El trasplante fecal podría revertir signos del envejecimiento cerebral

El trasplante fecal podría revertir los signos de envejecimiento en el cerebro, ya que un experimento en ratones ha mostrado que trasplantar heces de los jóvenes a los ancianos tiene un efecto positivo en el aprendizaje y la memoria.
Escrito por: Eva Salabert

12/08/2021

Trasplante fecal rejuvenece el cerebro

A medida que envejecemos nuestro cerebro se vuelva más lento y sufrimos despistes; así, por ejemplo es frecuente que olvidemos dónde hemos dejado las gafas, o que tengamos dificultades para adquirir nuevas habilidades. Un experimento realizado en ratones, sin embargo, puede suponer una esperanza a la hora de evitar algunos de estos inconvenientes, aunque en ello intervenga nada menos que el intestino, nuestro 'segundo cerebro'. Y es que el nuevo estudio muestra que el trasplante de heces de ratones jóvenes a ejemplares mayores puede dar marcha atrás al reloj de un cerebro envejecido.

Las bacterias presentes en nuestros intestinos ejercen una gran influencia tanto en nuestro estado de ánimo, como en la salud en general. La flora intestinal también experimenta cambios a lo largo de la vida, pero mientras algunos estudios han mostrado que la sangre joven puede tener efectos rejuvenecedores en los ratones ancianos, el impacto del microbioma en el deterioro cognitivo asociado a la edad no estaba claro.

El hipocampo de los ratones viejos –una región del cerebro asociada al aprendizaje y la memoria– empezó a asemejarse física y químicamente al hipocampo de los jóvenes

Para probar si un joven microbioma podría revertir los signos de envejecimiento, los investigadores tomaron muestras fecales de ratones de 3-4 meses de edad, el equivalente a jóvenes adultos, y los trasplantaron a animales de 20 meses de edad, que en el caso de los ratones se consideran ancianos. Administraron a estos últimos una papilla de heces utilizando una sonda de alimentación dos veces por semana durante ocho semanas. Como grupo de control algunos ratones ancianos recibieron trasplantes de compañeros de su misma edad y también algunos de los jóvenes recibieron un trasplante fecal de sus coetáneos.

Lo primero que observó el equipo fue que el microbioma intestinal de los ratones ancianos que recibieron el de los jóvenes comenzó a parecerse al de estos. Por ejemplo, el Enterococcus, un microbio intestinal común comenzó a ser mucho más abundante en los ratones viejos, al igual que ocurre en los jóvenes.

Cambios en el cerebro de los ratones tras el trasplante de heces

Y también se produjeron cambios en el cerebro. El hipocampo de los ratones viejos –una región del cerebro asociada al aprendizaje y la memoria– empezó a asemejarse más física y químicamente al hipocampo de los roedores jóvenes. Además, estos también aprendieron a resolver laberintos con mayor rapidez y recordaron mejor el trazado del laberinto en los siguientes intentos, según informó el equipo de científicos en Nature Aging. Ninguno de estos efectos se observó en los ratones ancianos a los que se administraron heces de sus coetáneos.

“Lo bueno sobre nuestro microbioma –al contrario de lo que sucede con nuestro genoma– es que lo podemos cambiar”

“Es casi como si pudiéramos apretar el botón de retroceso en el proceso de envejecimiento”, ha dicho John Cryan, neurocientífico del University College Cork, que ha liderado el nuevo estudio. Sin embargo, algunas cosas no experimentaron cambios significativos en los ratones viejos que recibieron heces de los jóvenes, por ejemplo, muchos tipos de bacterias intestinales continuaron como estaban, y los animales no se volvieron más sociales, lo que Cryan encontró sorprendente, ya que en otros estudio había visto que el microbioma tenía un impacto sobre las interacciones sociales.

Arya Biragyn, biólogo molecular en el Instituto Nacional de Envejecimiento, ha dicho que le hubiera gustado que el equipo realizara más experimentos para comprobar cómo cambió realmente el microbioma en los ratones ancianos, ya que los investigadores analizaron las diferencias en la flora intestinal justo después del trasplante, por lo que no hay forma de saber si los nuevos microbios realmente se han quedado allí o solo estaban de paso, alega.

El propio Cryan se muestra cauto sobre dar el salto a los humanos con el experimento, dado que el estudio se ha basado por completo en roedores, aunque, según él, los hallazgos del trabajo suponen una esperanza. “Lo bueno sobre nuestro microbioma –al contrario de lo que sucede con nuestro genoma– es que lo podemos cambiar”.

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