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La ingesta de grasas y comida basura aumenta las ganas de comer

Los alimentos ricos en grasas típicos de la comida basura provocan la inflamación de unas células del cerebro, y un nuevo estudio ha relacionado dicha inflamación con un incremento de las ganas de comer y mayor riesgo de obesidad.
La ingesta de grasas y comida basura aumenta las ganas de comer

El consumo habitual de grasas inflama la microglía, unas células del hipotálamo.

10 de Julio de 2017

El consumo habitual de una dieta que incluya una elevada cantidad de grasas –una de las principales características de la comida basura– inflama la microglía, compuesta por las células del sistema inmune del cerebro localizadas en el hipotálamo, y esta inflamación se asocia a un incremento del apetito y a un mayor riesgo de sufrir sobrepeso u obesidad, según ha revelado un nuevo estudio realizado con ratones, y que se ha publicado en Cell Metabolism.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores utilizaron ratones a los que previamente se les eliminaron o se les desactivaron genéticamente las células de la microglía. Aunque a estos animales se les ofrecieron alimentos saturados de grasas, comieron hasta un 15% menos y perdieron hasta un 40% de peso. Sin embargo, si se provocaba una inflamación de dichas células en los roedores que no habían sido modificados, y se les ofrecía el mismo tipo de dieta, comenzaban a comer un 33% más, y su peso se incrementaba hasta cuatro veces.

Cuando a los ratones se les eliminaron o se les desactivaron genéticamente las células de la microglía, aunque se les ofreció una dieta rica en grasas, comieron hasta un 15% menos y perdieron hasta el 40% de peso

Los investigadores señalan que este hallazgo sugiere que un tipo de alimentación que incluya una elevada cantidad de grasas provoca una inflamación de las células de la microglía en el hipotálamo, lo que a su vez favorece que aumenten las ganas de comer y, especialmente, el deseo de ingerir comida basura. Los resultados de este estudio abren nuevas vías para abordar el tratamiento de la obesidad desde una perspectiva diferente.

El cerebro siente un apetito innato por las grasas

El cerebro de los seres humanos está programado para sentir un apetito natural hacia las grasas, algo que ayudó a sobrevivir a nuestros antepasados, que necesitaban proveerse de este nutriente y acumularlo para poder mantener una vida activa y sobrevivir en épocas de escasez. El problema se ha producido cuando en las sociedades del bienestar y el sedentarismo, nuestro deseo de comer grasas se ha mantenido, a pesar de que ahora necesitamos mucha menos cantidad, lo que ha derivado en una epidemia de obesidad.

Como ha explicado el científico español Martín Valdearcos, investigador en la Universidad de California en San Francisco (EE.UU.) y principal autor del trabajo,en la actualidad disponemos de fármacos que actúan directamente sobre las neuronas que regulan el apetito, pero además de no ser muy específicos presentan la desventaja de causar efectos secundarios indeseados, como depresión y ansiedad. Por ello, resultaría más sencillo intervenir sobre las células de la microglía, ya que se ha observado que las personas obesas tienen dichas células inflamadas, al igual que los roedores que participaron en el ensayo, algo que no sucede en el caso de los individuos con peso normal.

Los investigadores tienen ahora la intención de analizar el mecanismo por el que la ingesta de grasas produce la inflamación de estas células cerebrales, y también desean evaluar los efectos del fármaco PLX3977 –que se encuentra en fase de ensayo clínico en enfermos de leucemia y otras patologías–, cuya forma de actuar es igual a la de la droga que utilizaron para eliminar la microglía en los ratones que adelgazaron significativamente, para comprobar así si los pacientes obtienen beneficios similares.

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