Desde 1969 existe una vacuna contra la rubéola. Con la administración de la vacuna se introducen virus debilitados en el organismo, de este modo, el propio sistema inmune será capaz de combatirlo sin dar apenas sintomatología. Gracias a que los anticuerpos específicos contra la infección permanecen de por vida en el tejido linfático, el individuo queda inmunizado frente a una nueva infección.

Algunos de los efectos secundarios de la vacuna contra la rubéola son dolor articular y fiebre, aunque la tolerancia es bastante buena en general. En España, la vacuna se denomina 'triple vírica' debido a que se administran tres virus de forma simultánea: el de la rubéola, el del sarampión y el de la parotiditis (paperas). Se precisan dos dosis: la primera debe darse entre los 12 y los 15 meses, y la segunda a los 3 años de edad.

Es conveniente la vacunación de aquellos adultos que no recibieron la vacuna en la infancia, porque esto contribuye a disminuir la incidencia de la enfermedad, lo que resulta especialmente importante en mujeres en edad fértil. En ocasiones la rubéola no presenta síntomas, o estos son muy similares a los de otra enfermedad, como el sarampión, por lo que para comprobar si una persona está inmunizada se debe realizar una prueba que detecte la presencia en suero de Ig G (ig G + por ELISA) y, si el resultado de la prueba es negativo, significa que puede contraer la enfermedad y debería recibir una dosis de la triple vírica.

Las mujeres embarazadas no pueden vacunarse contra la rubéola (de hecho, se debe evitar la concepción hasta tres meses después de la administración de la vacuna), por lo que, si carecen de anticuerpos (defensas) contra la enfermedad, es imprescindible que eviten el contacto con cualquier persona que pudiera estar infectada y que se vacunen después del parto para futuros embarazos.

Creado: 18 de septiembre de 2011

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