Dra. Esther Samper

Dra. en Ingeniería Tisular Cardiovascular, máster en Biotecnología, médica y autora de ‘El lado oscuro de la farmacia’
En las farmacias encontramos vitaminas, suplementos nutricionales, artículos de higiene… La Dra. Esther Samper nos descubre cómo distinguir los productos beneficiosos para la salud de aquellos que carecen de eficacia demostrada.
Dra. Esther Samper
“Hay medicamentos 'dinosaurios' que se deberían haber extinguido hace tiempo porque se aprobaron con poca evidencia científica, cuando las exigencias de los ensayos clínicos no eran tan altas como ahora”
Escrito por: Eva Salabert

13/04/2022

Además de medicamentos, en las farmacias podemos encontrar desde vitaminas y complementos nutricionales, hasta cosméticos o productos de higiene o bienestar, para el cuidado de la piel… El simple hecho de que se vendan en un establecimiento sanitario nos proporciona sensación de seguridad respecto a su eficacia, pero realmente ¿es siempre así? Esther Samper, licenciada en Medicina, doctora en Ingeniería Tisular Cardiovascular y máster en Biotecnología Biomédica, investigadora y divulgadora, acaba de publicar El lado oculto de la farmacia. Las medias verdades y mentiras que se esconden entre sus estanterías (Planeta), una guía donde ofrece información contrastada sobre los beneficios reales de los productos que se comercializan en estos establecimientos y desmonta la publicidad engañosa que acompaña a los que prometen acabar con gripes y resfriados, a los artículos antimosquitos que recomendarían los propios insectos, o a los que se venden como quemagrasas, entre otros muchos. Esta investigadora y divulgadora científica, creadora del blog medtempus.com, nos explica cómo ‘separar el grano de la paja’ y aprender a distinguir lo que es beneficioso para la salud de aquello que no tiene eficacia demostrada.

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¿Por qué has decidido escribir este libro y a quién va dirigido? Supongo que la referencia en el título al ‘lado oculto de la farmacia’ no significa que tengas nada contra las farmacias o los farmacéuticos…

Portada 'El lado oculto de la farmacia'

No, de hecho, es un análisis que se centra en los productos que podemos encontrar en farmacias y, como analizo en el libro, hay diversos colectivos que son responsables de que estén ahí, de que se vendan, se receten, de que la ley permita que existan… En el libro intento que sea un análisis bastante global en cuanto a estos productos.

Respecto al origen de este libro, todo empezó en diciembre de 2019, que me encontraba viendo la televisión y en cuestión de tan solo unos minutos me topé con anuncios de productos de salud claramente engañosos y me indignó bastante. Fue como la gota que colmó el vaso, y a partir de ahí realicé diferentes acciones divulgativas, explicando a través de las redes sociales la ineficacia de estos productos, con denuncias a autocontrol sobre productos engañosos que se encontraban en farmacias para que fueran retirados.

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Meses después de llevar a cabo estas actividades divulgativas una editora de Planeta me propuso escribir un libro y, como no especificó una temática en particular, yo no lo dudé mucho y le propuse que el libro se centrase en productos que podíamos encontrar en la farmacia y que supuestamente eran de salud, pero no contaban con respaldo científico.

Así que es una especie de guía para que los consumidores vean qué tienen de verdad y de mentira los productos que se pueden adquirir en la farmacia…

Exactamente. Es una miniguía para la población general, para alertar sobre determinados productos que, o no cuentan con eficacia para ninguna indicación, como sucede con la homeopatía –que es un caso extremo–, u otros como los antidepresivos, que sí son eficaces para tratar las depresiones graves, pero que no están indicados para depresiones leves, ni para muchas de las moderadas, porque las probabilidades de que proporcionen beneficios son muy reducidas, y la presencia de efectos adversos hace que se desaconsejen. Lo que ocurre detrás de la prescripción de estos productos es que hay un déficit muy importante de profesionales de la salud mental, como psicólogos o psiquiatras.

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Una de las cosas que me ha llamado la atención es que dices que, tanto en el mercado farmacéutico español como en el europeo hay medicamentos de dudosa o incluso nula eficacia, pero que siguen ahí. ¿Por qué no se han retirado o sustituido por otros que sí sean eficaces?

Hay varias razones. Entre otras, por ejemplo, que hay medicamentos que yo llamo dinosaurios, que se deberían haber extinguido hace ya tiempo porque en su día se aprobaron con una evidencia científica bastante dudosa, hace ya bastantes décadas, cuando las exigencias de los ensayos clínicos no eran tan altas como ahora, y ahí tenemos el ejemplo del Fluimucil –de la acetilcisteína–, que se ha recetado y se consume muchísimo contra los mocos en gripes y resfriados, y realmente no tenemos ninguna evidencia científica sólida de que tenga utilidad para esta indicación.

Detrás de la prescripción de antidepresivos hay un déficit muy importante de profesionales de la salud mental, como psicólogos o psiquiatras

En otras ocasiones lo que pasa es que inicialmente diversos medicamentos en los ensayos clínicos demuestran eficacia, pero con el paso del tiempo y conforme van saliendo más estudios, o se van conociendo más efectos adversos, se decide retirarlos. No es nada raro que con el paso del tiempo unos medicamentos desaparezcan y otros nuevos los sustituyan, porque vamos encontrando alternativas más seguras o eficaces para diversas enfermedades y molestias de salud.

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En el libro hablas de diversos medicamentos poco eficaces contra gripes y resfriados, como el que acabas de mencionar, pero es más preocupante todavía el uso inadecuado de los antibióticos, que puede generar resistencias bacterianas que son muy peligrosas. ¿Por qué tenemos la percepción de que los antibióticos lo curan todo?

Es un grave problema porque está bastante implantada esta idea de que si hay fiebre y hay una infección hay que administrar antibióticos, y para nada. En la absoluta mayoría de los casos son infecciones virales, pasajeras, y que provocan síntomas que son molestos, y que sobre todo en los niños puede provocar sufrimiento, pero en general si no hay ninguna complicación y no hay ningún signo que indique una infección bacteriana, no hay que prescribir antibióticos.

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Y el mal uso de estos medicamentos tan necesarios está llevando a que cada vez haya más muertes en el mundo a causa de infecciones por bacterias que son resistentes a multitud de antibióticos. Lo que llamamos superbacterias, que son un problema que se está agravando con el tiempo y se calcula que para 2050, de seguir esta tendencia, podría convertirse en una de las principales causas de muerte, así que realmente todos deberíamos ser muy cuidadosos con el uso de antibióticos.

Vitaminas y suplementos nutricionales: cuándo son necesarios

El consumo de vitaminas y suplementos nutricionales está muy extendido y se utilizan tanto para prevenir problemas de salud, como para retrasar el envejecimiento, en el caso de los que prometen efectos rejuvenecedores sobre la piel, el cabello, etcétera. ¿Cuándo crees que estarían recomendados, y cuándo no se deberían tomar?

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Los casos para los que están indicados los complementos dietéticos y nutricionales están muy definidos. En general, no son sustitutos de una dieta sana y equilibrada y, además, por ley, tienen que poner esto en el etiquetado. Están destinados por ejemplo a mujeres embarazadas, deportistas de élite, personas que tengan algún tipo de enfermedad que impida que absorban bien ciertos nutrientes…, en estos casos puede estar indicado tomar este tipo de complementos que pueden ayudar o garantizar que estas personas reciben todos los nutrientes necesarios.

No es raro que con el paso del tiempo unos medicamentos desaparezcan y otros los sustituyan, porque vamos encontrando alternativas más seguras o eficaces

Por ejemplo, un complemento dietético muy utilizado por las embarazadas es el ácido fólico, que toman para asegurar que no haya malformaciones del tubo neural del bebé, y es un caso muy claro de cuando realmente el complemento dietético puede ser muy útil. Pero, como digo, son casos muy limitados, y en personas sanas, sin ninguna enfermedad y que lleven una dieta saludable y equilibrada, los complementos dietéticos en general son totalmente innecesarios.

¿Y pueden llegar a resultar perjudiciales?

Normalmente para que hagan un daño claro tienen que haber un consumo excesivo; por ejemplo, si hay una ingesta muy alta de determinadas vitaminas, como las liposolubles –que pueden acumularse en el cuerpo–, que ese consumo se mantenga durante mucho tiempo… En ese caso sí podríamos ver diversos daños en la salud.

Además, no sabemos cómo afecta a la salud a largo plazo el consumo crónico de complementos dietéticos sin necesidad en términos de envejecimiento, de aparición de enfermedades cardiovasculares o de cáncer… Hay pocos estudios clínicos sobre cómo afectan realmente estos productos a la salud a largo plazo. Inicialmente se pensaba, por ejemplo, que tomar antioxidantes de forma habitual podía hacer que estuviéramos más protegidos contra el envejecimiento y el cáncer, pero lo que se está viendo en algunos estudios es que parece ser justo lo contrario.

En personas sanas y que lleven una dieta saludable y equilibrada, los complementos dietéticos en general son totalmente innecesarios

Como digo, todavía no está claro, pero no parece para nada que el consumo a largo plazo de complementos dietéticos esté justificado para tener una buena salud si estamos perfectamente sanos y tenemos una dieta sana y equilibrada.

A raíz de la pandemia por COVID-19, por ejemplo, la gente tiene mucho miedo a que el hecho de tener las defensas bajas le impida defenderse bien de la enfermedad si se contagian. Pero ¿existen complementos alimenticios que esté demostrado que potencian las defensas?

No, y además se crea una necesidad irreal porque las personas en general no tenemos las defensas bajas. Es totalmente normal que pillemos alguna gripe o algún resfriado de vez en cuando si no hemos estado expuestos previamente a esos microorganismos, y aunque en realidad tuviéramos las defensas bajas estos productos no servirían para nada, porque realmente lo que contienen son ciertos nutrientes en suficiente cantidad para que contribuyan al normal funcionamiento del sistema inmunitario. Y esto no es realmente una ayuda ni un refuerzo, simplemente significa que son componentes que contribuyen a su normal funcionamiento. Es una connotación muy diferente y con la que juega la publicidad engañosa.

Publicidad engañosa de los productos ‘milagro’

¿Por qué crees tú que se permiten eslóganes publicitarios como “potenciar las defensas”, “combatir el colesterol, o las enfermedades asociadas al envejecimiento y el cáncer”, “ayudar a la salud del corazón”, “reducir la grasa corporal, o controlar el peso”, si son realmente engañosos y no dicen la verdad?

La verdad es que no entiendo por qué las autoridades, tanto de consumo, como desde el Ministerio de Sanidad, no emprenden acciones más contundentes, porque en muchos casos se cometen ilegalidades totalmente obvias. Por ejemplo, los productos que se anuncian como quemagrasas y en cuyo etiquetado pone literalmente quemagrasas cometen una ilegalidad clara, y siguen ahí porque los fabricantes no reciben en muchos casos sanciones económicas y cuando tienen ese tipo de reclamos saben que las ventas aumentan; las empresas que fabrican estos productos saben perfectamente que esto les conviene y siguen haciendo publicidad engañosa.

No sabemos cómo afecta a la salud a largo plazo el consumo crónico de complementos dietéticos sin necesidad en términos de envejecimiento, de aparición de enfermedades cardiovasculares o de cáncer…

Sí es verdad que de vez en cuando el Ministerio de Consumo analiza los complementos dietéticos y observa muchas infracciones, pero si cada vez que esto pasa gran parte de estos productos siguen incumpliendo la ley, es porque realmente no se está actuando de forma realmente contundente contra este tipo de productos engañosos.

Creo que, además, dan una falsa sensación de seguridad, ya que puedes llegar a pensar que como ya estás tomando alguno de esos productos que te ‘ayudan’ a controlar el colesterol, igual no pasa nada porque te comas un donut.

Es una especie de comodín, en el sentido de que es una forma sencilla de cuidar mi salud porque estoy tomando más nutrientes que son muy necesarios y eso va a beneficiar mi salud sin esfuerzo; es una solución rápida y sencilla que llama mucho al consumidor, porque a todos nos gusta que algo sea fácil y sencillo para estar más sanos.

En la farmacia también encontramos otros productos indicados para ciertos problemas y con los que así evitarías tomar medicamentos; es el caso, por ejemplo, de los compuestos que incluyen ingredientes como melatonina o triptófano para conciliar mejor el sueño. ¿Se ha comprobado su eficacia?

Con respecto a la melatonina sí que parece que hay cierta evidencia científica sobre su utilidad para combatir el jet lag, y por ejemplo sobre el insomnio se ha visto algún efecto positivo en niños y para tratar trastornos específicos del sueño. En casos en los que la primera fase del sueño vaya con retraso se han visto ciertos indicios de eficacia demostrada. En cambio, para el insomnio crónico en adultos no hay todavía pruebas claras sobre la efectividad de la melatonina.

El hecho de que en las farmacias se puedan adquirir todos estos productos de los que hablamos, ¿no proporciona una falsa sensación de seguridad y eficacia al consumidor, que no tendría si los comprara por ejemplo en una perfumería o en un supermercado?

Eso es uno de los hechos que critico en el libro porque precisamente el que un producto esté en la farmacia nos da mayor sensación de seguridad y de garantía; de hecho, muchas personas cuando tienen que comprar productos que se pueden encontrar tanto en el supermercado, como en la farmacia, prefieren ir a la farmacia porque les ofrece más garantía, sobre todo si son productos de salud. Al fin y al cabo, aunque sean negocios privados, son establecimientos sanitarios, y mucha gente que ve en las estanterías determinados productos con mensajes engañosos piensa que si el farmacéutico los ha colocado ahí es porque realmente tienen un efecto demostrado.

Homeopatía y plantas medicinales: posibles riesgos

Dedicas un capítulo completo a la homeopatía, a la que calificas como pseudoterapia, ¿cuáles consideras que son los principales riesgos de recurrir a ella?

Sin duda, el principal riesgo es que la gente que está totalmente convencida de los efectos positivos para la salud de la homeopatía recurra a esta pseudoterapia en lugar de a la medicina convencional. Y, de hecho, escribo sobre varios casos de personas que han muerto por recurrir a homeopatía en vez de someterse a tratamientos de eficacia demostrada.

El principal riesgo de la homeopatía es que la gente que está totalmente convencida de sus efectos positivos para la salud recurra a esta pseudoterapia en lugar de a la medicina convencional

Al final, prácticamente la casi totalidad de los medicamentos homeopáticos son inocuos porque no tienen ningún efecto activo, ni bueno, ni malo, pero son un riesgo si la gente está desinformada sobre sus beneficios reales y se siguen aplicando para diversos problemas de salud que sí cuentan con tratamientos efectivos de la medicina convencional.

¿Por qué crees que en una época en la que tenemos un acceso ilimitado a la información, gracias en gran parte a Internet y a las redes sociales, siguen triunfando ciertas pseudoterapias?

Porque ahora mismo contamos con más información, pero también con mucha infoxicación; que tengamos muchos datos al alcance de la mano no significa que podamos estar realmente informados. De hecho, eso puede provocar mucha confusión. Y en determinados productos, ya sean complementos dietéticos, plantas medicinales, o incluso la homeopatía, si buscamos en internet encontramos absolutamente de todo, páginas que hablan muy bien de sus efectos positivos para la salud, y otras que dicen justo lo contrario, y hay gente que si no tiene una mínima formación puede quedar muy confundida y no saber realmente con qué información se queda y cómo guiarse.

El origen de los medicamentos está en las plantas medicinales, pero tú en el libro también adviertes sobre su uso. ¿Por qué debemos tener cuidado con ellas?

Debemos tener en cuenta que, aunque las plantas medicinales tengan un origen natural, esto no implica que sean inocuas. Si tienen principios activos sobre el cuerpo humano, van a tener también potenciales efectos adversos, al igual que ocurre con los medicamentos convencionales. Por eso, tenemos que ser muy cuidadosos y consultar al médico o al farmacéutico antes de recurrir a algún medicamento o complemento con plantas medicinales, porque pueden existir importantes contraindicaciones, por ejemplo, en embarazadas, en ancianos, en niños, en personas que sufran ciertas enfermedades, como una alteración del hígado…

Además, hay plantas medicinales que tienen importantes interacciones con medicamentos y pueden poner en peligro la salud. Al igual que los medicamentos, las plantas medicinales tienen sus riesgos, y el hecho de que consideremos que una planta es medicinal no implica automáticamente que tenga eficacia demostrada. Hay preparados tradicionales de plantas medicinales que no han tenido que pasar por ensayos clínicos ni han demostrado su eficacia, y que se pueden comercializar como medicamentos simplemente porque la legislación dice que si se han utilizado durante 30 años por alguna indicación terapéutica –o al menos 15 años en la Unión Europea– se aprueba su uso tradicional para una determinada indicación, aunque ningún ensayo clínico lo haya comprobado.

Hay un popurrí de plantas medicinales que hay que distinguir, porque el nivel de evidencia científica con el que cuenta cada una es muy diferente

Dentro del conjunto de plantas medicinales hay algunas en forma de complemento dietético que no pueden alegar ningún beneficio terapéutico por ley; después están los medicamentos tradicionales a base de plantas que tampoco tienen por qué haber demostrado nada en ensayos clínicos; y, finalmente, hay medicamentos que incluyen plantas y se han sometido a ensayos clínicos, y que se utilizan en la práctica clínica y son los equivalentes a otros muchos medicamentos que encontramos en la medicina convencional. Hay un popurrí de plantas medicinales que hay que distinguir, porque el nivel de evidencia científica con el que cuenta cada una es muy diferente.

Si un producto funciona por su efecto placebo y no provoca efectos secundarios, ¿no se podría considerar beneficioso?

Es que entonces, potencialmente, todo puede tener efecto placebo, y no me refiero solo a una pastilla de azúcar, sino que podría ser, por ejemplo, un masaje, o incluso cirugías placebo, cuando se han simulado cirugías en pacientes y estos han mejorado. Realmente, el efecto placebo es el hecho de pensar que algo puede resultarte beneficioso, y entonces muchas cosas pueden ser placebo en sí mismas.

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