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Vinculan los antiácidos a un aumento del riesgo de depresión mayor

Tomar de manera habitual medicamentos antiácidos, diseñados para proteger el estómago, puede llegar a provocar depresión mayor como consecuencia de una alteración en las bacterias del intestino.
Escrito por: Natalia Castejón

15/03/2018

Persona con antiácidos para el estómago

Las alteraciones en la flora intestinal aumentan el riesgo de tener depresión, ansiedad y deterioro cognitivo.

Un consumo habitual de medicamentos destinados a proteger el estómago, también llamados antiácidos o inhibidores de bombas de protones, podría aumentar el riesgo de desarrollar depresión mayor. Este ha sido el hallazgo de un estudio publicado en la revista Psychotherapy and Psychosomatics.

La investigación ha contado con la participación de más de 11.000 personas, concretamente 2.366 pacientes que tomaban antiácidos y tuvieron depresión, que fueron comparados con 9.465 individuos que también ingerían estos fármacos pero que no presentaron este trastorno mental. Después de un ajuste en cuanto a sexo, edad o si habían tenido ansiedad o abuso de sustancias, se encontró que aquellos que habían tomado una mayor dosis diaria acumulada de protectores estomacales para tratar enfermedades relacionadas con la acidez, como el reflujo gastroesofágico, eran más proclives a tener depresión durante un tiempo prolongado (depresión mayor).

La alteración de la flora intestinal, vinculada a la depresión

Según Wei-Sheng Huang, autor principal de la investigación, las causas de esta relación podrían estar en el intestino. Al parecer, los medicamentos inhibidores de la bomba de protones alteran las bacterias presentes en el intestino, lo que influye en la salud mental. Además, también pueden interferir en la absorción de nutrientes en esta zona del aparato digestivo, en especial del magnesio y de la vitamina B12, cuyo déficit se ha asociado con una prevalencia mayor de depresión.

Los antiácidos alteran la microbiota, que no es capaz de absorber algunos nutrientes como el magnesio o la vitamina B12, cuyo déficit se asocia a la depresión

Estudios anteriores han demostrado que las alteraciones en la flora intestinal aumentaban las probabilidades de tener depresión, ansiedad y deterioro cognitivo, pues el intestino tiene la capacidad de hacer que el cerebro genere ciertas hormonas o neurotransmisores, que intervienen en sus funciones.

Los fármacos que se analizaron en la investigación fueron el pantoprazol, rabeprazol, lansoprazol, esomeprazol y omeprazol. Los tres primeros generaron un aumento considerado del riesgo de depresión, mientras que los dos últimos solo presentaron una tendencia significativa, según los autores. Aun así, advierten de que se deben prescribir con cautela y que se deben realizar más estudios al respecto para confirmar este vínculo.

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