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Mascotas
Collar isabelino para perros y gatos
El collar isabelino o pantalla se emplea para evitar que el perro o gato se autolesione accidentalmente tras una cura, operación o tratamiento. Descubre cuándo es necesario, cómo utilizarlo, y qué alternativas existen.
Escrito por Diana Oliver, Periodista especializada en mascotas, maternidad e infancia y vida sana

Cómo usar el collar isabelino para evitar molestias al perro o gato

En veterinaria, el collar isabelino se utiliza desde hace muchos años; y aunque es cierto que con el tiempo ha ido evolucionando en forma y en materiales, la mayoría están fabricados en plástico ya que, como señala la veterinaria Ana Martínez Montes, “son los que mejor se adaptan a los tipos de cuellos y el tamaño de la cabeza de las mascotas, además de ser los más económicos”.

En los últimos tiempos, los collares han ido mejorando y muchos modelos tienen los bordes recubiertos de nylon o algún material similar, con el objetivo de evitar tanto que se rompan, como que nos arañen las piernas cuando el animal está junto a nosotros.

Existen diversos tamaños, pero, además, la mayoría de los collares son también ajustables a las dimensiones del cuello de la mascota, ya sea un perro o un gato. En función del tipo de collar, se ajustará con un sistema diferente: de velcro, con un cordel o venda de sujeción, o con una lengüeta de plástico, son los más habituales. El precio de un collar isabelino va desde los tres euros para los más económicos y sencillos, hasta incluso los 15 o 20 euros para aquellos de mayor calidad y mejores acabados. Pueden comprarse en muchos centros veterinarios y tiendas de productos para animales, tanto online como físicas.

En cuanto a su uso, es importante que el collar isabelino esté limpio para evitar que el animal esté incómodo o pueda sufrir una infección. Si es difícil hacerlo mientras el perro o el gato lleva el collar puesto, podemos quitarlo, limpiarlo, y volverlo a colocar. Siempre con cuidado de que la mascota no se dañe mientras no lo lleva puesto. También es importante comprobar, al menos una vez al día, que el collar no esté causando irritación o abrasiones en su cuello. En ese caso, debemos consultar al veterinario para que nos indique la mejor solución al problema.

María Pifarré, veterinaria experta en mascotas, miembro del Consejo de Colegios Veterinarios de Cataluña, explica a WebConsultas que debemos asegurarnos siempre de que tras ponerlo podemos colocar dos dedos cómodamente entre el collar y el cuello del gato o del perro; “esto asegurará que el collar no restrinja la capacidad de respirar o tragar del animal, al tiempo que evita que se salga”. También debemos observar, según la experta, “la formación de nudos alrededor de la venda de sujeción o del collar, algo común si el perro o gato tiene el pelo largo; que el collar no se quede enganchado en ningún sitio; buscar un lugar tranquilo y sin ruidos en casa para que nuestro amigo descanse y se pueda sentir más seguro (para dormir podemos colocarle un cojín que le ayude a nivelar la cabeza); y, sobre todo, elegir correctamente el tamaño del collar, ya que si elegimos uno demasiado pequeño no podrá cumplir su función y tendremos la herida expuesta al lamido constante o al rascado”.

En cuanto a los posibles riesgos, los collares isabelinos en principio no suponen ningún peligro para el animal. Sí hay que tener en cuenta que este tipo de accesorios a menudo restringen el campo de visión, por lo que debemos evitar que haya muebles u objetos al paso del animal con el fin de impedir que se conviertan en peligros potenciales.

Ana Martínez Montes, además de insistir en que “siempre hay que asegurarse de que ponemos el tamaño adecuado y que está bien colocado, porque esto sí puede ocasionar problemas en el animal”, añade que algunos cuidadores “se lo quitan porque les da pena” y, de este modo, el perro o el gato no llega a adaptarse a tener un objeto extraño en su cuerpo, por lo que durante todo el tratamiento está incómodo con él, repercutiendo en su calidad de vida. Por su parte, la veterinaria Sandra Llorens, opina que, en realidad, “la mayoría de riesgos aparecen cuando se les ha prescrito y no lo llevan”, por lo que insta a los propietarios al uso del collar cuando así ha sido recomendado por un profesional. 

Actualizado: 3 de Noviembre de 2017

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Escrito por:

Diana Oliver

Periodista especializada en mascotas, maternidad e infancia y vida sana
Diana Oliver

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