23 de mayo de 2012

Durante el embarazo, el feto crece en el interior del útero. Este órgano no es más que un músculo en forma de bolsa con una abertura estrecha hacia la vagina (el cuello del útero) y que, como todo músculo, es capaz de acortar sus fibras al contraerse.
El útero está formado por células musculares lisas, es decir, células musculares que se contraen de forma involuntaria, sin que la mujer pueda controlar cuándo se contraen o se relajan. Estas células tienen receptores específicos para hormonas, que aumentan o disminuyen durante el embarazo, influyendo así en la contracción uterina:
Durante el embarazo, los niveles de estas hormonas aumentan o disminuyen en el organismo de la mujer. De forma general, podemos decir que los niveles de progesterona disminuyen paulatinamente, facilitando así las contracciones uterinas, y además al mismo tiempo los niveles de estrógenos aumentan, haciendo que el útero se encuentre todavía más predispuesto a generar contracciones. Sin estos dos cambios no sería posible que comenzaran las contracciones uterinas eficaces para el parto, pero lo que verdaderamente desencadena este tipo de contracciones es la presencia de prostaglandinas y oxitocina.
Las prostaglandinas se producen en las membranas de la placenta que envuelven al feto cuando sufren algún estrés. Por ejemplo, cuando se rompen las membranas o hay una pequeña infección bacteriana, hechos que se creen muy relacionados con la causa inicial del parto. Estas prostaglandinas son muy importantes para que comiencen las primeras contracciones eficaces del parto que empujan al feto pelvis abajo, hacia el cuello del útero. A ese nivel de la pelvis se encuentra el ganglio de Lee-Frankenhäuser, un ganglio nervioso que, cuando el feto desciende, se comprime y manda señales nerviosas a la pituitaria del cerebro, donde se forma y se libera oxitocina; esto se conoce como reflejo de Ferguson. Esta hormona es esencial para mantener durante todo el parto las contracciones que han comenzado en el útero.
ESPECIAL
“La ICSI, una variante de la fecundación in Vitro, asegura la fertilización en un 70-75% de los casos"
24% de las parejas que no tuvieron un hijo con ayuda de la fecundación in vitro, lo consiguieron solas años después
El estudio revela que también hubo un 17% de embarazos ‘espontáneos’ entre aquellos que ya habían conseguido descendencia con la FIV.
Fuente: ‘Fertility and Sterility'