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Han de valorarse, a las 48-72 horas del inicio del tratamiento, los signos de evolución favorable que presente el paciente con neumonía: la ausencia de fiebre elevada y la estabilización de los síntomas y signos clínicos.

Ante el empeoramiento es preciso derivar a la unidad hospitalaria a los pacientes tratados de manera ambulatoria, y reevaluar el tratamiento de aquellos que ya estén ingresados.

Es necesario realizar una nueva comprobación clínica a los pacientes ambulatorios tras finalizar el tratamiento pautado.

La resolución radiológica, es decir, la desaparición de la lesión pulmonar en la radiografía, es más tardía que el cese de la sintomatología; no es imprescindible la constatación de su desaparición salvo en casos de persistencia de síntomas, y puede permanecer la imagen hasta pasadas seis semanas.

Ha de considerarse, además, que en determinados pacientes la evolución puede ser aún más lenta; es el caso de los ancianos, aquellos con enfermedades cardiovasculares crónicas, en pacientes con afectación multilobar (varias porciones del pulmón), o ante cuadros de infección generalizada.

En aquellos casos en los que no se observe la resolución completa de la lesión en la radiografía de control, se deberá realizar un segundo control al mes del primero o profundizar en el estudio mediante TAC torácico o broncoscopia.

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