Hallan una vía para la detección precoz del cáncer hepatocelular

Identifican el papel de una proteína específica en el desarrollo de enfermedades hepáticas relacionadas con la obesidad, que puede allanar el camino para la detección temprana del cáncer de hígado y a posibles nuevas terapias.

19/02/2020

Persona con obesidad y problemas de hígado

El carcinoma hepatocelular, un cáncer de hígado muy común relacionado con la presencia de grasa en el hígado, es una de las principales causas de muerte por cáncer en todo el mundo. Con la tendencia social cada vez más extendida a llevar un estilo de vida sedentario y una dieta con un alto contenido en azúcares y grasas, el número de personas en riesgo de padecerlo está en aumento. Los científicos de la Universidad de Ginebra (UNIGE) han descubierto una proteína involucrada en la progresión de un hígado graso hacia el cáncer. Esta proteína, S100A11, no solo podría permitir la detección temprana del riesgo de desarrollar cáncer de hígado, sino también abrir el camino a nuevas terapias dirigidas. Estos resultados, publicados en la revista Gut, destacan los estrechos vínculos entre nuestra dieta y el desarrollo del cáncer.

El carcinoma hepatocelular es el cáncer de hígado más común. Puede ocurrir en el contexto de una inflamación crónica del hígado causada por la acumulación excesiva de grasa. La obesidad es, por lo tanto, un factor de riesgo importante para el desarrollo de este cáncer. La dificultad para detectarlo y la falta de tratamiento dirigido contribuyen a la gravedad de esta enfermedad, que causa la muerte de más de 700,000 personas por año en todo el mundo. Además, con una proporción cada vez mayor de la población con sobrepeso u obesidad, es probable que la extensión de este cáncer aumente alarmantemente en las próximas décadas.

Cuando la grasa desencadena enfermedad del hígado

Entre los órganos más grandes de nuestro cuerpo, el hígado realiza funciones esenciales y participa en el almacenamiento de azúcares y grasas de los alimentos. Si la dieta es demasiado calórica, las células hepáticas acumulan el exceso de energía en forma de grasa, una condición patológica llamada enfermedad del hígado graso. La inflamación y la acumulación de tejido fibroso pueden desarrollarse e incluso provocar cirrosis o cáncer. Estas disfunciones, inicialmente asintomáticas, a menudo pasan desapercibidas o se consideran benignas. “Ya sabemos que un hígado graso puede inflamarse y progresar en cáncer, pero se sabe muy poco acerca de los mecanismos moleculares responsables de estas patologías”, explica Michelangelo Foti, profesor y director del Departamento de Fisiología y Metabolismo Celular de la Facultad de UNIGE. Medicina, quien supervisó este trabajo.

La presencia de la proteína S100A11 en la sangre aumenta la posibilidad de una detección temprana del cáncer hepático mediante un simple muestreo de sangre

El objetivo de los investigadores de UNIGE era detectar cambios en la expresión de proteínas específicas que podrían promover el desarrollo del cáncer. “Hasta la fecha, los estudios se han centrado principalmente en las mutaciones genéticas asociadas con el cáncer de hígado, pero esto no ha dado lugar a tratamientos efectivos”, agrega Foti. “Es por eso que hemos estado buscando otras alteraciones que podrían explicar la progresión de un hígado graso hacia un estado inflamatorio y cáncer”. Resulta que toda una red de proteínas se desregula, en ausencia de alteraciones genéticas, creando así un ambiente propicio para el desarrollo del cáncer. Entre esta red, la proteína S100A11 llamó especialmente la atención de los científicos. “Primero descubrimos que S100A11 promueve la inflamación y la acumulación de tejido fibroso en el hígado”, explica Cyril Sobolewski, investigador del Departamento de Fisiología y Metabolismo Celular y primer autor de este trabajo. “Pruebas adicionales mostraron que cuanto más se expresaba S100A11, mayor era la gravedad del cáncer”.

Esta proteína podría ser un objetivo terapéutico

Los síntomas discretos de la inflamación del hígado y el cáncer juegan un papel importante en su peligrosidad, pero la presencia de S100A11 en la sangre aumenta la posibilidad de una detección temprana mediante un simple muestreo de sangre. “Cuanto antes se trate al paciente, mayores serán las posibilidades de supervivencia”, destaca Michelangelo Foti. “Además, S100A11 puede ser un objetivo terapéutico prometedor”, añade Sobolewski. El siguiente paso sería generar anticuerpos específicos capaces de neutralizar la proteína y prevenir su efecto cancerígeno. Este tipo de enfoque, llamado inmunoterapia, ya ha mostrado resultados prometedores en la lucha contra varios tipos de cáncer.

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