23 de mayo de 2012

Fue un misterio que duró siglos: mujeres que daban a luz un primer hijo sano, pero que luego, en sus siguientes embarazos, sufrían abortos espontáneos, partos de fetos muertos o bebés con anemia, ictericia u otros problemas graves de salud. Hubo que esperar a 1940 para conocer el origen del problema, año en que se detectó la existencia de un nuevo antígeno (proteína) en la membrana de los glóbulos rojos de la mayoría de la población. Este antígeno se denominó Rh, ya que las primeras investigaciones se llevaron a cabo con un simio del tipo Macaccus rhesus.
Si el antígeno se encuentra en nuestra sangre, seremos Rh positivo, y si no lo tenemos seremos Rh negativo. Ser Rh negativo no conlleva ningún problema de salud, pero puede convertirse en uno si eres mujer, estás embarazada o estás planeando un embarazo con un hombre que es Rh positivo, ya que el bebé puede sufrir un proceso que, si se detecta durante el embarazo, recibe el nombre de eritroblastosis fetal, y que, si se diagnostica a un recién nacido, se denomina enfermedad hemolítica.
Esta enfermedad, de aparición habitual en el segundo hijo, acarrea problemas de leves a muy graves, aunque hoy en día es fácilmente detectable y, sobre todo, prevenible.
ESPECIAL
“La ICSI, una variante de la fecundación in Vitro, asegura la fertilización en un 70-75% de los casos"
24% de las parejas que no tuvieron un hijo con ayuda de la fecundación in vitro, lo consiguieron solas años después
El estudio revela que también hubo un 17% de embarazos ‘espontáneos’ entre aquellos que ya habían conseguido descendencia con la FIV.
Fuente: ‘Fertility and Sterility'