Descubren cómo la serotonina frena la adicción a la cocaína

La serotonina ayuda a evitar la adicción a la cocaína, al actuar como un freno de la conducta compulsiva que hace que el individuo siga consumiendo la droga, lo que explica por qué solo el 20% de los usuarios se vuelve adicto.
Escrito por: Eva Salabert

09/09/2021

Serotonina frena la adicción a cocaína

La cocaína provoca adicción en alrededor del 20% de las personas que la consumen, lo que significa que, a pesar de sus graves efectos sobre la salud del consumidor habitual, solo uno de cada cinco pierde el control y se vuelve adicto a esta droga. Pero ¿qué sucede en el cerebro de los que sufren esta pérdida de control? Un método experimental desarrollado por científicos de la Universidad de Ginebra (UNIGE), en Suiza, ha revelado un mecanismo cerebral específico para la cocaína que tiene la particularidad de desencadenar un incremento masivo de la serotonina, además del aumento de dopamina común a todas las drogas. De hecho, la serotonina funciona como un freno intrínseco de la sobreexcitación del sistema de recompensa provocada por la dopamina, el neurotransmisor que causa adicción.

Se estima que el 20% de los usuarios de cocaína y el 30% de los que consumen opiáceos son adictos

La adicción consiste en la búsqueda compulsiva de una sustancia a pesar de las consecuencias negativas que conlleva su consumo, mientras que la dependencia puede definirse como la presencia de síndrome de abstinencia –cuyos efectos físicos varían mucho según la sustancia– cuando el consumo se suspende de golpe. Por lo tanto, puede afectar a cualquiera, mientras que la adicción afecta únicamente a una minoría de los usuarios, incluso tras una exposición prolongada a la sustancia. Por ejemplo, se estima que el 20% de los usuarios de cocaína y el 30% de los que consumen opiáceos son adictos.

La investigación se ha publicado en Science y ha sido liderada por Christian Lüscher, profesor en el Departamento de Neurociencias Básicas de la Facultad de Medicina de la UNIGE, que ha afirmado que este mismo principio se aplica a todos los productos potencialmente adictivos. “En Suiza, por ejemplo, casi todos los adultos consumen alcohol de vez en cuando, que es un potente estimulante del sistema de recompensa. Sin embargo, solo una pequeña proporción de nosotros se volverá alcohólico”, añade.

La falta de serotonina triplica el riesgo de adicción a la cocaína

Para analizar cómo aparecía la adicción a la cocaína en el cerebro, el equipo de científicos desarrolló diversos experimentos. “La mayoría del tiempo los experimentos científicos intentan reproducir mecanismos sistemáticos. Aquí la dificultad radicaba en observar un fenómeno aleatorio que se produce solo una de cada cinco veces”, ha explicado Yue Li, investigador en el laboratorio de Christian Lüscher y primer autor del estudio.

En primer lugar, los investigadores enseñaron a un numeroso grupo de ratones a autoadministrarse cocaína voluntariamente, y después incluyeron una restricción: cada vez que se autoadministraban la droga recibían un estímulo desagradable (una ligera descarga eléctrica o chorro de aire). Surgieron así dos grupos diferenciados: el 80% de los ratones abandonó el consumo, mientras que el 20% continuó con el mismo a pesar de las molestias. “Este comportamiento compulsivo es precisamente lo que define la adicción, que afecta al 20% de los individuos, tanto en ratones como en humanos”, recalca Vincent Pascoli, científico colaborado del grupo de Ginebra y coautor del trabajo.

“La cocaína tiene una especie de freno natural que es efectivo cuatro de cada cinco veces”

El experimento se repitió en ratones en los que la cocaína ya no estaba relacionada con el transportador de serotonina, de forma que cuando se consumía la sustancia solo aumentaba la dopamina. En este caso el 60% de los roedores desarrollaron una adicción. Y lo mismo se encontró en otros animales con un protocolo de estimulación del sistema de recompensa que no estaba influido por la serotonina. “Si se administraba serotonina al último grupo la tasa de adicción caía al 20%”, explica Lüscher, que añade: “La cocaína, por lo tanto, tiene una especie de freno natural que es efectivo cuatro de cada cinco veces”.

Desequilibrio entre dopamina y serotonina

Cuando se consume cocaína actúan dos fuerzas en el cerebro: la dopamina, cuyo aumento repentino conduce a la compulsión; y la serotonina, que actúa como un freno de dicha compulsión. La adicción, por tanto, aparece cuando se produce un desequilibrio entre estos dos neuroreguladores y la dopamina supera a la serotonina. En realidad, la dopamina desencadena un fenómeno de plasticidad sináptica mediante el fortalecimiento de las conexiones entre sinapsis en el córtex y en el estriado dorsal. Esta intensa estimulación del sistema de recompensa desencadena la compulsión. La serotonina tiene el efecto opuesto inhibiendo el refuerzo inducido por la dopamina para mantener al sistema de recompensa bajo control”, explica Christian Lüscher.

La adicción aparece cuando se produce un desequilibrio entre estos dos neuroreguladores y la dopamina supera a la serotonina

Respecto a otras drogas que generan adicción, además del incremento de dopamina, cada sustancia tiene sus propias características y efectos en el cerebro. Si el efecto adictivo de la cocaína se reduce de forma natural por la serotonina, ¿ocurriría lo mismo con otras drogas? Los neurocientíficos de UNIGE tienen la intención de examinar ahora los opioides –que son más adictivos que la cocaína– y la ketamina, que lo es mucho menos. El objetivo es comprender de forma detallada cómo reacciona el cerebro a estas drogas y por qué algunas personas son mucho más vulnerables que otras a sus efectos nocivos.

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