Identifican dos posibles brechas en la 'armadura' del coronavirus

Identifican dos de las dianas seleccionadas por anticuerpos de pacientes tras superar el COVID-19, que intervienen en el proceso que usa el coronavirus para infectar las células y podrían ayudar a desarrollar una vacuna o tratamiento efectivos.
Escrito por: Eva Salabert

25/06/2020

Debilidades en la coraza del coronavirus

Localización de los 3 sitios de unión dominantes de los anticuerpos humanos en el coronavirus SARS-CoV-2 (UNIGE)

Los test serológicos que se utilizan para comprobar si un individuo ha desarrollado anticuerpos contra el coronavirus no proporcionan información sobre la zona específica del SARS-CoV-2 a la que se unen los anticuerpos, una información que resulta esencial para determinar la habilidad del sistema inmune humano para neutralizar el virus y eliminar la infección.

Científicos de la Universidad de Ginebra (UNIGE) y el Geneva University Hospitals (HUG) han identificado tres de las dianas seleccionadas con mayor frecuencia por los anticuerpos de un grupo de pacientes que han superado el COVID-19, dos de las cuales están involucradas en el procedimiento que emplea el virus para introducir su material genético en las células humanas.

La diana u objetivo específico de un anticuerpo se denomina epítopo, y la identificación de dianas tan específicas es fundamental para desarrollar vacunas y tratamientos efectivos contra el coronavirus, sobre todo si se demuestra que pueden ser neutralizados –algo que todavía se desconoce.

Diferentes respuestas inmunes frente al SARS-CoV-2

Nicolas Winssinger, profesor del Departamento de Química Orgánica en la Facultad de Ciencias de la UNIGE, ha explicado que el organismo humano produce continuamente una gran variedad de anticuerpos de manera aleatoria y que existen trillones de ellos, todos diferentes, que esperan el ataque de un potencial invasor para marcar un objetivo que sea destruido por el sistema inmunitario. Cuando aparece un nuevo patógeno como el coronavirus algunos de estos anticuerpos son capaces de unirse a él y desencadenar una respuesta inmune efectiva. Sin embargo, no todo el mundo selecciona los mismos anticuerpos y, por lo tanto, no todos desarrollamos la misma respuesta inmune.

Los dos epítopes identificados podrían ayudar a buscar un nuevo tratamiento o vacuna contra el COVID-19

La actual pandemia de COVID-19 se caracteriza por la elevada diversidad de respuestas inmunitarias frente al coronavirus que causa esta enfermedad; así, mientras algunas personas que han contraído la infección son asintomáticas, otras en cambio sufren síntomas graves o incluso letales. Para comprender mejor esta diversidad los científicos, dirigidos por Winssinger y  Vuilleumier, profesor en el Departamento de Medicina de la UNIGE y jefe médico del Laboratory Medicine Division de HUG, intentaron averiguar cuáles eran los anticuerpos preferentemente seleccionados entre las personas que habían tenido COVID-19 centrándose en las zonas específicas del agente infeccioso a las que se habían unido.

 

 

En el estudio participaron 12 pacientes y los resultados obtenidos confirmaron que las respuestas inmunes estaban lejos de ser uniformes. El único elemento común que compartían todos ellos era que generaron anticuerpos dirigidos a las espigas que cubren la superficie del coronavirus y a las que el patógeno debe su nombre, pero se unieron a zonas muy diferentes de estas proteínas.

Sin embargo, los investigadores identificaron tres áreas que eran seleccionadas con mayor frecuencia, y dos de ellas correspondían a sitios de unión que resultan esenciales para proteínas especiales (proteasas), que permiten al SARS-CoV-2 unirse a la membrana de las células y liberar su material genético en el interior de su presa.

Capacidad de los anticuerpos para neutralizar al coronavirus

El profesor Winssinge afirma que estos resultados les sorprendieron porque hasta ahora la mayoría de los estudios desarrollados en esta área se habían centrado en la parte superior de la espiga, que se sabe que facilita que el coronavirus se una a la célula objetivo, y añade que aunque la fusión del virus con la célula es solo la segunda fase del proceso, en realidad es primordial.

De hecho, unirse a una célula no garantiza que el virus pueda introducirse en ella. Además, el problema con la parte superior de la espiga es que no es necesariamente una diana ideal para un fármaco o vacuna, y puede incluso resultar peligroso. Estudios en monos infectados con SARS-CoV1 –el virus que causó la epidemia en 2003 y forma parte de la misma familia de coronavirus que el actual– mostraron que los anticuerpos que se adhieren a esta zona no siempre evitan que los virus se unan a las células que son su objetivo. Estas investigaciones también demostraron que los redirigen hacia otro tipo de células provocando la aparición de enfermedades mediadas por anticuerpos.

Los dos epítopes identificados por los autores del nuevo trabajo, que se ha publicado en medRxiv –un repositorio para estudios que aún no han sido sometidos a las revisiones necesarias antes de su publicación en revistas científicas de prestigio–, sin embargo, están involucrados en procesos muy diferentes, lo que significa que podrían ofrecer una alternativa más prometedora y menos arriesgada en la búsqueda de un nuevo tratamiento o vacuna, aunque antes de esto es necesario determinar la capacidad de los correspondientes anticuerpos para neutralizar el SARS-CoV-2.

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