The Lancet: la tercera dosis no es necesaria para la población general

Una investigación realizada por expertos de la OMS y de la FDA publicada en The Lancet ha concluido que la población general no requiere de una tercera dosis de la vacuna COVID-19, tras estudiar la evidencia científica disponible.
Escrito por: Natalia Castejón

14/09/2021

3º dosis innecesaria en la población

La vacunación contra el COVID-19 es una de las prioridades de los países para luchar contra la pandemia, y en algunos de ellos se ha alcanzado un amplio porcentaje de la población con la pauta vacunal completa, como España que ya cuenta con más del 70%. Sin embargo, otras regiones, sobre todo de África y América Latina avanzan a un ritmo muy lento y andan escasos de dosis. En este contexto mundial, y con la dispersión de diversas variantes del SARS-CoV-2 (delta, Mu…) más resistentes a las vacunas, en las últimas semanas se ha puesto sobre la mesa el debate de la necesidad de inocular una tercera dosis en aquellos que han recibido dos dosis de vacunas ARNm (Pfizer y Moderna) para ampliar la protección frente a posibles contagios. algo que parece no ser necesario para la población general.

Una investigación realizada entre otros por científicos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA), ha analizado detenidamente toda la evidencia científica de ensayos controlados aleatorios y estudios observacionales existentes al respecto y ha concluido que esa tercera dosis de vacuna frente al COVID-19 no sería necesaria para la población general.

Según han dado a conocer en la prestigiosa publicación científica The Lancet, las vacunas son tan eficaces contra el COVID-19 grave, incluso en el caso de la variante Delta, que con los datos actuales no sería necesaria una dosis de refuerzo en la población general, o al menos no por el momento. Sí que respaldan este tercer pinchazo para personas inmunodeprimidas graves –ya aprobado en España–, cuyo sistema inmune es más vulnerable a infecciones como el COVID-19.

Los científicos advierten de que vacunar contra el COVID-19 a aquellos que no tienen ninguna dosis salvará más vidas que administrar una tercera inyección a los ya inmunizados

Tal y como explican en la investigación, la vacunación tiene una eficacia del 95% contra el COVID-19 grave y más de un 80% en la protección contra cualquier infección por la variante Delta y Alfa. No obstante, es menos efectiva en los casos leves y asintomáticos, pero aún así son las personas no vacunadas la principal causa de transmisión del coronavirus.

Objetivo: evitar que el virus mute y cree más variantes

“Tomados en su conjunto, los estudios actualmente disponibles no proporcionan evidencia creíble de una disminución sustancial de la protección contra enfermedades graves, que es el objetivo principal de la vacunación”, explica Ana-Maria Henao-Restrepo autora principal y miembro de la OMS.

La misma experta ha añadido que compensa más vacunar a aquellas personas que no tienen ninguna dosis que poner una tercera a los ya inmunizados, pues con la administración de este fármaco a niveles globales, especialmente en zonas en desarrollo, se podría evitar la evolución del virus hacia otras variantes, que podrían poner en jaque la protección de las actuales vacunas.

Aunque los niveles de anticuerpos puedan disminuir con el tiempo esto no significa que se esté expuesto, pues también las respuestas de la memoria e inmunidad mediada por células protegen

Además, los expertos aclaran que aunque los niveles de anticuerpos de personas vacunadas pudiesen reducirse con el tiempo, esto no quiere decir que la eficacia se haya minimizado, pues esta protección no solo se debe a las respuestas de los anticuerpos, sino también a las respuestas de la memoria e inmunidad mediada por células, cuya vida es más larga.

Por otro lado, estos expertos esgrimen que, “aunque los beneficios de la vacunación primaria COVID-19 superan claramente los riesgos, podría haber riesgos si los refuerzos se introducen de manera generalizada demasiado pronto o con demasiada frecuencia, especialmente con vacunas que pueden tener efectos secundarios inmunomediados (como la miocarditis, que es más común después de la segunda dosis de algunas vacunas de ARNm, o el síndrome de Guillain-Barré, que se ha asociado con vacunas COVID-19 vectorizadas por adenovirus)”. Por todo ello, advierten que “si un refuerzo innecesario causa reacciones adversas significativas, podría haber implicaciones para la aceptación de la vacuna COVID-19. Por lo tanto, solo se debe emprender un impulso generalizado si hay pruebas claras de que es apropiado”.

Concluyen que “las vacunas que están disponibles actualmente son seguras, efectivas y salvan vidas. Aunque la idea de reducir aún más el número de casos de COVID-19 mejorando la inmunidad en las personas vacunadas es atractiva, cualquier decisión al respecto debe basarse en pruebas y considerar los beneficios y riesgos para las personas y la sociedad. Estas decisiones de gran importancia deben basarse en pruebas sólidas y debates científicos internacionales”, explica Soumya Swaminathan, científico jefe de la OMS.

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