensajero (ARNm) (Pfizer/BioNTech y Moderna) inducen una rápida, potente y duradera respuesta de las células T inmunes. Para llegar a esta conclusión los autores del trabajo, que se ha publicado en la revista científica Inmunity, estudiaron las respuestas de las células T en 47 individuos sanos a los que se habían administrado dos dosis de una de las vacunas ARNm. De ellos, 36 no tenían antecedentes de COVID-19, mientras que los otros 11 habían superado previamente la enfermedad.

“Necesitamos observar las células T, no solo los anticuerpos, si queremos una imagen completa de la respuesta a la vacuna”

Al examinar las respuestas de las células T a la vacuna de ARNm en todos los participantes, los investigadores observaron que en el grupo que no había pasado el COVID la primera dosis de la vacuna provocó una respuesta rápida y fuerte de las células T auxiliares o células T CD4, algunas de las cuales ayudan a generar una respuesta de anticuerpos, mientras que otras impulsan la proliferación de linfocitos T asesinos CD8. También comprobaron que por lo general las células T asesinas –capaces de eliminar directamente las células infectadas por virus que detectan no solían aparecer en grandes cantidades hasta que se completaba la pauta de vacunación con la segunda dosis.

En el caso de los participantes que habían superado el COVID-19, por el contrario, las células T auxiliares y asesinas específicas para el SARS-CoV-2 ya estaban presentes de forma sustancial antes de recibir la primera dosis, su número aumentó ligeramente tras su administración, pero no se incrementó significativamente tras la segunda dosis.

Los investigadores comprobaron además que la respuesta de las células T en las semanas posteriores a la vacunación con ARNm incluía los tipos de células T que normalmente provoca una infección natural, y se sabe que por lo general la infección viral natural tiene la capacidad de estimular la protección de las células T que dura años, e incluso décadas.

Haber tenido COVID-19 es como haber recibido una dosis de la vacuna

En el estudio se ha descubierto cómo se desarrolla la respuesta de las células T a las vacunas ARNm, y demuestra que es muy importante que las personas que no han pasado el COVID reciban las dos dosis del fármaco, mientras que también se comprobó que en las personas que habían superado la enfermedad la respuesta inmune de las células T era potente tras la primera dosis y no se produjo un aumento significativo tras la segunda dosis, algo que se podría tener en cuenta en posibles dosis de refuerzo en el futuro.

En aquellos que habían superado el COVID las células T específicas para el SARS-CoV-2 ya estaban presentes de forma sustancial antes de recibir la vacuna

“Nuestros hallazgos subrayan el hecho de que necesitamos observar las células T, no solo los anticuerpos, si queremos una imagen completa de la respuesta a la vacuna para aquellos que no han tenido COVID-19 y para aquellos que se han recuperado de la enfermedad”, ha afirmado E. John Wherry, autor principal del estudio y presidente del departamento de Farmacología de Sistemas y Terapéutica Traslacional y director del Instituto Penn de Inmunología en la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania.

“Para las personas que no han tenido COVID-19, la primera dosis sirve como preparación y la segunda dosis enciende todo el motor. Pero haber tenido COVID-19 es como haber recibido la primera dosis de la vacuna. Es importante señalar, sin embargo, que una comprensión completa de la importancia relativa de estas respuestas de células T en comparación con los anticuerpos, en la protección de futuras infecciones, requerirá estudios clínicos más amplios”, explicó Wherry, que concluye: “Necesitamos hacer estudios de seguimiento para confirmar la longevidad de la respuesta de las células T a la vacunación, pero nuestros resultados respaldan la idea de que esa respuesta puede ser duradera”.

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