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Homosexualidad y bisexualidad están presentes en el mundo animal

Más de 1.500 especies de animales en la naturaleza presentan comportamientos homosexuales o bisexuales, que dejan a un lado la reproducción con un claro objetivo de experimentar placer o afecto, entre otros.
Los animales también son homosexuales y bisexuales

La homosexualidad se contempla con naturalidad, por ejemplo, entre osos, aves, sapos, jirafas, primates, o pingüinos.

09 de Septiembre de 2016

En el mundo animal la homosexualidad y la bisexualidad también están presentes de diversas maneras: desde el cortejo o el apareamiento, hasta la crianza de las crías o factores de tipo sentimental y vida en pareja. De hecho, la mayoría de las opciones sexuales y emocionales humanas las podemos encontrar en la naturaleza. Sin embargo, el debate en torno a este asunto pone en contraposición la visión más científica, que mantiene que los comportamientos homosexuales no son invenciones humanas ni innaturales, y la de quienes sostienen que dicho comportamiento animal tiene más que ver con cuestiones de tipo moral que con científicas. Desde esta última perspectiva no tienen cabida, por tanto, los comportamiento sexuales que no conducen hacia la reproducción de la especie.

La mayoría de las opciones sexuales y emocionales humanas las podemos encontrar en la naturaleza, sin que ello pueda ser considerado como algo innatural

De acuerdo con el zoólogo Petter Böckman, de la Universidad de Oslo, alrededor de 1.500 especies de animales cuentan con individuos que se aparean o mantienen relaciones sentimentales con otros de su mismo sexo. Se contempla la homosexualidad con naturalidad entre osos, aves, sapos, jirafas, primates, o pingüinos. Por ejemplo, en algunas especies de aves se encuentran hembras que depositan los huevos en el nido de un individuo del mismo sexo, delegando en ella la cría. La razón de este tipo de actos no tiene que ver con una pérdida de la pareja, o con la falta de machos disponibles en la zona, sino con una elección natural y libre. Otras especies de animales, como es el caso de los monos, utilizan el sexo como una forma de disfrute, sin objetivo reproductivo, pero también como una forma más de relacionarse a nivel social: instaura jerarquías, transmite afecto, y asegura la cohesión del grupo.

Otros estudios han revelado que determinados actos homosexuales en los animales pueden deberse a episodios puntuales causados por condiciones específicas de cautiverio obligado (granjas, zoológicos, hogares con varios individuos del mismo sexo, etcétera), o estrés, lo que no haría sino confirmar otro factor extrapolable a lo que puede ocurrir entre los seres humanos, por ejemplo, en las cárceles, o durante largos conflictos de tipo bélico.

Diferente es la concepción de determinadas conductas homosexuales como sistema de defensa. Así, según una de las publicaciones del etólogo italiano Giorgio Celli, editada en los años 70 por la Editorial Longanesi, determinadas especies utilizan la homosexualidad en la naturaleza como una forma natural de autorregulación de la fertilidad. Es decir, como un mecanismo de protección contra la superpoblación cuando ésta puede suponer un peligro para la supervivencia de la especie, hecho que el mundo animal no comparte con los humanos; prueba de ello es la explosión demográfica: según la Organización de Naciones Unidas (ONU) la población mundial ha superado en 2015 los 7.300 millones de personas.

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