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Bebés y niños
Fiebre infantil, cómo actuar
La fiebre es uno de los síntomas que más preocupan a los padres, sin embargo, deben comprender que es un aliado frente a las infecciones. Aprende cómo actuar si aparece y recuerda: vigila al niño, no al termómetro.
Escrito por Ramón Ugarte, Pediatra del Centro de Salud Olaguibel, Vitoria-Gasteiz

Qué es la fiebre

La temperatura de nuestro cuerpo es una función perfectamente controlada y exquisitamente regulada por el centro termorregulador situado en el cerebro (hipotálamo), que actúa como un termostato indicándonos cuál es la temperatura más adecuada para nuestro organismo en cada situación.

Llamamos fiebre al aumento de la temperatura corporal. Se considera temperatura normal hasta 37.2ºC medida en axila. Desde un punto de vista formal se habla de fiebre cuando la temperatura axilar es superior a 38ºC.

¿Por qué tenemos fiebre?

Con todo, la pregunta más importante a realizar es ¿para qué tenemos fiebre? La fiebre es una respuesta universal ante las infecciones. No es exclusiva del hombre, sino que está ampliamente extendida en el reino animal cuando hay una infección. Incluso animales que no son capaces de generar calor, como ocurre en reptiles, cuando están infectados se sobreexponen al sol para aumentar su temperatura y así fabricarse fiebre.

¿Alguien puede pensar que la fiebre es un error de la naturaleza que se ha ido manteniendo durante miles de años de evolución y que constituye un peligro en sí misma? La respuesta es obvia. La fiebre, en el transcurso de un proceso infeccioso, es un mecanismo de adaptación que sirve para luchar contra la infección, ya sea esta producida por virus o por bacterias.

Hoy en día sabemos que cuando un germen penetra en nuestro organismo hay una respuesta del centro termorregulador (el termostato que controla nuestra temperatura) que nos exige aumentar la temperatura corporal, incluso superando los 40ºC -pero siempre de manera controlada-, por dos procedimientos, uno de ellos es la contracción de los músculos (que es lo que conocemos como tiritona), y el otro es la evitación de pérdida de calor a través de la piel.

Al aumentar la temperatura del cuerpo se producen una serie de respuestas en positivo en la lucha contra las infecciones: aumento de la producción de anticuerpos (defensas), aumento de interferón y otras proteínas antiinfecciosas, mejora el desplazamiento de los glóbulos blancos al lugar de la infección, y limita a las bacterias la utilización de minerales (hierro y zinc) que son necesarios para el metabolismo y funcionamiento de estas. En definitiva, como se decía hace siglos, la fiebre es un aliado que acude al campo de batalla para luchar contra el enemigo: las infecciones. ¿Quién en su sano juicio ahuyenta a sus aliados?

Actualizado: 25 de Abril de 2017

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Escrito por:

Ramón Ugarte

Pediatra del Centro de Salud Olaguibel, Vitoria-Gasteiz
Ramón Ugarte

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Salud en cifras

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se ha multiplicado en 40 años el número de niños y adolescentes obesos en el mundo
'Fuente: 'Imperial College London y la Organización Mundial de la Salud (OMS)''

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