La dexametasona, que reduce la mortalidad por COVID-19, podría agotarse

La demanda de dexametasona ha aumentado mucho desde que demostró que puede reducir la mortalidad en los pacientes graves de COVID-19, por lo que la OMS pide que se aumente su producción para garantizar el suministro.
Escrito por: Eva Salabert

23/06/2020

La dexametasona, que reduce la mortalidad por COVID-19, podría acabarse

El fármaco dexametasona, que ha demostrado su eficacia para reducir hasta un tercio el riesgo de muerte en los pacientes con una forma grave de COVID-19 ingresados en el hospital y que requieren ventilación asistida, y hasta un quinto en los que precisan oxígeno, podría agotar sus existencias debido al incremento que ha experimentado su demanda tras conocerse los buenos resultados obtenidos en el ensayo clínico Recovery, en el que participaron más de 11.500 pacientes con infección por coronavirus ingresados en más de 175 hospitales del Reino Unido.

Por ello, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha pedido que los países en los que hay un gran número de enfermos en situación crítica tengan prioridad y se les garanticen los suministros del medicamento. En rueda de prensa, Ghebreyesus ha afirmado que el reto ahora es aumentar la producción de dexametasona y distribuirla de forma rápida y equitativa en todo el mundo, especialmente en las zonas donde más se necesita.

La OMS pide que los fabricantes de dexametasona garanticen su calidad para evitar que otros productos de inferior calidad o falsificados lleguen al mercado

Dexametasona, un medicamento esencial para tratar el COVID-19

El pasado 20 de junio la dexametasona fue incluida en el Boletín Oficial del Estado (BOE) en la lista de los medicamentos que el Ministerio de Sanidad considera esenciales para tratar el COVID-19. Una de sus grandes ventajas es que es accesible y económico y en todo el mundo existen numerosos fabricantes que podrían acelerar su producción, tal como espera el director de la OMS, que confía en que los países sean solidarios y trabajen unidos para garantizar no solo que se dé prioridad a las regiones que más lo necesiten, sino que también haya suministros suficientes para el tratamiento de otras enfermedades en las que se usa.

De hecho, Ghebreyesus ha pedido que se lleve a cabo un monitoreo constante “clave para garantizar que las necesidades dicten los suministros, en lugar de los medios”, y que se verifique que los proveedores del producto puedan garantizar la calidad del mismo para evitar que otros productos de inferior calidad o falsificados lleguen al mercado. El dirigente de la OMS también ha recordado que “no hay evidencia de que este medicamento funcione para pacientes con enfermedad leve” ni para prevenir la infección por SARS-CoV-2, y que en estos casos podría resultar perjudicial.

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